| UN CRISTIANO TIENE QUE VOTAR NO, LA OTRA ES DE VAQUEROS, por J. Mart�n Gu�dez | ||||
| ������ Estamos a muy pocos d�as de tomar una decisi�n trascendental. Una decisi�n que posee la profundidad de las cosas m�s sencillas. Optar por la revoluci�n de los pobres, excluidos e ignorados o alinearse con los enemigos del pueblo y de Jes�s. Decirle NO a los enemigos de la vida y del reino de Dios o llamarlos a la restituci�n de la infamia con el SI. Aquellos que nos llamamos, -y pretendemos serlo- cristianos, no podemos dudar. La adhesi�n a Cristo no se expresa mediante la celebraci�n de actos cultuales. Estos son una parte, acaso formal, destinada a conformar y ofrecer ciertos elementos propios de la pr�ctica religiosa. La adhesi�n a Cristo se verifica en su seguimiento incondicional. Toma cuerpo en el acto de seguir los caminos que �l transit�, hacer las elecciones que �l hizo y, en fin, reproducir sus mismos actos. | ||||
| ������ En el sentido m�s amplio puede afirmarse que, en t�rminos de comprobaci�n, el cristiano debe ser amigo de sus amigos, andar con quienes El anduvo y enfrentarse a quienes le condujeron a la muerte, y una muerte de cruz. Cualquier otra cosa, cualquier otra elecci�n es un acto falaz y fraudulento de la esencia cristiana, esto, indiferentemente de que una parte gruesa de la jerarqu�a eclesi�stica (en el caso de los cat�licos) est� alineada, como lo ha estado por siglos, con la mentira y la muerte encarnada en los ricos explotadores y en el imperio avasallador.� | ||||
| ������ Jes�s fue de hecho un revolucionario y un inconformista con respecto a la situaci�n religiosa y la actitud de los sacerdotes y pont�fices. Jes�s luch� contra cualquier tipo de fuerza social que deshumanizara al hombre y la causara la muerte. En este sentido la lucha de Jes�s fue para que el hombre viva en justicia y abundancia. En esa lucha Jes�s fue descubriendo que las fuerzas de la muerte se justificaban a s� mismas desde posiciones religiosas. Por ello buena parte de su actividad se dirigi� a desenmascararlos. Esa actividad controversial de Jes�s le ocasiona numerosos ataques y persecuciones y, en �ltimo t�rmino, la muerte. Los agentes de la opresi�n contra quienes luch� le dan muerte, del mismo modo que hoy intentan dar muerte a su mensaje revolucionario encarnado en este proceso de cambios. | ||||
| ������ Compatriotas cristianos: Jes�s anuncia el Reino de Dios a los pobres, anuncia la vida a aquellos que menos la tienen. Que Dios sea Dios de vida tiene que pasar por una verificaci�n hist�rica, que no es otra que dar vida a los secularmente privados de ella, las mayor�as pobres y oprimidas. Quienes son los pobres y oprimidos se deduce del significado de pobres en Isa�as 61, 1-2� y 58,6. Pobres son todos aquellos que gimen doblegados bajo cualquier tipo de yugo y por ello la misi�n de Jes�s, -por tanto t� misi�n- es la de una liberraci�n total que incluya, y muy espec�ficamente, la liberaci�n de la miseria material. | ||||
| ������ La visi�n de Dios que tiene Jes�s le fuerza a predicar y actuar a favor de la vida y de su plenitud y para que esta pr�dica sea realista, Jes�s, como los profetas, se solidariza y fija en aquellos lugares donde m�s precaria, amenazada o inexistente es la vida humana. Jes�s constata que la ausencia de vida y su aniquilaci�n no es inocente, es fruto del pecado del ego�smo, de la explotaci�n y el robo, de all� sus reproches y anatemas. Jes�s es radical en su condena: "Ay, de vosotros los ricos" (Lc. 6, 24). Afirma una condena absoluta a la riqueza, en primer lugar por las consecuencias para el propio sujeto rico ("Ya hab�is recibido vuestro consuelo") (Lc 6, 20). Pero, sobre todo, condena la ra�z intr�nseca de la malicia de la riqueza, que es relacional: La riqueza es injusta. El papa Le�n XIII, en su Enc�clica RerumNovarum, a comienzo del siglo XX, dec�a: "La riqueza es injusta, no s�lo porque quien la posee la ha adquirido con malas artes, sino tambi�n, de un modo m�s general, porque en el origen de casi todas las riquezas hay alguna forma de robo". | ||||
| ������ Un cristiano pues, no puede hacer otra opci�n que la misma que hizo Jes�s. La opci�n por la vida, la igualdad, la justicia y la equidad. Un cristiano no tiene m�s opci�n que el NO. Jes�s as� lo ense�a. Jes�s estar� con nosotros y votar� NO. | ||||
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