| DIME QUIEN ERES Y TE DIR� CON QUI�N ANDAS, un mensaje para cristianos, de Mart�n Gu�dez | ||||
| ������ Para cualquier cristiano de buena voluntad su fe en Cristo se verifica y confirma en el seguimiento de Jes�s. M�s all� de protocolos cultuales, por significativos que estos puedan ser, el cristiano sigue un mensaje, un evangelio de vida y esperanza pisando las huellas y andando los caminos por donde pis� y camin� Jes�s. Se verifica la fe en Jes�s cuando se asumen sus mismas elecciones, se toman sus mismas decisiones y se realiza su mismo acompa�amiento. | ||||
| ������ Jes�s advirti� a sus disc�pulos en variadas oportunidades acerca del m�todo pr�ctico para la verificaci�n de la fidelidad al Evangelio. Les se�al� el peligro que entra�a el aplauso o la aceptaci�n de los fariseos; a la denuncia de algunos disc�pulos de qu�, por all� andaban unas personas que hac�an el bien a los necesitados pero ?no eran de los suyos?, Jes�s les reprende se�al�ndoles que, ?si hacen el bien a los pobres son de los nuestros?, en otras palabras la fe se verifica en las acciones propias del verdadero hombre de fe y lo dem�s puede ser una trampa psicol�gica por medio de la cual �sta termina siendo s�lo un fetiche o poco m�s, apenas �til para el consumo personal como tranquilizador de conciencias. | ||||
| ������ Aplicando el m�todo pr�ctico presentado por el propio Jes�s que se�ala a los frutos como prueba real y �ltima de la naturaleza de un �rbol puede el cristiano verificar su propia fidelidad al seguimiento evang�lico. �Qui�nes acompa�aban a Jes�s?, �A quienes acompa�� Jes�s con sus palabras y sus acciones?, �Qui�nes se le opon�an hasta conducirlo a la muerte de cruz?, �Por qu� lo mataron?. La respuesta, edulcorada por el manto del tiempo y la falsificaci�n de los significados es, a�n as�, muy clara. A Jes�s lo acompa�aban los pobres, los pecadores, los enfermos, los eternos excluidos de la historia. Jes�s proclam� la aurora de la consumaci�n del mundo. El reino de Dios se acerca porque se lo anuncia a los pobres y de los pobres es el reino de Dios. La utop�a absoluta es para los pobres y a ellos se la predica y anuncia. Para Jes�s, los pobres est�n caracterizados en una doble l�nea. Pobres son los pecadores, los publicanos, las prostitutas, los sencillos, los peque�os, los despreciados. En este sentido, son pobres las personas difamadas, las que gozan de baja reputaci�n y estima, los incultos e ignorantes <a quienes su ignorancia religiosa les cerraba, seg�n la convicci�n de la �poca, la puerta de acceso a la salvaci�n>. En esta l�nea de pensamiento los pobres son los despreciados por la sociedad, los que son menos que otros y para quienes la religiosidad no es una esperanza sino causa de condenaci�n. | ||||
| ������ Por otra parte, pobres son para Jes�s los que tienen una necesidad real. Pobres son los que padecen necesidad, los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los inmigrantes, los enfermos y encarcelados, los que lloran, los agobiados, los que sufren alg�n tipo de opresi�n real. Es este modo de acercarse al reino presentado por Jes�s lo que produce esc�ndalo entre los ?propietarios del reino?: que Dios d� una esperanza a los que secularmente han estado privados de ella, que devuelva la dignidad a quienes la sociedad religiosa y socio-pol�tica se la hab�a arrebatado. Todas sus pol�micas con fariseos, saduceos, sacerdotes y representantes del imperio muestran la importancia hist�rica de ese esc�ndalo tan parecido al ?esc�ndalo? de hoy y de todos los tiempos. | ||||
| ������ En Venezuela se est� viviendo un tiempo estelar de adviento. Los venezolanos tienen ante s� una decisi�n que determinar� el rumbo hist�rico salv�fico o miserable del pueblo de Dios. En Venezuela, la inmensa mayor�a es formalmente cristiana. Esa inmensa mayor�a no deber�a tener mayores dificultades para tomar la opci�n justa y coherente con su fe. Le bastar�, sin mayor esfuerzo, con mirar a su alrededor y fijarse quienes le acompa�an en sus caminos. Ser� suficiente con un ejercicio de discernimiento elemental: ver con qui�n se anda para saber quien se es, o quiz�s terminar concluyendo que se es quien se es y por eso se anda con quien se anda. No hay escape porque la verdad no ofrece resquicios para la m�scara. No han de ser muy santos y mucho menos cristianos los caminos que frecuentan los banqueros, los grandes empresarios, los due�os archimillonarios de medios de comunicaci�n, las empresas transnacionales, militares corruptos, sindicaleros podridos, pol�ticos a�ejos y tramposos y por �ltimo, los voceros del imperio universal. | ||||
| ������ Se podr�a hacer una f�cil elecci�n por contraste. Sus caminos no son los caminos del pueblo, como no lo son sus intereses y apetencias; sus caminos no son los caminos de Jes�s; sus caminos no son, ni pueden ser, los caminos de un cristiano. Los cristianos la tienen ?papita?, o se est� con Jes�s y sus acciones o se est� con quienes, a lo largo y ancho de la historia lo han, tantas veces, crucificado. Porque Cristo es de nuevo crucificado, esta vez por cada uno de nosotros que lo clavamos de nuevo, cuando se crucifica la esperanza de su pueblo. ������ | ||||
| ������ Todos los cristianos verdaderos celebraremos la Gran Misa confirmatoria de la esperanza en Santa In�s, all� nos veremos, all� nos abrazaremos y all� nos encontraremos con �l. Nos vemos en Santa In�s. | ||||
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