LA LEYENDA DE SUIZA

 

icon-l.gif (2048 bytes)os suizos dec�an, que en otra �poca, el lago Zug, situado en lo alto de una monta�as, no lejos de Lucerna, hab�a sido el reino de las ondinas, gobernado por un Rey Elfo desde un palacio de cristal ubicado en el fondo del lago.

De vez en cuando por la noche, las hijas del Rey se un�an a los j�venes de la ciudad.

Bajo la luz de las farolas, las doncellas de la aguas danzaban en la fiesta de la cosecha y desaparec�an al amanecer, dejando un rastro de gotas  de agua que conduc�an hasta la orilla del lago.

Sin embargo la marcha no era siempre f�cil.

Hada de Suiza
Una joven ondina se enamor� profundamente de un muchacho del lugar, el cual, por su parte, qued� cautivado por la doncella, cuya voz era tan suave como el murmullo de las olas del lago, y en cuyo pelo reluc�an como diamantes miles de gotitas de agua.

No obstante la ondina morir�a si permanec�a m�s tiempo en la tierra, as� que como era diestra en encantamientos, formul� un hechizo que permitir�a al joven vivir bajo el agua, sin necesidad de aire para respirar, pero no pudo eliminar la nostalgia por lo suyos.

Poco a poco, el joven se fue entristeciendo y debilitando entre los salones de cristal en los que habitaba la ondina.

El esp�ritu, dec�an los suizos, us� todos sus poderes para aliviar el sufrimiento de su amante.

Entre un ocaso y un amanecer, hechiz� la ciudad, traslad�ndola  a las profundidades del lago.

Durante siglos, quienes miraban las aguas de Zug pudieron ver algo m�s que los reflejos de las nubes y las monta�as.

Si el aire era lo bastante n�tido y la luz clara, distingu�an una ciudad entera bajo el agua.

Y no era una ciudad sumergida: la gente andaba por las calles y los jardines.

Al caer la noche, las luces tintinaban en las casas y entonces, desde la orilla se pod�a escuchar el ta�ido de la campana de la iglesia emergiendo desde el fondo del lago, llamando a la ondina y a su amante a reunirse en el sosiego de su hogar.

 

ATRAS

     

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