| SI YO FUERA INTELECTUAL, VOTAR�A ��NO!!,por J. Mart�n Gu�dez | |||||||||
| Un intelectual que no se plantee la lucha por la humanidad es un fraude. La humanidad ha alcanzado un paraje cr�tico que entra�a serios riesgos. Brota una nueva barbarie. No se trata s�lo de que una minor�a haya concentrado una proporci�n formidable de la riqueza, mientras masas arruinadas apenas pueden subsistir. El sistema hegem�nico opera como una maquinaria de exclusi�n social y no puede un intelectual prestarse a tal desprop�sito. Una cantidad cada vez mayor de seres humanos es declarada prescindible para el modelo en expansi�n que amenaza desde este Plan Consenso al pueblo latinoamericano. En el plan predomina la idea de que los organismos p�blicos deben desentenderse de la suerte de los excluidos por el capitalismo salvaje. Si le importa poco el destino de estos excluidos, le importa menos a�n sus valores y culturas, sus identidades y comunidades, a menos que sean reducidos al imperativo del mercado. Bajo esta concepci�n excluyente, comunidades humanas o modos de vida particulares est�n destinadas a la extinci�n. Junto con ellos se les garantiza el sufrimiento a millones de trabajadores que ser�n sobrexplotados, sometidos a la arbitrariedad de los capitalistas y a la constante p�rdida de derechos. El medio ambiente, la biodiversidad y los ecosistemas con los que ha convivido la humanidad a lo largo de milenios ser�n convertidos en objeto de comercio y de acumulaci�n, al servicio del inter�s privado. El agua y otros recursos fundamentales para la vida humana ser�n presa de esos mismos intereses. El consumismo y el despilfarro de los recursos son las normas promovidas por el capitalismo neoliberal en este Plan. El pa�s enfrenta peligros que atacan directamente su sustento social, cultural y ambiental de tomar vida semejante esperpento. Esta amenaza no proviene de fuerzas naturales, sino de poderes econ�micos y pol�ticos que niegan los m�s altos valores concebidos a lo largo de la historia y exaltan la avaricia y el ego�smo. |
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| Los centros de poder exaltados en este Plan, pretenden imponer su propio particularismo sociocultural a todos, bajo el supuesto de que �ste constituye la verdadera y �nica forma humana de vida plena. Contra esta tendencia, afirmamos que la diversidad del mundo es un valor en s� mismo y una riqueza de la humanidad. En los albores del siglo XXI, el imperialismo -en sus distintas expresiones, alianzas y contradicciones internas- se ha convertido en un mega poder de car�cter pol�tico militar en el cual, los estados nacionales deben renunciar al inter�s p�blico y all� est� el meollo de la cuesti�n y la esencia de este Plan. |
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| � El mesianismo ideol�gico que define al equipo pol�tico de la Casablanca, verdadero autor de este Plan Consenso, representa un peligro grave para la vida del pueblo venezolano e incluso para la paz mundial. El gobierno estadounidense ataca y ofende sin distinci�n a los pa�ses reacios a subordinarse a su pol�tica imperial y con su doctrina de "guerra preventiva" amenaza con llevar al mundo a interminables enfrentamientos militares. Este Plan es una variante de ?guerra preventiva?. Ahora el centro de su ataque est� en la Rep�blica Bolivariana de Venezuela. La pol�tica nacionalista y humanista adelantada por la Revoluci�n Bolivariana ha devenido en un referente de dignidad y justicia para muchos de los pueblos atropellados del continente, esto la convierte en un enemigo a destruir, un ejemplo a borrar. El Plan Consenso, elaborado por Washington cuenta con el apoyo de un grupo de venezolanos entregados a la org�a del ego�smo. No en vano destinaron largos a�os de educaci�n formal al atornillamiento de estos antivalores.� Frente a estas pol�ticas se alza en Venezuela un grueso grupo �de intelectuales solidarios y luchadores sociales que han roto con las maquinaciones de ?intelectuales? profesionales corruptos. All� est�n los expulsados del CEIT (Club de Excelsos Intelectuales Tarifados) por orden de los magnificentes� Cova, Caballero, Koesling o Quiroz Corradi. Por cierto, este club de lumbreras pretendidas, patrones de la cultura, est� integrado por una legi�n de escritores sin libros, poetas sin poemas, artistas sin arte y unos pocos, con libros, poemas y arte pero con much�simo odio, -como se�ala Roberto Malaver, un excluido del Teresa Carre�o-. � En la actualidad, las fuerzas imperiales act�an, bajo formas m�s afinadas, para alcanzar el control de las mentes y los corazones de las personas. Se pretende que el mundo de la globalizaci�n neoliberal es el �nico posible, sin alternativa viable, y que la �nica actitud ante la vida debe ser el conformismo y la resignaci�n. Supuestamente, el r�gimen neoliberal no es una construcci�n y una pr�ctica de grupos de intereses mundiales y nacionales, sino resultado natural del desarrollo de las cosas; de acuerdo con esta concepci�n, cualquier cambio de esa forma de organizar el pa�s agravar�a la situaci�n. Sostienen que existe un solo pensamiento econ�mico y una sola pol�tica que el gobierno debe aplicar. Una tendencia que marcha inexorable hacia su profundizaci�n es convertir tambi�n las universidades p�blicas en instrumentos del proyecto econ�mico, pol�tico y cultural neoliberal. Esta orientaci�n corresponde a la l�gica actual del proceso de acumulaci�n neoliberal que privatiza y elitiza la educaci�n y suprime paulatinamente las ramas human�sticas proclives al pensamiento cr�tico y la subversi�n. El imperialismo utiliza las creencias religiosas como discursos legitimadores de su expansi�n militar neocolonial, cooptando desde el poder a los jerarcas de las religiones mayoritarias, quit�ndoles connotaciones de protesta y compromiso social. Esa acci�n de perversidad ideol�gica debe ser expuesta en todas sus manifestaciones, en todo lo que tiene de destructivo e inhumano, y sometida a una rigurosa y en�rgica cr�tica. Aqu�, el papel de los intelectuales es m�s vital que nunca. Para ello, se requiere reforzar o recuperar, seg�n el caso, el papel cr�tico de todos los intelectuales en defensa de la humanidad. La batalla contra este sistema tiene que darse tambi�n en el orden intelectual, cultural y moral. El fruto del trabajo intelectual es el conocimiento, pero su verdadero car�cter es por fuerza cr�tico y desmitificador. El pensamiento social, las ciencias sociales en particular, hallan su pleno sentido cuando revelan los enga�os y los reales intereses que subyacen a determinadas ideolog�as, y no claudican en su compromiso con la verdad y con los intereses de la sociedad. No ignoramos que en los �ltimos lustros, bajo el influjo de las ideas neoliberales, algunos intelectuales olvidaron su capacidad cr�tica y, en ocasiones, inclusive se sumaron a los afanes del pensamiento �nico. M�s a�n, tenemos en nuestros pa�ses una supuesta izquierda que repite los mismos preceptos y pone en pr�ctica las mismas f�rmulas neoliberales. En la etapa presente, valoramos el trabajo intelectual que se funda en procedimientos rigurosos y, al mismo tiempo, es sensible a la injusticia del mundo que vivimos; que aprende de sectores en todas las regiones, naciones y continentes que se levantan contra el orden establecido. Nos referimos a los intelectuales que, formados en la academia o en el seno de los movimientos sociales, batallan en muchos frentes contra la guerra, contra una econom�a en que se monopolizan los beneficios y se extiende la explotaci�n y la exclusi�n, y que en cambio propugnan por la paz y los derechos humanos integrales (individuales, colectivos, civiles, pol�ticos, pero tambi�n sociales y culturales), defienden la autodeterminaci�n de los pueblos y el derecho a la autonom�a de los pueblos ind�genas en todo el mundo, la igualdad de todas las lenguas, y, en fin, se comprometen en favor de la igualdad econ�mica y de g�nero, postulando que la dignidad, la libertad y el respeto a la riqueza cultural de la humanidad han de prevalecer sobre el capital. |
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| Por eso, si yo fuera intelectual votar�a ��NO!! | |||||||||
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