Dado que en estos d�as, cuando se acerca el tiempo del zarpazo final de la oligarqu�a, la inmensa mayor�a de los jornaleros de la plutocracia se presentan inmaculados luchadores democr�ticos. Me ha parecido oportuno compartir con Uds., el viejo origen de estos lodos. Contribuir�, -eso espero- a percibir la l�nea continua de esta lucha.
CARTA AL COMANDANTE CH�VEZ entregada el 6 de abril de 1999 por J. Mart�n Gu�dez
Caracas, 6 de abril de 1999
Ciudadano:
Cte. Hugo R. Ch�vez Fr�as
Presidente de la Rep�blica de Venezuela
Su despacho.-
Estimado Comandante:
��������� Un encuentro con el mutuo amigo, el maestro Brito Figueroa, con qui�n,� sin prop�sito expreso ni agenda premeditada, convers� sobre la lectura del momento, provoca esta comunicaci�n.
��������� Comandante, hemos venido observando como los voceros de esa casta privilegiada hacen uso de sus mejores capacidades para conservar sus privilegios, as� se hacen los difuntos para enga�ar a la presa, pero est�n maquinando el siguiente ataque. Es que los privilegios no se renuncian, para que suelten la presa hay que quit�rsela. Ah� est�n los textos de historia que hemos escrito en desaf�o a los ?oficiales? mucho antes de que Ud., apareciera d�ndole carne e idea a la rebeli�n libertadora del pueblo venezolano. En ellos ver� que sent�amos la necesidad de despertar a Bol�var,� supimos que por alguna rendija se les hab�a escapado el homenajeado, adorado, pero peligroso esp�ritu del Padre de la patria.
��������� La capacidad restauradora de la oligarqu�a es incomparable, saben que, cuando de mellar el pensamiento cortante de Bol�var o cualquier otro ?majadero? se trata, no hay nada m�s eficaz que rendirle culto procesional. Sepa que la virtud mayor que percibimos en Ud.,� es que acaso pertenece a la �especie interesante y rara de los hombres guerreros de sue�os, empe�ados en romper lanza por la dignidad mancillada de la amada, (que lo mismo les da si es una dama o un pueblo) envistiendo contra molinos de viento, sin lograr en su afiebrada mente distinguir la naturaleza cambiante del enemigo, so�ador, ingenuo y desprevenido, empe�ado en o�r la m�sica de un atardecer o el poema incomparable cantado por el viento entre los �rboles.
��������� Recuerde Ud., qu�, un inalcanzable ?majadero?, hijo de la infeliz Caracas, es qui�n arruinado, enfermo, perseguido, agredido con fiereza extrema por los ?sanchos engordados? que libert�, es el autor de su propio ep�teto, del cu�l solo nos queda abrevar como en fuente de vida, redenci�n y dignidad que �l nos dej� como hiriente y espinoso fruto propio de la crudeza radical de la lucha. �Vea Ud., como, �cuando el ?majadero de Nazareth? se�ala y denuncia a los fariseos, sacerdotes, escribas y dem�s animalitos del jard�n de los seres superiores, esos que tan bien hab�an montado, -por siglos- el negocio de obtener ganancias extraordinarias para ser intermediarios entre Dios y los hombres, estos deciden dar el paso de crucificarlo, por cierto con una estrategia que por eficaz nunca cambian, no lo hacen por razones doctrinales, lo hab�an visto tres a�os hablar y hacer el bien, eso pod�an soportarlo, pero, cuando se meti� con el negocio del templo pas� la raya. �All�, en ese justo momento, sacan del ba�l de las miserias, un razonamiento que les pone a la cabeza de la sensibilidad c�nica; apelan a los t�rminos de pueblo, libertad, naci�n, seguridad, etc., amenazados por el loco, blasfemo, aventurero e irresponsable y concluyen con una reflexi�n que les ?obliga? a tomar decisiones r�pidas: ?Ante el peligro de que se pierda la naci�n, (ellos son siempre la naci�n, la sociedad civil, etc.,) es preferible que muera un hombre.? �Ingenioso �no?, y a partir de ah�, muerto el perro se acab� la rabia y prestos a continuar haciendo negocios. F�jese como incluso, por si acaso, pagan para que les garanticen que no saldr�a del sepulcro, que el muerto estar�a bien muerto. Es como cuando se llevan flores al Libertador en adoraci�n perpetua, aunque siempre he tenido el p�lpito de que van a asegurarse que el hombre contin�a all� y est� bien muerto. Bien saben que El Libertador, -el mismo con el que nuestros ni�os ganan medallitas y diplomas si colocan sus retratos en lugar destacado del sal�n- si estuviera vivo, los fusila.
��������� Ud., sabe, que no reparan en medios, sin importar que tan canallas y viles sean estos, para conservar lo �nico que les duele: el poder pol�tico que debe pertenecerles, porque son los amos del dinero y el uno es consustancial al otro. Cualquier idea distinta a la norma hist�rica, -en modo alguno sobre la base de dogmas, sino de la reflexi�n- es subjetiva, as� que, debe mantener ?el ojo pelao?, porque le estar�an faltando el respeto, y porque, ese camino s�lo conduce los escenarios dominados por ellos. Suponer, estimado amigo y comandante, que los seculares privilegios ?norma de vida de estos pont�fices del dios dinero- se les puede siquiera tocar sin que ellos reaccionen como hienas, es un error.
��������� Ponga por ejemplo, la sacrosanta libertad de expresi�n e informaci�n, y ver� como el grupo secuestrador ?due�os de medios- es el �nico que la posee, ni siquiera los periodistas alcanzan a ejercerla en una medida prudente, porque el que les paga tiene la llave que conduce al s�tano de las tinieblas o la gloria de los trabajos estables y bien remunerados. No es casual la complicidad de los periodistas, �c�mo pueden unos profesionales de la comunicaci�n honestos coincidir en la estrategia de dinamitar los caminos del pobre y dar la unci�n santa a los autores de la innoble tarea e incluso ser ellos mismo los que tiran piedras y hacerlo inocentemente?.�
��������� Estos se�ores y se�oras periodistas parecen, no haber encontrado en su profesi�n la satisfacci�n que procura la verdad, �su vocaci�n parece estar en las tablas y el escenario, donde con gui�os, lenguaje corporal y una innegable capacidad para afirmar o negar teniendo como principio representar el papelito ?l�nea editorial- que le ordenan proclamar, y que les alcanzar� �xito ?profesional? y� tantos bienes como comprar pueda el dinero, navegando en la tranquila sensaci�n de haber hecho de su profesi�n aquello que les dijeron los ?bien intencionados padres?, como por ejemplo: estudiar para ser alguien en la vida, (siempre unido a la f�rmula cl�sica de que ser alguien en la vida es: TENER DINERO), hasta alcanzar el limbo de los famosos, que por serlo tienen dinero, y que por tenerlo tienen poder.
��������� �De que otra manera puede entenderse como los enterradores de sue�os, reciben preguntas en los programas de opini�n, aut�nticos ?picheos bombita? con batazo incluido, si el objetivo no es agradar al amo?; �C�mo permitir que este personaje (cualquiera, con todos es igual) se muestre como ser inmaculado, sin preguntarle ?no todo, entendemos- pero al menos alguna cosita de su negra historia?. Da repugnancia ver tanta estulticia poniendo a prueba la satisfacci�n de ser hombre.
��������� Comandante,tengo la impresi�n de que su tolerancia le hace vulnerable. Lo que no debe ser, porque en este proceso no est� en juego la presidencia sino un proceso revolucionario sobre el que descansa la seguridad misma de la naci�n latinoamericana. �Ud., representa al pueblo burlado en la independencia que hoy clama por su libertad pues es sujeto de esclavitud. Una esclavitud diferente en los m�todos pero igual en la sustancia, al lograr que en esta tierra de gracia los ni�os al nacer hereden una pesada deuda, misma que sirvi� para alimentar fortunas inmensas que hoy est�n depositadas en bancos seguros del primer mundo. En fin que as� como la ilusi�n de la independencia, le hizo abrigar �la esperanza de ser libre y tener un pu�ado de tierra, �y �sta se convirti� en desesperaci�n al observar como se odiaba al Libertador por mandato del grupo del Dr.Pe�a y la oligarqu�a, vio como, poco despu�s le mataban a Sucre, heredero del pensamiento del Libertador, como anulaban todas las decisiones del Libertador que le beneficiaban, �y en fin, como los enterradores de sus sue�os eran los mismos que se mantuvieron ?en el mejor de los casos- neutrales ante la revoluci�n independentista.
��������� Frente a Ud., y contra Ud., tiene a una oligarqu�a ladina y mentirosa secundada por una clase servidora (algunos la llaman clase media), integrada en buen n�mero por personas que a fuerza de arrastrarse, han adquirido un callo moral en la barriga, lo que les convierte en individuos,� que no les duele arrastrarse� y ser la voz del amo, invocando los m�s altos ideales, para abalanzarse, lanza en ristre, contra qui�n sea, conscientes de que el juicio de la historia no ser� tan severo si son ellos los que la cuenten.
��������� Ud., se enfrenta a una oligarqu�a acostumbrada al secuestro de los valores humanos m�s dignos hasta convertirlos en potente arma para escribir con sangre de otros las p�ginas m�s espantosas de crimen, robo y abuso, con una enorme naturalidad. Una naturalidad que s�lo alcanzan los que saben cual es el fin de la historieta y no temen, porque bien saben, que una vez apartado el espinoso obst�culo, ya sobrar�n plumas de alquiler para realizar la transmutaci�n m�gica de la mentira en historia. Convertir�n� la traici�n en hero�smo, y eso es lo que cuenta. �
��������� Por tanto, Comandante, percibo que, aquello que en Ud., es sue�o, entrega y donaci�n, es en ellos malicia, c�lculo y fr�o. De modo que, cuando salen de los agujeros calculan las mil maneras de socavar el prestigio del h�roe y arrancarlo del coraz�n del pueblo. Comandante, cuando gritan, maquinan y le deterioran a tambor batiente su prestigio en el pueblo, puede tener Ud., la seguridad de que no lo hacen por ser valientes, sino porque est�n seguros de que saldr�n bien librados. De esta manera est�n logrando el acto de realismo m�gico por el cual, el pueblo empieza a olvidar quienes son los que con habilidad sat�nica, se desprenden de toda responsabilidad, y usando una cadena medi�tica perpetua de las que no se libra nadie, repiten todo el d�a el abuso de deformaci�n de la verdad, de modo que todo lo cuanto le ha ocurrido a este pueblo es culpa de Ch�vez.
��������� Desfilan por las televisoras todo el d�a expertos petroleros, (por cierto tan expertos como para haberse enriquecido brutalmente traicionando el inter�s de la patria y hundiendo los precios). Desfilan fantasmas de la IV, intentando el milagro de aparecer inmaculados, -con la intensa colaboraci�n de el o la periodista preocupado por� la posibilidad de que el entrevistado pueda poncharse, poniendo en peligro su lugar en la empresa televisiva, pues el Diablo ?los hay para todos gustos- , siempre paga mal.
��������� Cuando sienten que la presa (Ud.,) podr�a utilizar un discurso demoledor si dieran la cara, contin�an con su estrategia. Conocedores de la ciencia de la mentira bien manejada, sabedores de que el escal�n anterior s�lo les sirvi� para recibir una paliza, desconcertados frente al evidencia de que por ese lado no podr�an ganar la pelea, optan por una variante (que no ser� la �ltima) que les consiga matar en el coraz�n de la gente la confianza que depositan en el ?so�ador?: dividirlos mediante la estrategia de ?quien divide gana?. Consuman otro esfuerzo atacando con medios distintos, sacados del ba�l� de las traiciones y esperando con cierta ansiedad que ahora s�, la p�cima dar� resultado. Puesta en marcha la m�quina destrozadora de ?so�adores? recurren a todo para dar la sensaci�n de cat�strofe letal que s�lo culminar� cuando ?el so�ador? sea apeado de Rocinante y puesto donde no haga m�s da�o. No se detendr�n hasta matar al ?majadero? y todo cuanto pueda significar la continuaci�n de sus ideas.
��������� Comandante, no quiero molestarle m�s, pero he venido presenciando, durante este naciente proceso revolucionario, c�mo usan las fuerzas poderosas del sistema, los mismos que mataron a Jes�s, al Abel de Am�rica, al Libertador, los mismos que explotaron en fiesta cuando supieron que el enemigo de Venezuela, (El Libertador) hab�a muerto. F�jese con que fina habilidad, usaron al Centauro del Llano, para lograr que �l reivindique sus sagrados derechos. Qu� r�pido mataron la ilusi�n de la independencia de un pueblo que luch� por ella, y lo despertaron al desenga�o de la IV� Rep�blica. Con cuanta destreza dan los pasos legales para robarle a un pueblo todo: libertad y tierra. C�mo crean el arma ?legal- que les restituir�a sus privilegios: La Ley del Toma y Daca. �Verdad que es claro el paralelismo con este tiempo?
��������� Comandante, por designios de un destino que no comprendemos, no necesariamente por m�ritos, a un hombre le corresponde intentar la liberaci�n de un pueblo, con el pueblo y desde el coraz�n del pueblo, ese hombre es Ud.,. Quiera Dios que Ud., no termine librando una batalla que concluya ?como dice nuestro himno, con el vil ego�smo triunfando de nuevo- engrosando el culto a los hombres buenos, que tolerar�n e incluso exaltar�n los mismos que le combaten hoy. Vea Ud., la eficacia que tienen las fuerzas de ese mundo� del que son se�ores. Perm�tame una �ltima reflexi�n antes de concluir esta comunicaci�n que es, -hasta donde puedo- lo que, �a lo largo de estos d�as no me deja descansar. A veces lo veo con la soledad en compa��a que como la piel acompa�a a los hombres de destino superior. No permita que naufraguen nuestros sue�os. Al�stese a enfrentar con su pueblo las fuerzas demoledoras de la oligarqu�a nacional y la plutocracia mundial o estaremos perdidos. No conf�e en nadie, s�lo el pueblo es sabio, noble, incondicional y certero.
��������� Reciba un abrazo revolucionario de su compatriota y amigo,
���������������������������������������������������������������������� Josu� Mart�n Guedez
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