LA LEYENDA DE LA HADA DE ESCOCIA

 

icon-e.gif (1946 bytes)n una ocasi�n, en Escocia, una de estas criaturas frecuentaba un tranquilo estanque, a veces con forma de un precioso pez, otras en la de una doncella tan gr�cil como los abedules que se contoneaban junto al agua.      

Aunque nadie pudo decir c�mo sucedi�, sedujo a un joven llamado Colvill, que acab� abandonando a los suyos para estar con ella en la laguna.

Durante todo un verano goz� de un placer infinito en los brazos de la ninfa, yaciendo entre los �rboles.

Y de no haber sido por su familia, que concert� su matrimonio con una mujer mortal tan risue�a y alegre como el mism�simo verano, hubiese desperdiciado su vida de esta manera.

Hada de Escocia
Despu�s de la boda, Covill permaneci� a su lado durante algunos d�as, aparentemente ajeno a los hechizantes peligros del otro mundo.

Pero, sin saberlo, su esposa le hizo caer de nuevo en las redes de la doncella de las aguas.

Hab�a o�do hablar de sus citas.

Una tarde, en el jard�n de la casa de sus padres, le pidi� que no volviera al estanque.

Covill mir� fijamente a su dama y en medio de ese decorado, acudi� a su mente la imagen del estanque de la monta�a, con sus delicados abedules, y la del pelo suelto y los ojos marrones y sonrientes de la ninfa.

Covill abandon� a su mujer y regres� al estanque.

En su hogar de las tierras altas, la ninfa de las aguas le estaba esperando, casi invisible entre los nen�fares.

Atus�ndose el pelo, le pregunt�:

-�Te gusta mucho tu nueva dama, joven Covill?- dijo con suavidad.

El respondi� que no y la abraz�, pero la ninfa s�lo le sonre�a: una sonrisa tan fr�a como el agua que vigilaba.

-�No te duele la cabeza, joven Covill?

De repente not� un dolor tan intenso en sus sienes que le saltaron las l�grimas de los ojos.

-Corta un pedazo de mi vestido y envu�lvete la cabeza, su magia te aliviar� el sufrimiento.

As� lo hizo. Con su cuchillo cort� una tira del blus�n que llevaba puesto la ninfa, mientras ella le observaba con ojos inexpresivos.

Como si fuese una cuerda de hierro, la seda se hinc� en su cr�neo, cada vez con m�s fuerza, hasta que el hueso se quebr� y brot� sangre de sus o�dos.

Sus pies vacilaron mientras clavaba los dedos en la venda de la ninfa, intentando quit�rsela, pero s�lo consigui� que se apretara m�s.

Se volvi� hacia ella cuchillo en ristre, pero la ninfa se alej� r�pidamente, ligera como las gotas de agua.

Se detuvo un instante al borde del estanque y dijo:

-Est� muy mal joven Covill, abandonarme por una doncella mortal.

El muchacho cay� al suelo enloquecido de dolor y la ninfa se sumergi� en la laguna.

Cuando por fin los amigos de Covill salieron a buscarle, le encontraron ahogado.

Nada pudieron ver en el estanque, exceptuando el airoso coleteo de un hermoso pez.

 

ATRAS

     

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