LA VICTORIA ES NUESTRA, por J. Mart�n Gu�dez
������ Me he puesto a compartir esta reflexi�n con mis compatriotas a pocas horas de que el Consejo Nacional Electoral de a conocer su decisi�n sobre los reparos. Tengo la impresi�n de que el conjunto de poderosas acciones de presi�n, fraude y cabildeos terminar� por imponer la estrategia imperialista que pretende aplicar en Venezuela las mismas marruller�as adelantadas contra el proceso sandinista en la querida Nicaragua. El costo pol�tico de enfrentar el vocer�o condenatorio que los observadores internacionales (OEA y Centro Carter), desatar�an sobre el CNE podr�a resultar muy alto, especialmente, -como ha venido ocurriendo a lo largo de todo este proceso- cuando el sector revolucionario est� continuamente declarando que ?aceptar� cualquier resultado?, esta situaci�n est� m�s que evidenciada en el tratamiento dado a las firmas del sector revolucionario, las cuales fueron anuladas hasta en un 44% y las continuas concesiones a todas y cada una de las quejas y reclamos del sector oposicionista al que se le termin� por reconocer, -con derecho a reparos- un 90% de las firmas susceptibles de ser invalidadas.
������ Estando el juego tan cerrado no puede extra�ar a nadie que la elecci�n sea la que muchos tememos. A�n as�, absolutamente conscientes de que soluciones como esta, tomadas por razones pol�ticas m�s que por el necesario apego a la justicia y la verdad s�lo correr�n la arruga y en modo alguno evitar�n un enfrentamiento final con quienes tienen un solo prop�sito: Extirpar el ejemplo de dignidad, justicia, soberan�a y libertad bolivariano no dudando en activar cualquier medio para ello sin detenerse en la naturaleza inmoral de estos, yo proclamo, desde el sentimiento m�s profundo de mi naturaleza humana que la victoria es nuestra.
������ La victoria es nuestra porque aunque la poderosa receta aplicada en Nicaragua les permiti� alcanzar un triunfo sobre la experiencia sandinista, en la Venezuela bolivariana no tendr� buen suceso. No lo tendr� porque el factor fundamental: el pueblo venezolano no es el nicarag�ense, -con todo el respeto y consideraci�n por este sufrido pueblo- y no hago referencia a los factores constitutivos de su propia naturaleza, muy similar a la nuestra, sino al estado de madurez revolucionaria y conciencia c�vica que posee hoy el pueblo bolivariano.
������ Bastar� observar la naturaleza p�rrica del ?triunfo? oposicionista si acaso, despu�s de un largo a�o de guerra sucia alcanzan poco m�s del 20% del padr�n electoral para una causa que, se han cansado de pregonar estar�a respaldada por m�s de un 70% de la poblaci�n. �Qu� se hicieron, por ejemplo, los 700 mil ?firmantes? que no asistieron a reparar, c�mo explicar los m�s de 95 mil personas que acudieron a retirar sus firmas?. Sin duda alguna han colocado a sus seguidores, dada la reiteraci�n de fracasos y la ausencia de contenidos �ticos en las propuestas al estado previo a la dispersi�n total.
������ Les ha ocurrido esto porque los aprendices de brujo, aut�nticos eunucos intelectuales que les dirigen no han sido capaces de conducirles a otra meta que no sea: la nada. Es claro que en los �ltimos cinco a�os han estado empantanados en un solo discurso y una sola meta jam�s alcanzada. La ?dirigencia? de estos grupos es propietaria de una incapacidad intelectual tal, que les es casi imposible un cambio de tareas y objetivos. Lerdos, mediocres y engre�dos no poseen la capacidad m�nima necesaria para reconocer sus fallas, de modo que lo esperable es que insistan en ellas hasta su total hundimiento.
������ Ni los ?dirigentes? ni la masa a la que llegan poseen la capacidad para establecer lo que Lewin denomin� ?espacio hodol�gico?, es decir, una representaci�n clara de la estructura medios-fin de los objetivos que persiguen. Se enfrentan a una estructura cognitivamente inestructurada haciendo imposible que encuentren raz�n para lo que hacen y mucho menos saber, ante la ausencia de objetivos �ticamente asumidos, ?qu� conduce a qu�?, desprendi�ndose de ello que no tengan ni la voluntad ni el conocimiento para saber qu� direcci�n deben seguir para alcanzar sus objetivos.
������ Estamos, de este modo, frente a uno de los m�s estruendosos fracasos de las estructuras medi�ticas devenidas en partidos pol�ticos y estructuras organizativas sociales. Es clar�simo que,� lo m�s lejos a donde pueden ser conducidos por gente como: Enrique Mendoza, Antonio Ledezma o sus propagandistas Napole�n Bravo, Martha Colomina o Leopoldo Castillo es al esc�ndalo pero que, no hay ninguna tarea pol�tica que pueda ser estructurada en sus fines sobre el cimiento de tales desprop�sitos. Para que puedan ganarle la batalla a un pueblo que lucha por la prevalencia de sus conquistas m�s caras requerir�n, o de la fuerza aplastante de alg�n aliado poderoso y tan irracional como ellos o de la raz�n, y en este sentido es inevitable el recuerdo de Don Miguel de Unamuno cuando ante similar dilema, conminado a entregarse por el general Mill�n Astray, lo amonest� dici�ndole: ?vamos general, pero sepa que vencer�is pero no convencer�is, porque para vencer s�lo es necesaria la fuerza y esa os sobra, pero para convencer la raz�n y esa no la ten�is?.
������ El problema para la oposici�n golpista y ap�trida, seg�n mi percepci�n, es que ni siquiera posee un s�mil, as� sea devaluado, de Mill�n Astray y si les sobran los Tartufos. As� que la victoria s� es nuestra y lo es, porque poseemos el poder de las ideas y la fuerza de la raz�n en tanto que ellos s�lo poseen la sinraz�n de la fuerza. La victoria es nuestra si no perdemos de vista y acrisolamos nuestros valores espirituales de orden superior frente al revanchismo y la venganza como norte y gu�a. La victoria es nuestra si cada d�a convencemos con la luz de la verdad y la raz�n a cada compatriota para que se pase al ej�rcito de la patria, conscientes, -nosotros- de que es victima de un sistema que lo form� para la filosof�a del logro personal, que sufre de amnesia inducida y por eso no ama una patria que no conoce y es insensible ante el dolor humano porque fue formado sin respeto al misterio maravilloso de la otredad.
������ Nuestro enemigo principal no est� s�lo en el �mbito de la contrarrevoluci�n m�s ultramontana y recalcitrante sino que tambi�n est� junto y entre nosotros en las pr�cticas de la intolerancia, la soberbia, la arrogancia, la impertinencia, la jactancia, el descaro y la groser�a. La victoria de las ideas convierte al enemigo en aliado, la victoria de la fuerza s�lo nos procura peque�os soplos de armisticios que ser�n violentados tan pronto el vencido recupere fuerzas.� La victoria es nuestra si la batalla se da en el escenario donde somos fuertes e invencibles: El escenario de la raz�n, del humanismo y en fin, del amor. Es en ese escenario, el perdido por la intemperancia y el odio militante de la contrarrevoluci�n, donde triunfaremos inundando con millones y millones de compatriotas, los centros de votaci�n cuando se produzca, -si se produce- el decisivo referendo. All� ser� necesario cada venezolano y cada venezolana de buena voluntad y de esos, les aseguro, sobran en esta patria bolivariana y bonita, por eso: LA VICTORIA ES NUESTRA.
PD: Por cierto, ser� m�s que necesario el voto de todos los Guacar�n de esta tierra.
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