ALGO SOBRE LA IDEOLOG�A BOLIVARIANA
por J. Mart�n Gu�dez
������ Una mirada apenas trivial a la historia humana muestra la descomunal contradicci�n y conflicto profundo que anida en el esp�ritu de cada hombre. Con capacidad para discernir lo bueno de lo malo porf�a, aguijoneado por el resorte �tico interior, que se le impone a todos los valores morales o principios de cada sociedad humana, haci�ndolo sentir dolor, o al menos molestia, ante lo injusto, y satisfacci�n ante lo que instintivamente percibe como bueno. Esto, como he sugerido, independientemente de aquello que la pr�ctica social o moral estime correcto o incorrecto.
������ As�mase como ejemplo el evento comunicacional, vivido hace unos meses, en el cual, una mujer musulmana  fue sancionada y ejecutada por haber incurrido en adulterio. Frente a la irracionalidad del hecho, sin importar la conformidad moral que las personas de una determinada religi�n o naci�n asuman frente al mismo, lo ocurrido repugna naturalmente a cualquier ser humano. Es innegable que la actitud moral ante una determinada conducta no s�lo cambia en el tiempo, sino que a�n dentro de la misma temporalidad var�a de un espacio a otro. Impensable para una mujer de mediados del siglo pasado la simple moda de una mujer com�n de nuestros d�as. Del mismo modo que es impensable aplicar el reglamento policial contra los actos que afecten la moral y las buenas costumbres, hoy, al mismo tiempo, en una calle de Caracas que en un poblado Warao en el Estado Delta Amacuro, a tal punto ser�a absurda una costumbre caraque�a en el Delta, que una costumbre deltana en la metr�polis caraque�a.
������ De esto se puede colegir que, las tradiciones morales de los pueblos representan, para cada momento hist�rico, un conjunto de normas o h�bitos los cuales deben regir la conducta del individuo para que esta sea socialmente aceptable, moral o inmoral. De all� que el discurso com�n entre generaciones tenga que ver con la infidelidad a la norma de la generaci�n emergente, a juicio de la establecida, y la ausencia de dinamismo y frescura del establecimiento a juicio de las generaciones nuevas. La contradicci�n, nunca resuelta del todo, va encontrando salida  aceptable, sin traumas excesivos, en el marco evolutivo del tiempo.
������ No obstante, los valores naturales del sistema sometido a estas tensiones, encuentra interrupciones y genera crisis extrema cuando por procesos revolucionarios ocurren dr�sticos cambios cualitativos que reclaman para s� nuevas placas de equilibrio, nuevas superestructuras y en fin, un nuevo marco en el cual encuentren espacios c�modos las nuevas infraestructuras. En ese sentido puede verse el efecto demoledor que algunos de estos terremotos han tenido a lo largo de la historia. No ocurren como hechos sociales estancos, aunque la manifestaci�n mayor pueda ubicarse en un per�odo, sino que son el fruto de contradicciones no resueltas en una especie de asalto final, en el cual, lo nuevo, la fuerza productiva del hombre, en conjunto, quiebra el equilibrio anterior y se otorga a s� misma unas nuevas placas de equilibrio hasta que, -como todo lo que nace muere, y muere para dar nueva vida-, estos equilibrios se vean enfrentados a sus mismas ant�tesis dial�cticas.
������ El primer gran terremoto, el m�s extenso en el tiempo pues alcanza, al menos en el bloque del llamado mundo civilizado, desde unos 8 a 10 mil a�os AC, hasta el siglo XVIII de nuestra era, fue la capacidad humana para recrear los procesos naturales de producci�n agr�cola generando los excedentes de alimentos necesarios para modificar la vocaci�n n�mada por la sedentaria. All�, en la capacidad humana para obtener m�s frutos de la tierra de los que puede consumir, se origina un cambio radical en todas las superestructuras sociales: familia patriarcal, propiedad privada, y con ellas el nacimiento del Estado.
������ En un esfuerzo necesario para no convertir estas reflexiones en un aburrido ensayo, me atrever� a mostrar del mejor modo posible, en que forma necesaria, el advenimiento de la agricultura y la domesticaci�n de animales de corral dan como resultado nada menos que: la familia, patriarcal, monog�mica y nuclear; el sacro derecho a la propiedad privada por encima de cualquier otro derecho humano, y el estado como garante de que las normas morales fruto de estas nuevas relaciones econ�micas obtengan un marco adecuado.
�IGUALDAD ENTRE LOS HOMBRES vs. DESIGUALDAD EGOISTA?
La afirmaci�n marxista que reza: "la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases", que podr�amos sensibilizar a�n m�s como: "la historia de la humanidad es la historia del enfrentamiento de los que tienen mucho por tener m�s en contradicci�n con los que no tienen nada por tener algo",  �y que fue satanizada hasta el l�mite del paroxismo al punto de convertir -por reglas de etiquetado- a un marxista o comunista, en culpable de crimen de lesa humanidad, en antrop�fago, carnicero, insensible y bestia, porque la lectura interesada que se le dio fue: el objetivo del proletario es: "quitarle a los que tienen todo cuanto tienen, y convertir la sociedad plural en una formada por pobres expropiados". Resulta gracioso que semejante etiqueta tuviese �xito y resonancia justamente en la inmensa mayor�a de las personas, a las cuales habr�a que expropiarles los sue�os, porque el sistema ya los dej� sin propiedades, salvo la de su fuerza de trabajo, pero, as� funciona la propaganda sobre los miedos del hombre.
������ Del lado de los dirigentes proletarios,  la sustituci�n del terrible sistema de explotaci�n del hombre por el hombre, s�lo puede lograrse aplastando, obligando o forzando a la clase poderosa a desprenderse de sus privilegios. Esta afirmaci�n, con m�s o menos fidelidad permeabiliz� el pensamiento del revolucionario durante siglo y medio, hasta casi la �ltima d�cada del siglo XX, forzado por la historia. Esta demostr� hasta la saciedad que los privilegios no se ceden sino que se deben arrebatar.
     As� se alcanz� la �ltima d�cada del pasado siglo sin aparente soluci�n pac�fica para tales contrariedades. Cuando hoy se hace una propuesta original y se propone un tercer camino: la revoluci�n bonita, no puedo evitar una sonrisa �ntima pensando en que rid�culo har�amos si -intemporalmente-  tuvi�semos que convencer de nuestros argumentos a Kart Marx, Engles, Lenin, Trostki, Mao o el mismo Ch� Guevara. La raz�n es sencilla, cada uno de ellos, verdaderos gigantes de la humanidad, no eran sino hombres, y por tanto, atados a su tiempo y en modo alguno pitonisos o brujos, pero estoy persuadido de que todos a una, hoy, ser�an entusiastas expositores de la Revoluci�n Pac�fica, de la Revoluci�n Bonita, de la Revoluci�n Bolivariana.
������ El capitalismo moderno no subsiste sobre la pobreza de las mayor�as. La pobreza de las mayor�as las incapacita para ser �tiles al sistema: su pobreza las excluye de un mercado de bienes y servicios cada vez m�s sofisticados, y desde luego las convierte en un peligro, antes que en un recurso, para las avanzadas tecnolog�as de este tiempo. En 1930, la producci�n en l�nea de la Ford Motor Company estaba apoyada en un conjunto de obreros t�cnicos con una escolaridad promedio de 5 a�os, hoy, la misma empresa produce 10 veces m�s, con 10 veces menos obreros, pero con una escolaridad promedio de 17.5 a�os.
      El capital contempor�neo requiere una clase trabajadora bien alimentada, sana, educada, equilibrada, serena y feliz qu�, adem�s, posea una capacidad de consumo y productividad ascendentes. �C�mo podr�a alg�n troglodita de la patronal venezolana Fedec�maras entender que la patronal francesa se siente en la mesa con los trabajadores a planificar el mejoramiento de su calidad de vida y la garant�a de su capacitaci�n? Eso est� fuera del alcance mental de personajes que, como la se�ora Mu�oz de Fedec�maras, o el se�or Cova de la CTV, que a duras penas alcanzar�an en cualquier sociedad moderna el estatus de alfabetas, de tal grado es su incultura e incapacidad. Ese es uno de los grandes problemas que sobre la marcha debe resolver la revoluci�n bonita. Hoy la conversi�n de factores cuantitativos en cualitativos por la v�a de la lucha seca y estricta de los contrarios, posee un nuevo escenario que no convierte a los contrarios en sin�rgicos, pues sus intereses son y ser�n siempre contrarios, sino que alcanza el nuevo camino, el Tao, por la v�a de la complementariedad inteligente. Del mismo modo que el cuerpo humano para dar vida no niega las diferencias entre el var�n y la hembra sino que las complementa en victoria vital de la luz sobre la oscuridad, del mismo modo, sin ingenuidades tontas, requerimos hoy, un capitalista, un inversor, con su vocaci�n intacta, invertir para ganar y un trabajador al cual, su trabajo le conceda la calidad de vida y bienestar como para garantizar que sus hijos no tendr�n ninguna vocaci�n humana fuera de su alcance.  
������ Esa y no otra es la vocaci�n fundamental del proceso revolucionario que se est� viviendo en la patria de Bol�var. Corresponde a intelectuales, pensadores y en general a todos los seres humanos conscientes conducir el debate de las ideas hasta despojarlas de la tara miserable de las etiquetas y llevarlas el universo fecundo del pensamiento universal. Es la hora de los verdaderos intelectuales.
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