Dos
cartas de Víctor Manuel Caamaño Cano, de la RJCTE, aparecidas en el periódico Público, a propósito del Libro de Historia;
pagado, editado y promovido por el Ayuntamiento de Guadalajara
-- Sábado 24 de septiembre 2005 --
Magnífica nota la de Alicia
Calderón, "La historia de Guadalajara, según Emilio González", en su edición
de ayer
Algunas
preguntas: ¿no es grave el uso faccioso del erario, con el inconstitucional pilón de
desconocer el carácter laico de la educación?
¿O será más grave que en esta noble y leal ciudad casi
nadie diga nadie frente a eso?
La recomendación de que intervengan verdaderos
especialistas de la SEP en este lamentable incidente, ¿es lo menos que puede hacer la
Comisión de Educación del Congreso?
¿No era una de las grandes promesas del "gobierno
del cambio" erradicar la práctica de volver el patrimonio público, pista de
despegue privada?
Por ese camino, ¿vamos derechito a la obligación de que
los maestros comulguen antes de iniciar clase? ¿O que el padre Ripalda sea mentor
redivivo, en mancuerna con Carlos Cuauhtémoc Sánchez? ¿O que mitos y leyendas sean el
eje curricular? ¿O que en las universidades se sustituya la explicación científica por
el neocreacionismo ("diseño inteligente") y las facultades de medicina y
psicología le apuesten mejor al chamanismo y a la industrialización de la terapia?
¿Por qué el susto por los fundamentalismos y la
extrañeza ante el fanatismo islámico? Para citar sólo uno.
¿Se explica el despropósito por el efecto que produce la
contemplación de Narciso en el espejo del populismo recreactivo?
¿Ese es el tamaño real de nuestros gobernantes que
aspiran a seguir siéndolo?
-- Lunes 3 de octubre 2005 --
Eduardo Rosales Castellanos
(presidente del PAN en Jalisco) publica (ayer) sus opiniones acerca de las críticas
suscitadas por el libro financiado, producido y promovido por el alcalde de Guadalajara
Nos dice "que cualquier suceso es
interpretado y explicado desde la perspectiva del que lo cuenta". Cierto, en una
charla de amigos así es. En el terreno de la historia, las cosas son un poquitín
diferentes porque importa mucho lo que se cuenta y cómo se cuenta. Y justamente en el
qué y el cómo está la buena y la mala historia.
Acerca de la diversidad de versiones que pueda admitir la
historia, justamente quienes se atienen con rigor a su objeto y método de estudio son
quienes pasarán la prueba del ácido, es decir, sus aportaciones resistirán el paso del
tiempo. Ahí nuevamente la distinción entre la historia y sus remedos. Si el historiador
es verdaderamente solvente, poco importa si es o no aficionado a los ovnis, al buda zen,
al vegetarianismo o la psicología gestalt. Incluso, el admirable libro de León Portilla,
"La visión de los vencidos", nos disuade de la fórmula facilona de que la
historia la escriben los vencedores. Fórmula irresistible para quienes defienden el
estado de cosas.
Rosales nos obsequia, entre otras, la siguiente perla:
"huelen a viejo las ganas de negar los conflictos". Los conflictos se
originan cuando se quiere pasar por alto la disposición constitucional del carácter
laico de la educación, punto en el que resulta notable el silencio del, supongo,
profesional en leyes que lo afirma. ¿O es que ya llegamos al modernismo sin pasar por el
laicismo?
El escándalo, lo produce la manía patrimonialista de
disponer del erario para promover aspiraciones privadas.
No hay que mezclar las cosas para confundir, porque se
antoja un recurso predilecto de quienes no han puesto a tiempo su reloj. Por eso,
atención, no es un libro cualquiera, si lo fuera, pasaría sin pena ni gloria. El libro
es una irrefutable evidencia del patrimonialismo que prometieron sepultar quienes hoy lo
practican. Por eso, porque no es un libro cualquiera, admite el escrutinio público y la
discusión razonada, y eso no será escandaloso más que para quienes desean admitamos los
excesos del poder como si nada. |