| Mensaje a la Clase Media en su hora menguada | ||||||||||||
| J. Mart�n Guedez | ||||||||||||
| Desde que existe la propiedad privada y la organizaci�n social dividida en clases, personas pobres -entendiendo por ellas a las personas que se encuentran en situaci�n de minusval�a y que no tienen m�s capital que su fuerza de trabajo- las hemos tenido siempre, por lo qu�, confrontada con la afirmaci�n b�blica de que al principio no era as�, se puede colegir que, la situaci�n de pobreza y riqueza que separa a los hombres y condiciona gravemente la justicia al condenar a unos -los m�s- a no tener oportunidades y premiar a otros -los menos- a disponer de ellas a su antojo, es consecuencia del pecado y su art�fice es el Diablo. | ||||||||||||
| El pecado es, en su forma m�s simple, desobediencia a Dios. Es ir contra la voluntad de Dios, dando vida a la antigua oferta del Diablo: ;Haced lo que os mando y ser�is como dioses, para as� imponer la suya personal y egoista. La pobreza es pues, una consecuencia de la conducta humana y no la voluntad de Dios. Es cierto, que debido a las diferencias naturales entre los hombres siempre habr� unos m�s talentosos que otros, unos dotados de unas habilidades naturales para ciertas cosas definitivamente superiores a otros, pero eso no es �bice para justificar, y ni siquiera explicar, las espantosas diferencias que existen entre unos hombres y otros. Esas asimetr�as, insisto, no son consecuencia de esas diferencias naturales, sino de la p�rdida del valor m�s estrictamente humano, como es el amor y todos sus hermosos frutos: la solidaridad, la misericordia, el perd�n, la generosidad, el sacrificio, etc. | ||||||||||||
| La vida natural cotidiana referida a los meros lazos de la sangre as� nos lo ense�a. No existe una familia en la que se distribuya la comida, los cuidados b�sicos o el trato, en funci�n de odiosas diferencias f�sicas, intelectuales o formales de cualquier tipo entre unos miembros de la familia y otros. Al contrario, la caracter�stica m�s marcadamente humana, es la preferencia, -en cualquier familia- a brindar mayor cuidado y hasta mimo a los m�s d�biles o enfermos. | ||||||||||||
| En esos casos tan cotidianos la naturaleza funciona muy bien y con alt�simos valores �ticos. �Por qu� entonces no se tiene similar conducta cuando se trata del pr�jimo? La respuesta surge clara y desafiante: Porque no se les concibe como familia. Porque no son de los nuestros. Porque los reductos carcelarios de los mejores valores a que el pecado nos somete, no nos deja ver con claridad la dimensi�n fraterna de la humanidad. Para un cristiano esta reflexi�n es ineludible: �C�mo ver� Dios el espantoso espect�culo de indiferencia, soberbia y ego�smo que le ofrecemos cada d�a. Ha de ser muy doloroso, para su coraz�n de Padre de todos, -as� lo llamamos- la conducta de sus hijos. C�mo deben repugnarle nuestros cultos, oraciones y posturas tan re�idas en la pr�ctica con su voluntad y deseo: La justicia y el amor entre sus hijos. | ||||||||||||
| Calder�n de la Barca en el Gran Teatro del Mundo, plasma en algunos versos la situaci�n sicol�gica del pobre cuyo clamor llega hasta el Padre clamando por justicia. Al repartirle el Autor el papel de pobre, replica �ste: | ||||||||||||
| Por qu� tengo yo que hacer el pobre de esta comedia? �Para m� ha de ser tragedia y para los otros no? |
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| Es mi papel de aflicci�n, es la angustia, es la miseria, la tristeza, la laceria, la desdicha, la pasi�n, el dolor, la compasi�n, el suspirar, el gemir, el padecer, el sentir, importunar y rogar, el nunca tener que dar, el siempre haber de pedir [1] |
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| Hay que hacerle saber a este pobre, hoy y ahora, en esta Venezuela en la que vivimos, nos movemos y existimos,que el autor de la comedia no es Dios, sino �l mismo en cuanto hombre, y con �l, los autores somos todos los hombres. Es desaf�o insoslayable para el cristiano esta situaci�n de sordera y dureza de coraz�n. Otro autor, m�s contempor�neo, nos deja otras p�ginas de alarma que deben concienciar al hombre: | ||||||||||||
| Dices que quieres saber de m�. La verdad que no se como me encuentro. Mi vida es noches y soles. Zarandeando por ratos de optimismo y negruras lentas, pre�adas de soledad. Como las olas, en continuo altibajo que se estrella y vuelve a nacer de su propia muerte. | ||||||||||||
| Me invaden con frecuencia el cansancio y el des�nimo. Me parece que no estoy haciendo nada. La miseria no se tapa ni con palabras ni con buenos deseos. Me podr�s decir que tenga mas fe y paciencia. Esperar una luz de un horizonte negro. Pero esto es heroico y, peor, tampoco resuelve nada [2] | ||||||||||||
| No se puede poner en duda que, as� como el clamor de su pueblo lleg� hasta �l y constituy� a Mois�s en su instrumento para salvarlo de la iniquidad de la esclavitud en Egipto, porque el valor de ese pueblo era precioso para �l, que del mismo modo y m�s alto a�n, clama el pueblo de la Nueva Alianza, a Dios Padre hoy en esta patria bonita este hombre y compatriota de nuestro tiempo por cuya liberaci�n y salvaci�n entreg� a su propio hijo Jesucristo, y qu�, ese clamor no cesar� hasta que brille la justicia como la aurora delante de todos los hombres. | ||||||||||||
| Para un hombre de buena voluntad es insoportable la realidad lacerante que presenta la humanidad, es un desaf�o insoslayable a toda interpretaci�n humanista de la naturaleza propia de cualquier civilizaci�n. �C�mo puede justificarse que, en momentos en los cuales el hombre ha alcanzado niveles de productividad impensables y fabulosos, las asimetr�as sociales en el orden global alcancen cifras tales que dos terceras partes de los seres humanos est�n condenados a la muerte o degradaci�n por hambre?. Todo intento de buena fe por establecer mecanismos de equidad en nuestras sociedades s�lo puede recibir el m�s comprometido y caluroso respaldo de las grandes mayor�as y la m�xima comprensi�n de la clase media, lo contrario es traici�n a los m�s profundos valores cristianos. | ||||||||||||
| Esto resulta especialmente cierto para las capas medias de la poblaci�n, precisamente porque est�n formadas por personas que han respondido -a veces heroicamente- a las pocas oportunidades que la vida les ha brindado. Nuestras capas medias no est�n formadas, en ning�n caso, por miembros de una especie de nobleza venida a menos, sino que, como norma la formamos aquellos que fuimos capaces de empinarnos sobre la dureza de las condiciones econ�micas y sociales de procedencia, hasta obtener algunos resultados fruto de una vida dedicada al estudio y al trabajo con constancia y firmeza. | ||||||||||||
| Tambi�n es necesario reivindicar el papel sacrificado que en estas peque�as conquistas tuvieron nuestros padres o mayores y su ejemplo enaltecedor, en muchos casos llegados de otros lares en solemne pobreza y buscando libertad y oportunidades. �Podemos ignorar acaso, el hecho de mir�adas de ni�os y ni�as a los cuales les es negado todo, y en muchos casos, hasta ese ejemplo familiar de vida honesta y equilibrada fuente de todos los valores?, �Podemos ser indiferentes ante las condiciones desgarradoras en las cuales crecen nuestros ni�os?. Con la mano en el coraz�n y la mirada puesta en el Dios Padre bueno de todos, no podemos �no y mil veces no!. ;No podemos, salvo que el endurecimiento y la indiferencia inyectada por la subcultura de los medios de comunicaci�n modernos, haya alcanzado grav�simas cotas en la degradaci�n de nuestro juicio �tico. | ||||||||||||
| Sin embargo pareciera que eso est� ocurriendo. Pas� horas viendo, una y otra vez, con un fuerte nudo en la garganta a j�venes que, en la Urbanizaci�n Alto Prado, profer�an alegremente t�rminos ofensivos sobre las autoridades que Dios nos encarga respetar; sentencias excluyentes, gestos groseros y cartelones que proclaman el odio por un sector de la poblaci�n. �C�mo hemos permitido que este bombardeo medi�tico absolutamente t�xico haya afectado a tal punto a los sectores j�venes de nuestras capas medias?, sin duda que habremos de responder ante Dios por este crimen de lesa humanidad. �C�mo hemos tolerado que durante cinco largos a�os, cuatro miserables gigantes en dinero y liliputienses en lo intelectual y humano, unidos a una generaci�n de periodistas para la verg�enza y el olvido hayan, grosera, falaz e impunemente, inoculado tanto odio y desprecio por el pr�jimo m�s d�bil, pobre y humilde?. | ||||||||||||
| Alg�n d�a, las capas medias profesionales, t�cnicos e intelectuales de nuestra generaci�n habr� de construir su propio muro de los lamentos donde llorar ;su torpeza y cobard�a y pedir con dolor interminable perd�n a Dios. Cuando hallemos el valor de mirarnos con esp�ritu de conversi�n y arrepentimiento, veremos como, tantos instrumentos manipulados y vergonzantes del pasado adquirir�n nueva dimensi�n ante nuestra propia miseria. Ellos, al menos, quiz�s les qued� el consuelo de haber sido enga�ados por verdaderos gigantes del enga�o: Hittler, Goebbels, Mussolini, Franco, etc., pero, �cu�les ser�n los nombres que reivindiquen la autor�a de nuestro enga�o? �Acaso, Cisneros, Ravell, Mata y sus peones Maky, Mingo, Martha, Leopoldo,Marianella, Napo y Orlandito?, ��� Qu� verg�enza !!!. | ||||||||||||
| Pero, nunca es tarde cuando la dicha es buena, tenemos la oportunidad de recuperar nuestra capacidad cr�tica. �Contra que Comunismo, o Castrismo, o Dictadura, estamos peleando? �D�nde est�n los presos pol�ticos?, �D�nde est�n las empresas nacionalizadas o expropiadas?, �D�nde est� la censura y la opresi�n?, �D�nde est�n los medios suspendidos y periodistas encarcelados?, �D�nde est�n las leyes que impidan a nuestros empresarios trabajar e invertir?, �D�nde est�n las prohibiciones de huelga o la suspensi�n de garant�as constitucionales?, �Ser� acaso en esa maravilla adversada, negada, utilizada e incomprendida Constituci�n de la Rep�blica Bolivariana de Venezuela, llamada por un vocero de la oposici�n "Hallaca piche", porque, si es all�, -y no hay otro lugar- ser�a bueno que la oje�semos al menos, puedo garantizarles, -como lo he hecho con cientos de estudiantes totalmente manipulados e indispuestos- que despu�s de le�da y razonada el �nico sentimiento posible es del inmenso orgullo, amor y profundo respeto por el Proyecto de Pa�s all� descrito y contemplado. | ||||||||||||
| No es posible que nos duelan tanto los derechos sociales alcanzados por la familia, o los derechos de toda �ndole garantizados para el bien y la justicia en el trato con nuestros millones de ni�os y ni�as, ancianos y ancianas, hombres y mujeres eternamente excluidos y al margen de toda oportunidad. No es posible, y no lo es. Las capas medias, buenas y nobles por naturaleza, han sido vulgar, grosera y diab�licamente manipuladas por unos empresarios inescrupulosos y unos medios cuyo poder ha sido fatalmente puesto al servicio de los intereses m�s negros que la historia de la humanidad recuerde. | ||||||||||||
| De all� que debamos convocarnos a una cruzada de salvaci�n de estos sectores, sin los cuales, el cuadro de justicia, progreso, equidad y libertad de la patria bonita estar� fatalmente incompleto. Vamos a tocar sus fibras m�s nobles, vamos a timbrar su esp�ritu cristiano de justicia y amor, vamos a dedicar el tiempo que sea necesario en demostrar las bondades de este proceso bonito. Estemos atentos a cualquier ejercicio de autocr�tica si es necesario, abr�mosles campo en el �mbito de nuestra estupenda Constituci�n, demostr�mosles que es de ellos, que es nuestra, que es de todos nosotros y para todos nosotros, y estoy persuadido de que empezaremos a ver el despertar de nuestros hermanos. | ||||||||||||
| Patria, con justicia y libertad. | ||||||||||||
| [1] CALDER�N DE LA BARCA. El Gran Teatro del Mundo. Editorial Mundo. Madrid. 1976. p�g. 125 | ||||||||||||
| [2] ANTONIO P�REZ ESCLARIN. La Gente Vive en el Este. Caracas. Editorial Fuentes. p�g. 80 | ||||||||||||
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