Posgrado, Gestión del conocimiento y desarrollo social: Nuevas Oportunidades. Esta conferencia se basa en “La gestión del conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en La Nueva Universidad: una aproximación conceptual” con L. F. Montalvo e I. Pérez Ones, en La Nueva Universidad Cubana y su contribución a la Universalización del conocimiento; Hernández, D y Benítez, F (Comps.), Editorial Félix Varela, La Habana, 2006.

Jorge Núñez Jover

                                                                                       Universidad de La Habana

[email protected]

VIII Junta Consultiva sobre el Posgrado en Iberoamerica

14 de Febrero de 2006

 

Introducción

 

 

 Mi presentación  intenta asumir dos tipos de preocupaciones

 

1) Consecuencias de la universalización de la Educación Superior para la teoría y la práctica del posgrado, al menos en nuestro país.

 

El objetivo de la universalización debe ser vinculado a lo que autores como Arocena y Sutz denominan las “Divisorias del aprendizaje”, (Línea divisoria que concierne a las oportunidades de aprender y oportunidades de aplicar conocimientos) concebidas como uno de los grandes problemas de los países subdesarrollados.

 

2) El posgrado en nuestros países tiene viejas y nuevas demandas sociales y académicas insatisfechas. Sobre esto las Juntas Iberoamericanas de posgrado han debatido mucho. Mi presentación se asume como una continuación de los enfoques, teorizaciones, acentos que retan a las visiones más tradicionales y que frecuentemente se apoyan en la transferencia acrítica de modelos, cuestión perceptible en cualquiera de nuestros países.

 

En oportunidades anteriores hemos insistido en que la práctica y la teoría de posgrado coloquen la sociedad en el centro de su agenda. Una manera de hacer esto, es colocando la pertinencia social  en el centro de las teorizaciones y las políticas de posgrado. Para nosotros la cuestión de partida sigue siendo  ¿Posgrado para qué? ¿Posgrado para quién?

 

Voy a repasar entonces algunas ideas sobre la pertinencia social del posgrado, para luego considerar el problema de la universalización de la educación superior que tiene lugar en Cuba y sus consecuencias para repensar nuestro posgrado.

 

 

 

 

 

 

Desarrollo Social, Sociedad del Aprendizaje, Apropiación Social del Conocimiento.

 

Colocar la sociedad en el centro de las políticas de posgrado significa para Cuba, como para muchos otros países, tratar de conectar el posgrado a los esfuerzos por el desarrollo social. El desarrollo social, en las circunstancias contemporáneas, es fuertemente dependiente del conocimiento. De ahí que podamos hablar de la necesidad de avanzar hacia el  “desarrollo social sostenible basado en el conocimiento”. Para decirlo brevemente, a nuestro juicio el posgrado debe, en lo esencial, tributar al Desarrollo Social sostenible basado en el conocimiento. Para ello, la sociedad debe comportarse como una “sociedad del aprendizaje”.

Coincidiendo con otras caracterizaciones del desarrollo social, la que nosotros adoptamos aquí es aquella que subraya:

·        El crecimiento de la producción, de la economía, enfatizando que la dinámica tecnoproductiva y económica debe basarse cada vez más en el conocimiento y la innovación.

·        Equidad

·        Justicia social

·        Sostenibilidad

·        Las personas, los seres humanos, la mejoría de su calidad de vida, como principal objetivo de las transformaciones.

·        Las personas como actores centrales del desarrollo del desarrollo. Como señala Amirta Sen: las personas no como pacientes, sino como agentes.

·        Todos los conocimientos pueden ser útiles para el desarrollo.

 

Visto así el desarrollo social está íntimamente vinculado al proceso de Apropiación Social del Conocimiento, proceso en el cual la educación, incluida la de posgrado, influye notablemente.

 

Entiendo por Apropiación Social del Conocimiento:

 

Proceso mediante el cual la gente, el pueblo:

 

1.      Participa de actividades de producción, transferencia, adaptación, aplicación de conocimientos.

2.      Accede a los beneficios del conocimiento.

 

 

Desde luego que la Apropiación Social del Conocimiento puede y debe tener impactos económicos y productivos. Pero también la educación y el conocimiento, pueden ser fuente de autoestima en las personas, pueden contribuir al desarrollo

 

 

de la personalidad y la felicidad de los seres humanos. Pueden ser recursos esenciales para promover la auténtica democracia y niveles muy superiores de integración y participación social. La educación y el conocimiento pueden ser

 

 

 

fuentes de cultura, justicia, equidad y solidaridad. Puede servir para mejorar la salud, cuidar el medio ambiente, mejorar los servicios culturales, aumentar de la producción de alimentos, cuidar el medio ambiente, etc.

 

En otros términos, los beneficios de la Apropiación Social del Conocimiento no sólo son  tecnoproductivos y económicos sino que atienden al desarrollo social visto integralmente. Todo ello hace importante y confiere sentido a la educación de posgrado.

 

El posgrado se concibe así como parte del esfuerzo por el desarrollo social sostenible basado en el conocimiento.

 

La sociedad que se encamine por los derroteros del desarrollo social sostenible basado en el conocimiento debe actuar como una “Sociedad del aprendizaje”, donde la educación de todos, no de algunos, se conciba como educación continua o educación para toda la vida.

 

Sociedad del aprendizaje es aquella que ofrece oportunidades para aprender y para poner en práctica lo aprendido en la solución de problemas a una gran parte de la población y si es posible, a todos.

 

 

Pertinencia Social

 

La pertinencia social del posgrado[1] debe ser construida desde:

 

1.      La definición de su agenda y prioridades. Insistencia en la solución de problemas sociales.

2.      Ampliar posibilidades de acceso, permanencia y egreso.

3.      La ampliación de sus escenarios de actuación: “espacios de aprendizaje” más allá de los espacios universitarios tradicionales.

4.      Criterios de evaluación.

5.      Modelos pedagógicos (aprendizaje colaborativo, autogestión del aprendizaje, educación a distancia….)

 

 

Estos y otros aspectos deben ser tomados en cuenta para la renovación de las políticas de posgrado, fuertemente articuladas al desarrollo social.

 

 

 

 

 

 

 

 

Resumiendo: la pertinencia social debe ser considerada como una categoría central de la teoría y la práctica del posgrado, si de articular el posgrado al desarrollo social sostenible se trata.

 

El grueso del posgrado en Cuba como la ciencia, la investigación científica, de un modo u otro, explícita o implícitamente, han asumido la idea de la pertinencia y el

objetivo del desarrollo como referentes de sus políticas. Así lo expresa el Reglamento de Posgrado de la República de Cuba.

 

El modelo de posgrado e investigación que intentó construir la universidad cubana desde los tiempos de la Reforma Universitaria de 1962, puede denominarse como un “modelo interactivo” muy atento a las necesidades sociales.

 

Si se revisan nuestros programas de posgrado y sus impactos, ese modelo interactivo, diferente al modelo lineal, ofertista, es visible.

 

Lo que es sustancialmente nuevo y cuya influencia sobre nuestra teoría y práctica del posgrado tiene que ser grande es el proceso de universalización de la educación superior que tiene lugar hoy en Cuba y con él, la “idea-fuerza” de “Nueva Universidad”

 

La Nueva Universidad: Las SUM como actores

 

Como parte de un conjunto de transformaciones mayores, en Cuba ha surgido lo que se ha dado en llamar Nueva Universidad”. Seguramente necesitado de mayores precisiones, este concepto alude a la etapa actual de la universalización de la educación superior cubana, expresada, entre otras cosas, en la creación de Sedes Universitarias Municipales (SUM), la localización de espacios de formación superior en los más diversos escenarios (hospitales, bateyes, prisiones, entre otros) y la posibilidad del acceso pleno a los estudios universitarios de todos los jóvenes, con notables implicaciones para los propósitos de justicia y equidad social que caracterizan nuestro proyecto social.

 

El concepto de “Nueva Universidad” debe considerarse una idea en proceso de construcción. En primer lugar porque al formar parte de las transformaciones revolucionarias en curso, sistemáticamente incorpora nuevas dimensiones. Sería prematuro atribuirle el carácter de paradigma constituido. Nos parece más bien una “idea fuerza” que acompaña las profundas transformaciones que están teniendo lugar en el sistema de educación superior. En segundo lugar porque aún dentro de los límites que hoy le atribuimos a la “Nueva Universidad”, quedan muchos aspectos por comprender y proyectar suficientemente, entre ellos la gestión del conocimiento en el contexto territorial.

 

Dentro del concepto de “Nueva Universidad”, una pregunta de partida sería cuáles son las funciones que pueden y deben desempeñar las SUM. Esta pregunta ya ha sido respondida desde el Ministerio de Educación Superior como organización: las SUM deben cumplir las mismas funciones esenciales atribuidas al modelo de

 

 

universidad que durante décadas se ha venido construyendo y que incorpora de modo importante la función de investigación científica y la formación de postgrado, junto a la extensión y más recientemente la formación de cuadros.

 

 En otras palabras, las SUM no deben ser solo un escenario para cursar carreras en el nivel de licenciatura o semejante, sino que su capacidad para producir,

difundir y aplicar conocimientos, debe extenderse a las restantes funciones mencionadas. Es obvio que esta concepción, llamémosle amplia, de las funciones de las SUM, plantea numerosos problemas conceptuales y prácticos, dadas las condiciones aún precarias en el orden material e incluso humano en que muchas de ellas realizan hoy su labor.

 

Opinamos, sin embargo, que esa concepción amplia es la única verdaderamente consecuente con el propósito mayor de universalizar la educación superior dentro de un concepto de calidad equivalente en todas las instituciones del sistema, incluidas las SUM. Así, por ejemplo, sin la dimensión de investigación, la formación resultaría limitada; sin educación de postgrado se perdería el carácter continuo de la educación, entre otras limitaciones que truncarían el concepto mismo de Universidad y su función social. Para que la Nueva Universidad pueda participar activamente en el proceso de desarrollo social, deberá hacerlo desplegando todas sus actividades habitualmente concebidas: la formación profesional, la investigación, el postgrado, la extensión.

 

La idea fuerza encarnada en la noción de “Nueva Universidad” está fuertemente asociada a la posibilidad de generar sólidos nexos entre las instituciones de educación superior y los territorios a los cuales ellas hoy alcanzan en mayor medida.

 

La nueva etapa de la universalización dota a los territorios de instituciones universitarias antes inexistentes. Surge así la “universidad del territorio” que aglutina una parte significativa de las personas más calificadas en cada región. Esas personas tienen conocimientos, tienen contactos con personas e instituciones que poseen conocimientos, tecnologías y conocen o pueden investigar y conocer los problemas de los territorios donde actúan.

 

 Adelantando un poco diremos que las personas y las instituciones, a través de redes formales e informales pueden tejer redes y propiciar flujos de conocimientos (Casas, 2003) que sirvan para atender los diversos problemas sociales, culturales, económicos de los territorios.

 

Dicho en breve, la “Nueva Universidad”, ofrece oportunidades inéditas de poner los conocimientos al servicio de la solución de los problemas territoriales, creando un nuevo actor colectivo del conocimiento, promotor del aprendizaje, potencialmente volcado a la innovación, capaz de favorecer la creación de competencias para la asimilación/creación de tecnologías y saberes de significación social, siempre en vínculo con los restantes actores del territorio (políticos, administrativos, educativos).

 

 

Las SUM como escenarios clave de la  “Nueva Universidad”

Las SUM, convertidas en escenarios clave de la “Nueva Universidad”, constituyen un eje local aglutinador de capital humano e innovativo del territorio, enlazado de diversos modos con agentes regionales, provinciales y nacionales que pueden construir redes que canalicen los conocimientos, las tecnologías, que permitan atender las necesidades sociales de los territorios.

 

Las SUM constituyen la innovación institucional que abre nuevas posibilidades de contar con instituciones dinamizadoras de la gestión del conocimiento, la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i) en los territorios

 

Esto es posible por la situación relativamente favorable que Cuba ocupa en cuanto a las “divisorias del aprendizaje”. Por ejemplo:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMPOSICIÓN DEL CLAUSTRO SUM - UH

 

SUM

Total Prof.

Titulares

Auxiliares

Asistentes

Instructores

MsC

Dtres

Boyeros

154

19

4

26

105

6

13

Marianao

116

19

12

31

54

24

3

10de Octubre

211

40

38

43

90

28

20

La Lisa

121

10

16

40

55

32

6

H.Vieja

151

26

18

25

82

24

18

Ctro Habana

135

22

9

24

80

37

7

Playa

343

53

37

78

175

65

22

Plaza

278

36

42

78

122

35

23

Regla

49

6

4

6

33

9

2

Guanabacoa

105

9

11

20

65

23

3

San Miguel P.

122

13

15

28

66

12

7

Habana del E.

174

22

21

35

96

6

11

A. Naranjo

177

18

37

37

85

30

7

Cotorro

100

6

9

21

64

5

1

Cerro

131

16

10

35

70

28

4

TOTAL

2367

315

283

527

1242

364

147

 

 

De modo que, en resumen, tenemos una nueva institucionalidad de la educación superior que puede asumir en mayor medida la problemática territorial y la función que se atribuye a la universidad en el territorio es plural, no reductible a la formación profesional dentro de ciertos perfiles. Las SUM pueden ser decisivas en el proceso de apropiación social del conocimiento.

 

Ya mencioné antes que el modelo de relación Universidad-Sociedad en Cuba, ha sido básicamente interactivo.

 

Las SUM están  transformando las relaciones de las instituciones productoras de conocimiento con los ambientes locales. Para comprender el modelo dentro del cual ellos trabajan, es posible apelar al concepto de “modelo contexto-céntrico” (Souza et.al,2001)[2]

 

Con esta denominación se quiere subrayar que el contexto debe ser la clave en la construcción y orientación social del conocimiento. Pero se quiere decir algo más. La teoría del “modo2”, el modelo de Triple Hélice, como otras que han surgido en países desarrollados, tienen un fuerte acento económico, con énfasis claramente

 

 

empresarial. Sin embargo, el contexto no son sólo las empresas y lo que se puede esperar del conocimiento, no son exclusivamente beneficios económicos. Esos beneficios, además deben alcanzar a las grandes mayorías. Por todo ello, la idea de modelo contexto-céntrico es afín al enfoque que aquí adoptamos.

 

Dentro del modelo de “Nueva Universidad”, las SUM parecen prefigurarse como un actor que, dentro de un conjunto de actividades epistémicas, incluida la investigación, privilegie la transferencia de tecnologías y saberes, los evalúe, adapte y utilice eficientemente en función del desarrollo social.

 

Para ello se necesita organizar y proyectar muy bien los procesos de aprendizaje y con ellos el posgrado. No está de más decir que esa actividad que se orienta a conectar conocimiento y necesidades sociales, es una labor altamente creativa que sólo pueden desarrollar personas con la debida formación como para actuar como agentes locales del conocimiento, del desarrollo científico y tecnológico. El desarrollo necesita mucho de ese tipo de actores.

 

La misión epistémica preferente de las SUM, operando dentro de un modelo contexto céntrico, residirá más bien en actuar como agentes locales, dinamizadores, capaces de identificar problemas y colaborar en la gestión del conocimiento que facilitará su solución.

 

El conocimiento necesario para el desarrollo sostenible

 

La dimensión local es muy relevante para las estrategias de desarrollo social y tiene una muy alta significación para los procesos de construcción del conocimiento. A lo primero parece oponerse una visión excesivamente centralista que subestima las estrategias locales, con sus singularidades, privilegiando políticas verticales y homogéneas. A la idea de la relevancia del contexto en la definición de las prácticas epistémicas parece oponerse la más tradicional idea de la universalidad de la ciencia.

 

En realidad la idea de la relevancia del contexto, apunta en una dirección diferente: subraya que la producción, transferencia, difusión y aplicación de los conocimientos, las tecnologías, tiene siempre lugar en contextos particulares, con sus singularidades económicas, culturales, valorativas, y que esos contextos deben modelar sus prioridades y desarrollo.

 

Las SUM pueden realizar una sensible contribución a incentivar la proyección local del conocimiento y la innovación, ampliando su capacidad de fomentar el bienestar humano en los territorios.

 

Allí, al nivel del territorio, a través del aprovechamiento de los recursos propios y externos, debe producirse un encuentro mucho más íntimo entre estrategias de conocimiento, prioridades del desarrollo y bienestar humano resultante. Esta es, por cierto, una buena manera de avanzar efectivamente hacia un desarrollo social sostenible basado en el conocimiento. La sociedad se comporta así como una sociedad inteligente que busca solución a sus problemas a través del conocimiento socialmente distribuido.

 

Observemos que preferimos hablar de conocimiento y no de ciencia, investigación-desarrollo u otros términos. Seguramente las SUM pueden y deben hacer investigación con alguna pretensión de originalidad. Ellas pueden servir para identificar y buscar respuestas a problemas regionales y también relativos a la propia gestión de las SUM. Hay muchos problemas cotidianos cuya solución se puede beneficiar de las investigaciones, cuanto más orientadas a fines prácticos, mejor.

 

Pero las acciones a realizar no se refieren exclusivamente a esto. La gestión del conocimiento consiste en gran medida en colaborar en la identificación de problemas locales que requieran del conocimiento para su solución y contribuir a identificar las organizaciones o personas que pueden aportarlo para luego construir los nexos, las redes y los flujos de conocimiento que permitan la asimilación, evaluación, procesamiento y uso de esos conocimientos. Las SUM deben actuar como agentes relevantes en la construcción social del conocimiento y el establecimiento de las conexiones que permitan los flujos de conocimiento.

 

La producción de conocimiento en el nivel local plantea retos de gran interés.

 

El primero es de naturaleza epistemológica. Con frecuencia los problemas a abordar son de carácter complejo y reclaman un abordaje multi o interdisciplinario. Problemas de alimentación, vivienda, salud, violencia familiar u otros en el nivel local, requieren la integración de varias disciplinas en la búsqueda de respuestas. En muchos casos las soluciones están en una combinación inteligente de los conocimientos existentes.

 

El segundo reto consiste en que el conocimiento que se requiere es un conocimiento integrado a la práctica; su búsqueda se genera para solucionar un problema práctico y va al encuentro de él. Buena parte del conocimiento necesario para resolver ese problema, existe y se trata más bien de transferirlo; al hacerlo, la singularidad de las circunstancias locales exigirá buenas dosis de creatividad. Sin embargo, parece claro que el aprendizaje por parte de los actores locales aparece en primer plano dentro de la actividad cognoscitiva que la práctica local reclama. Una pieza clave de esa estrategia lo constituirá el programa de educación continua de los profesionales del territorio.

 

Aquí tenemos un tercer desafío a destacar: el nexo entre innovación y aprendizaje. Esta consideración parece acrecentar el papel de las SUM en la estrategia de gestión del conocimiento y la innovación de los territorios.

 

La complejidad epistemológica asociada a lo que hemos llamado modo de producción “contexto-céntrico” de conocimiento la ha resumido Agustín Lage (2005) a través de la caracterización de lo que él llama “conocimiento relevante”, el cual tendría los siguientes rasgos: a) Colectivo (incorporado a las organizaciones); b) Combinatorio (fuentes y disciplinas diversas); c) Concreto (vinculado a las aplicaciones); d) Local; e) Tácito (frecuentemente no estructurado).

 

En efecto, esta síntesis ilumina bastante bien el tipo de conocimiento que deberán gestionar las SUM para atender los problemas del territorio.

 

También ayuda a comprender esta  problemática epistemológica la tipología de Lundvall (2000a). Los conocimientos útiles para el desarrollo han sido resumidos por él a través de unas pocas palabras: know what, (alude al manejo de información), know how (saber cómo, más bien de carácter tecnológico, a veces tácito), know why (se refiere al conocimiento científico, codificado, frecuentemente sistemático y el know who.

 

 Este último es decisivo para la función que las SUM deben desarrollar. Se trata del conocimiento que los individuos y las instituciones acumulan acerca de las personas que poseen conocimientos que pueden ser útiles en un momento dado, para la solución de un determinado problema. No solo es importante tener conocimientos científicos, técnicos para resolver con la propia capacidad un problema dado, es preciso “saber quién sabe” y acudir a esa fuente. Esa capacidad es esencial para el desarrollo.

 

A la interesante idea de Lundvall, sobre los tipos de conocimiento útiles para el desarrollo, habría que incorporarle un aspecto: no solo es importante el “saber cómo” que denominamos tecnológico, asociándolo a alguna base científica; convendría también aceptar el valor del conocimiento cotidiano, de la etnociencia, apoyado en tradiciones culturales que con frecuencia no son reconocidos en el campo científico, aunque no tienen por qué ser considerados anticientíficos. Las SUM pueden jugar un papel importante en la recuperación de esos saberes que son parte de la cultura.

 

 

Redes, actores y sistemas regionales de innovación

 

Todos los modelos contemporáneos de relación Universidad-Sociedad o Ciencia-Sociedad, insisten en la necesidad de trabajar en redes; la clave esta en las “redes de actores”.

 

 Las SUM, como se dijo más arriba, requieren, para cumplir su misión, actuar dentro de redes. Es importante referirnos a los componentes de esas redes. Los actores involucrados son diversos: universidades, centros de investigación, administración local, empresarios, actores políticos, organizaciones profesionales y sociales, movimientos sociales del tipo del Forum, representantes locales de los ministerios, entre otros. Cada uno de esos actores tiene diferente función dentro de la red, pero todos son importantes. A las palabras clave “actor (“actor colectivo”, podría decirse) y “red”, hay que sumar con mucho destaque la de “interacciones”.

 

 

Lo esencial no está en que tengamos diferentes actores sino en la calidad e intensidad de sus interacciones. Las redes locales (conectadas a las regionales, nacionales e internacionales) constituyen sistemas de interacciones estructuradas que involucran actores relevantes para la producción y utilización del conocimiento. Si la actividad de nuestras SUM, de sus cuadros y profesores, pudiera realizar una contribución efectiva a la construcción de esas redes y a su funcionamiento de cara a las necesidades sociales, el aporte de las SUM sería extraordinario.

 

El énfasis en las redes, las interacciones, los actores, la innovación, como expresión fundamental de la calidad de esas interacciones es recogido en la llamada Teoría de los Sistemas Nacionales de Innovación (Lundvall, 2000b), teoría que en sus formulaciones más recientes ha adoptado una perspectiva más flexible respecto a los niveles en los cuales operan los sistemas de innovación, lo que permite hablar de sistemas regionales o locales de innovación.

 

Como elementos básicos de los sistemas de innovación la teoría reconoce dos: las organizaciones y las leyes y reglamentos que las relacionan. Esa perspectiva es muy útil para enfocar nuestras SUM, cuyo funcionamiento debe ser sistémico y su proyección, básicamente local. Sin embargo, esta teoría, como la de Triple Hélice (Etzkowitz y Leydesdorff, 1997), tienen como característica su marcado énfasis en las empresas como agentes de innovación y en la dimensión económica de la innovación, lo cual es importante pero se muestra parcial respecto al enfoque que aquí sugerimos.

 

Cuando hablamos de conectar el conocimiento con las necesidades sociales, estamos entendiendo que se trata de las necesidades vinculadas al desarrollo social, integral, sostenible, que tiene en el escenario regional un locus fundamental.

 

 En otros términos, no se trata sólo del crecimiento económico y las actividades que tributen a él. Se refiere a todas aquellas necesidades cuya atención tienda a mejorar la calidad de vida del ciudadano o la ciudadana. Pueden ser necesidades educativas, de salud u otras.

 

 Es en esa perspectiva amplia de la función social del conocimiento en que debe apoyarse la gestión del conocimiento en las SUM.

 

Hay otros marcos conceptuales, generados en América Latina, que ayudan también a plantear con claridad la articulación del conocimiento, las redes, los actores, las interacciones en el nivel local. Me refiero a la teoría de los sistemas o arreglos productivos locales de Cassiolato y Lastres[3]. Este enfoque tiene como punto central el papel desempeñado por el aprendizaje.

 

Integración y capital social

 

En relación con la estrategia de gestión del conocimiento, hay que subrayar su carácter integrado. La integración de los actores, sus racionalidades y voluntades, aparece como condición de éxito en la gestión del conocimiento y la innovación al nivel local.

 

 Para ello existen hoy diversos mecanismos a los cuales se puede apelar, entre ellos la acción de los Consejos de Administración Municipales y el empleo de la tecnología de Dirección por Objetivos a ese nivel. Las teorías de la innovación

insisten en la comunicación y cooperación entre actores, sobre la base de valores compartidos, como factor de éxito.

 

Mecanismos y actores como el Forum de Ciencia y Técnica, la Delegación Municipal del CITMA y de otros ministerios, Consejo Técnico Asesor Municipal, las asociaciones, los centros de investigación del territorio, las empresas, cooperativas, instituciones de salud, entre otros, deberán integrarse para la gestión del conocimiento en el nivel local.

 

Es obvio que en ese conjunto, el papel del gobierno local es fundamental. Lo que mencionamos antes sobre los valores compartidos es fundamental. Además del capital humano, es preciso disponer también de “capital social” (Wagle, 2002).

 

 Además de la competencia y profesionalidad de los actores, el desarrollo reclama intercambio, cooperación, solidaridad, colectivismo, confianza interpersonal, conciencia ciudadana; dimensiones éticas del desarrollo que pueden ser resumidas en el concepto de capital social. Es importante subrayar la importancia del capital social para el trabajo en redes, las interacciones, la comunicación que la gestión del conocimiento reclama.

 

Podríamos generalizar diciendo, metafóricamente, que en relación al conocimiento, la localidad aparece como un “disolvente universal”: disuelve las distancias entre disciplinas, entre actores y también entre procesos que a veces se conciben como independientes: superación, aprendizaje, investigación, innovación. Para el MES como organización ese punto es muy importante porque plantea la necesidad de un trabajo muy integrado de sus diferentes áreas de actuación (postgrado, investigación, etc.).

 

Comentario final

 

La Nueva Universidad plantea oportunidades inéditas para la proyección de las universidades en los espacios locales. En este documento hemos argumentado que el desarrollo social sostenible en las regiones debe beneficiarse de la gestión del conocimiento que puede hacer las SUM, en alianza con las sedes centrales de las universidades, centros de investigación, empresas, gobiernos, organizaciones sociales, representaciones regionales de los ministerios, etc. a través de la construcción de redes que favorezcan los flujos de conocimiento que permitan atender las necesidades sociales. Sugerimos que las SUM, operando dentro de un modelo contexto-céntrico, pueden contribuir notablemente a la apropiación social del conocimiento y por esta vía al bienestar humano local. El aprendizaje, el posgrado, es esencial en este propósito.

 

En este documento hemos explorado los enfoques y lenguajes que parecen más pertinentes para este propósito. Importa comprender que este nuevo emprendimiento da continuidad y a la vez se diferencia del modelo interactivo de investigación y postgrado ya habitual en nuestras universidades.

 

La novedad asociada al proyecto de las SUM orientadas a la gestión del conocimiento, exige marcos teóricos renovados, capacitación de los actores involucrados y estudios de caso que permitan evaluar las experiencias que se vayan cosechando.

 

ESQUEMA

 

              Política Social                                             Política del Conocimiento

 

                                                             

 

                               Desarrollo Social basado en el Conocimiento

 

 


 

                                          Solución de problemas

 


                                                  -----------------Gestión del Conocimiento

 

                                        

                                         Aprendizaje - Innovación

 

                                                             

                     

   ¿Todo esto significa que el posgrado, tal y como lo hemos entendido habitualmente debe desaparecer?

 

No. Continuará un espacio para el posgrado académico relativamente apegado a modelos más tradicionales. Ello es necesario porque continuará siendo necesario fortalecer nuestra cultura académica y sus valores. Además, debe continuar el esfuerzo alrededor de posgrados más vinculados a la ciencia de frontera y la alta tecnología y que reclama, por ejemplo, la formación de doctores en el nivel más alto posible.

 

Pero Si deben transformarse las políticas del posgrado, sus concepciones, criterios de calidad, en busca de la pertinencia en general y en particular para atender el ”modelo contexto-céntrico” al que responden las SUM.

 

El posgrado, cada vez más, debe verse como un conjunto de estrategias de formación a lo largo de toda la vida; modalidades, que atienden una diversidad

de demandas y necesidades de conocimiento, cuyo propósito central es el desarrollo social sostenible basado en el conocimiento.

 

Uno de los objetivos de esta presentación ha sido explorar nuevos modelos de posgrado que van emergiendo y los vocabularios que les son propios. Muy esquemáticamente, veamos los vocabularios de tres posibles modelos.

 

 

Los vocabularios cambian:

 

 

PG Tradicional

PG “Universidad empresarial”

PG Emergente

Método

Investigación

Racionalidad

Verdad/Objetividad

Publicaciones (SCI)

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

 

Universidad-empresa

Capitalización del conocimiento

Triple hélice

Patentes

Ganancias

Compra de Tecnología

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

 

Desarrollo Social basado en el conocimiento.

Pertinencia Social

Modelo”Contexto-céntrico”

Redes

Flujos

Actores

Interacciones

Gestión del Conocimiento

Aprendizaje

Innovación (solución de problemas)

Arreglos productivos locales

.

.

.

.

 

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especial”, en: Revista Cubana de Educación Superior, Vol. XVII, No 3. Editada por CEPES, La Habana (pp 13- 16).

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[1] Aquí entendemos por posgrado tanto actividades deformación académica (por ejemplo maestrías y doctorados) como de superación profesional (cursos, entrenamientos, diplomados) que en otros países se denomina formación continua.

[2] Según el autor, “el principal atributo del modo emergente es la generación de conocimiento en el contexto de su aplicación e implicaciones, de lo que resultan sus otras características: esfuerzo transdisciplinario, inclusión de la participación de la diversidad de actores y organizaciones del contexto, conocimiento socialmente apropiado en el proceso de su generación, alto contenido ético derivado de su reflexividad y compromiso sociales y control social ampliado sobre la calidad del conocimiento generado y sobre la validez de sus impactos.” (Souza et.al. 2001)

 

 

[3] Para profundizar en este www.ie.ufrj.br/redesist

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