Las Misiones Jesuíticas
Historia y Organización social
La Compañía de Jesús
surge en tiempos de la Contrarreforma: creada por el impulso de Ignacio de Loyola,
su ideario era aparentemente ortodoxo: ganar almas para la Iglesia Católica,
debilitada por la Reforma protestante, por el creciente desprestigio del clero.
Sin embargo, ya tempranamente entran a las filas de la Compañía
personalidades cuyo fuste intelectual -trascendiendo las márgenes de
cualquier ortodoxia- dotó de cierto eclecticismo a los proyectos emprendidos.
Así se crearía un cerco de Instituciones pedagógicas que
convirtieron a esta "peculiar Sociedad" (como la llamaba Voltaire)
en el ala más prestigiosa del catolicismo.

Ignacio de Loyola, fundador
de la Compañía
Con la Societatis Iesu no sólo se relacionaron
artistas tan importantes como Bernini, Rubens y Guarneri, sino que decenas de
físicos y astrónomos fueron jesuitas (35 cráteres lunares
llevan el nombre de científicos de la Compañía).
Pero el rol que mayor resguardo trajo a la memoria de aquellos años fue
el de misionar en los confines más alejados del Orbe. De acuerdo a los
parámetros de nuestro tiempo, el móvil de esas misiones puede
resultar reñido con elementales conceptos de la antropología y
etnocultura: dicho móvil era la conversión de los bárbaros
y paganos a la Fe de Cristo. Años luego se advertiría que
detrás de esos fines ortodoxos afloraron caminos laterales celebrados
aún por sus más taxativos antagonistas.
Un jesuita internándose en la selva,
según estampa de mediados del Siglo
XIX.
Siguiendo la huella de Francisco Javier, los misioneros
de la Societatis Iesu ya en 1549 arribaron a tierra americana.
A fines del Siglo XVI, la experiencia en Juli -reducción a orillas del
Titicaca- les había permitido a los jesuitas observar tanto cuestiones
de orden metodológica (aislamiento de los centro de poder españoles)
como culturales (vigorización de las identidades amparadas per se
por las lenguas aborígenes) Juli debía convertirse en un Seminario
de Lenguas: trascendiendo esos fines, llegó a manifestarse como un activo
centro (allí trabajó y dedjó obra Bernardo Bitti; también
allí funcionó una imprenta)
Una vez creada la Provincia Jesuítica del Paraguay (1607) su primer Provincial,
Diego de Torres Bollo, tuvo un rol destacado, peticionando frente al funcionario
virreynal Alfaro: así se obtendrían leyes de protección,
un freno a las ambiciones de los encomenderos, esclavistas de facto.
Así se aplicarían en Paraquaria aspectos de organización
aprehendidos en Juli, legitimados por las Ordenanzas de Alfaro (1611): alejamiento
de los centros de poder hispano, catequesis enseñada paralelamente a
la adquisición de praxis artística, adopción de hábitos
urbanos.
Los jesuitas -exhaustivamente seleccionados por sus dotes intelectuales,
su dominio de diversos oficios y la templanza- llegaron a crearon modelos sociales
y religiosos alternativos a la encomienda y el asentamiento urbano colonial.

¿Cómo
se tendió el puente entre culturas tan distantes?
Varios fueron los factores; por un lado, los indios vieron en esos misioneros
actitudes diversas a las conocidas en los españoles. Esos hombres
blancos se internaban en la selva sin armas ni escoltas, no manifestaban
interés alguno por riquezas y venían acompañados de imágenes
y sonidos que cautivaron a los sensibles guaraníes: desde el principio,
la iconografía y
la música ejercieron una influencia notable.
La lengua guaraní (y ante todo la concepción que de dicha lengua
tenían- era rica para expresar matices y aprenhender conceptos de orden
metafísico: así estaba preparado el trreno para la conversión
y la adopción de lenguajes artísticos.
Todos los misioneros conocían la lengua, aunque ninguo la dominaba
como Roque González, que fundó 11 reducciones antes de ser martirizado.

Ya
en ese prólogo histórico se advertían indicios del sincretismo
que habría de getarse: las primeras iglesias fueron las propias og-guasu
(Casas de oración y ceremonia guaraníes) . Así el rito
cristiano tuvo lugar en los espacios sagrados prehispánicos. Parte
de la concepción guaraní de la tierra -su trabajo y usufructo-
y el teko ("modo de ser") incidió
en las reducciones. Para empezar, la implantación de la monogamia no
impidió que las tradicionales casas largas de los indios siguieran
constituyendo el modelo habitacional, esta vez compartimentadas para dar forma
al esquema familiar cristiano. El espíritu colectivo del trabajo y
la distribución de la riqueza se amalgamaron a una eficaz manera de
cultivar la tierra, que con el tiempo propendería a erradicar el hambre.
Los
misioneros eran hombres polifuncionales: podían
trabajar la madera y el metal, construir viviendas y templos, enseñar
diversos oficios a los indios....
Los talleres fueron eje primordial en esos modestos comienzos, comienzos en
los que fue necesario que las Estancias de los jesuitas sustentaran a las
misiones:
"Todo
en esta reducción, Iglesia y Baptisterio, se ha levantado mediante
los increíbles esfuerzos del Padre Roque González. Él
mismo en persona es carpintero, arquitecto y albañil....él hace
todo solo" (P.
F. Padre Valle)
Arcos de las galerías en las Casas de indios. Trinidad
La
organización del trabajo parcelaba las haciendas en dos grupos:
Tupá- mbaé (Hacienda de Dios) y abá-mbaé (Hacienda
particular).
La hacienda particular o abá- mbaé era cultivada a diario
por cada familia
(de manera análoga a la organización del Imperio Incaico): las
parejas al casarse obtenían una parcela para trabajar,
cuyo producto era para su sostén particular). La Tupá- mbaé
o
Hacienda de Dios era cultivada dos días a la semana, para
sostenimiento de las personadas impedidas de trabajar
(viudas, huérfanos, enfermos). Con el tiempo, al "domesticarse"
la yerba mate, fue posible comercializarla en vastas zonas del mundo "exterior".
Los dividendos generados por estas ventas se utilizaron en la compra de herramientas
y otros insumos que no se producían en las misiones.El trabajo en los
talleres era celosamente "custodiado" por los jesuitas, ya que éstos
consideraban que los guaraníes no estaban acostumbrados al método
en su trabajo. De hecho, su cultura material prehispánica se
reducía a la confección de cerámica y cestería
de gran simplicidad y diaria utilidad. La vinculación gnseosimbólica
(que analizamos luego) debió ser grande, en tanto ya en 1620 sabemos
que los talleres misionales producían -entre otros elementos de complejidad-
instrumentos musicales, retablos, imaginería.
"
"
.el sistema de las Misiones podría llamarse comunismo
en cuanto la labor era realizada colectivamente, y también en cuanto
la propiedad privada no existía como tal"
(Josefina Plá: Arte Hispano-Guaraní)

Trabajos en una misión
Acuarela de Florián Paucke
Mapa
de época con las 30 reducciones jesuíticas
Salvada la amenaza de los bandeirantes, se inicia desde mediados
del Siglo XVII una etapa de intenso crecimiento demográfico y cultural,
donde la única sombra estuvo constituida por las difamaciones del Obispo
Cárdenas, virtual vocero de los intereses del mercadeo colonial. Y
es que el coloniaje veía con malos ojos la dignificación del
indio; fue Cárdenas, desde sus sermones, quien perpetuó ciertos
mitos: la famosas "minas de oro secretas" de los jesuitas, o el
aislamiento misional, que según los enemigos del proyecto conduciría
a la esclavización de los indios, etc.
Para 1692, el arribo a las misiones de artistas y emprendedores
notables como Brasanelli -escultor, pintor y arquitecto- y el Padre Sepp,
significó una profunda renovación de los talleres y la urbanística
misional. A Brasanelli se debe la construcción de una decena de iglesias
en donde se combinó la piedra y la madera (templos de San Borja, S.
Ignacio Miní y Santa Ana, entre otros) a la vez que formó a
su lado a decenas de artífices en el estilo barroco.
En cuanto a Sepp, a él se debió una intensa actividad pedagógica
en el campo musical. Bajo su gestión, Yapeyú se convertiría
en activo centro de luthería y pedagogía musical. Con el tiempo,
las misiones se transformarán en el más notable "espacio
artesanal" de América.

Los
logros de las misiones serían innegables: al interesante aspecto organizativo,
a las conquistas artísticas, se suman hechos que poseen verdadero valor
metafórico. En la reducción de San Cosme y San Damián
(foto de la izquierda) funcionó el prmer
observatorio astronómico de América, dirigido por el jesuita
Buenaventura Suárez; junto a sus discípulos guaraníes,
contrsuyó entramente en las misiones un telescopio y otros artefactos.
Con estos medios realizó precisas observaciones reunidas en la obra
Lunario de un siglo, obra que mereció los elogios de Celsius.
Hacia
1730 las misiones se encontraban en su apogeo cultural y económico
(también en su plenitud demográfica, reuniendo 140.000 habitantes
en las 30 reducciones). El arte empezaba a reflejar una auténtica confluencia
etnocultural, como lo muestran los frisos de Trinidad.
Después del Tratado de Límites de 1750 -mediante el cual
España cedió a Portugal siete pueblos tras el Uriguay a cambio
de Colonia del Sacramento- el horizonte empezó a oscurecerse (más
allá de la vuelta atrás en el Tratado, acaecida luego
de sangrientas contiendas armadas. las guerras guaraníticas).
Tanto en Europa como en América los jesuitas enfrentaban una tempestad:
su ortodoxia papista -desde la propia constitución de la Orden- los
hacía objeto de los ataques anticlericales: ahora, en tiempos de la
Ilustración y el laicismo-regalismo, estos ataques recrudecieron. Personajes
como el Marqués de Pombal publicaron libros de extensa circulación,
subrayando los peligros de un Estado autónomo (así se
calificaba a las Misiones) para los intereses de la Corona y los modernos
estados laicos. Los acontecimientos se precipitaron y para 1767 es decretada
la expulsión, que en el Río de la Plata es concretada con puntual
eficacia en 1768. La actuación notarial encargada por el Virreinato
inventarió los bienes de cada puebl. Allí, en esos fantasmales
escritos, nos son revelados cuantiosos bienes: hoy subsiste una pequeña
porción de es
La
destrucción de los bandeirantes
A fines de 1620, cuando las misiones comenzaban a estabilizarse
económicamente y la lenta evangelización daba paso a los primeros
giros de sincretismo, una amenaza oscureció el horizonte. Desde San
Pablo, grupos armados de esclavistas empezaron a bajar a las misiones para
"cazar" indio; éstos eran llevados prisioneros para trabajar
en las minas de oro del norte. Estas bandeiras
paulistas
causaron enorme destrucción, echando por tierra la
esforzada obra de guaraníes y jesuitas: miles de indios fueron tomados
cautivos, a la vez que otros miles murieron. Recién a partir de 1640
las reducciones jesuíticas opusieron resistencia armada, que les
estaba prohibida. En 1641, la batalla de Mbororé
significó el casi fin de la amenaza bandeirante: miles de indios
bajo guía del Hermano Domingo de Torres derrotaron a los esclavistas
en una batalla que duró ocho días. Desde
entonces, se conformó una milicia en cada una de las reducciones:
el espíritu guerrero guaraní afloró en estas milicias,
cuyas armas de fuego eran
construidas en los talleres misionales.
e patrimonio. Los jesuitas fueron capturados y deportados.
El período post-jesuítico estuvo signado por una organización
dicotómica. La administración de las Misiones quedó en
manos de funcionarios de la Colonia; el gobierno espiritual estaría
desde entonces a cargo de sacerdotes de otras órdenes: así se
desnaturalizaba uno de los elementos esenciales de la existencia reduccional:
la unidad entre plano temporal y devocional, entre organización metodológioca
y ceremonial.
El período postjesuítico inicia la lenta decadencia de las misiones,
hasta que éstas se desvanecen en el tiempo.
El capítulo final lo escibirán años luego el dictador
Paraguayo Francia y el brigadier brasileño Chagas Santos, quienes arrasaron
con varios pueblos en el fatídico año de 1817.

Santa María la Mayor. Restos de la Residencia.