Red Bolivariana, 17 de Mayo de 2002

Retomando el Proceso

Jorge Arreaza Montserrat

Trato de retomar la expresión escrita la madrugada del 12 de mayo. Desde hace casi un mes lo he intentado, pero ha sido inútil. El fin de semana entre el 12 y el 14 de abril redacté decenas de correos electrónicos y varios documentos que denunciaban el Golpe de Estado en Venezuela. Tras la reinstauración del orden constitucional, intenté expresarme, quise gritar, pero se me han deshecho las frases y las ideas. Tal vez se deba a la indignación, tal vez sean las secuelas dolorosas de instantes tan tormentosos. Era predecible, en todo caso, que los grandes factores de poder nacionales e internacionales, en algún momento intentarían borrar de un zarpazo un proceso político y social como el venezolano, que representa una amenaza al mantenimiento de sus privilegios e intereses, y la consecución de sus objetivos individuales.

Los empresarios con ínfulas de estadistas, por algunas horas, neutralizaron la voluntad popular, arremetieron contra la Constitución y generaron una inexplicable confusión en la Fuerza Armada. La oposición democrática e institucional, fue infiltrada y finalmente secuestrada por los actores más influyentes del poder económico y comunicacional del país y del mundo. Lograron desplazar por un par de días a los legítimos representantes de la mayoría de los ciudadanos, mas sin embargo, subestimaron el grado de compromiso de gran parte del pueblo con el proceso de transformaciones; un pueblo que no estuvo dispuesto a soportar un segundo más tan breve y detestable dictadura.

El hecho es que tras la retoma del poder, las consecuencias de lo ocurrido en nuestras almas, corazones y mentes, han sido, son y serán, imborrables. Por momentos se esfumó nuestra esperanza democrática, estuvimos demasiado cerca del precipicio sin fin de la guerra civil o la tiranía extemporánea. Errores de lado y lado. Algunos actores políticos reconocen hoy sus faltas y le abren las puertas al diálogo y el entendimiento. No obstante, otros justifican sus acciones, niegan el diálogo, ignoran la legalidad y discuten con sus frías imágenes frente al espejo, lamentándose por haber desestimado la fuerza de un pueblo tan bravo. Entre quienes apoyan al Gobierno y a la oposición, existen extremos aparentemente irreconciliables de quienes creen en la violencia como método y en la lucha excluyente de clases como estrategia. Pero, sin duda, la mayoría de los venezolanos no nos ubicamos en esos extremos, sabemos que existen inmensos espacios de coincidencia, a través de los cuales la coexistencia pacífica y el progreso social deben y pueden garantizarse.

A pesar de ello, hay quienes insisten en apostar por la guerra civil. Los grandes medios de comunicación comerciales, han manipulado las informaciones a su antojo desde hace tres años, llegando a su clímax entre el 12 y el 14 de abril, cuando sencillamente se auto-censuraron, pulverizando el derecho a la información de los venezolanos, irrespetando el trabajo de muchos de sus periodistas y amordazando a los ciudadanos que trataron de expresarse en esas tristes horas de terror. Sin embargo, quisimos creer que ante la apertura al diálogo, moderarían sus posiciones recalcitrantes, su sesgo anticonstitucional, y le darían algún resquicio a la unidad y la rectificación. Hasta ahora, nos hemos equivocado: las líneas editoriales y de información de esos medios siguen en la misma tónica de agresividad, ejecutando un abierto periodismo insurreccional sin precedentes, salvo algunas excepciones. Como complemento, arrastran con ellos a millones de venezolanos que se dejan empapar por esa lluvia en blanco y negro de los secuestradores de la oposición, provocando tensiones sociales de consecuencias impredecibles. Cabe destacar que la actitud de los medios es el reflejo de las decisiones de quienes rechazan toda oportunidad de diálogo y rectificación en las más altas esferas del poder.

Alguna periodista afirmó, palabras más, palabras menos, que Hugo Chávez despertó al monstruo del resentimiento social que llevamos los venezolanos dentro. Es innegable que el verbo del Presidente puede haber producido el ruido suficiente para despertar esa bestia. Pero ese monstruo no nació, ni creció con Chávez. Su gestación, vida y crianza son producto de décadas de olvido de los más necesitados y de la injusta concentración de los recursos económicos en manos de unos pocos. Posiblemente esa criatura se durmió durante alguna de aquellas campañas presidenciales plagadas de mentiras, de falsas promesas, de fantasía electoral, cuando se nos mostraban dibujos engañosos de un hermoso y democrático país lleno de solidaridad que se enrumbaba hacia el desarrollo económico y social. Años más tarde el monstruo puede haber despertado, es cierto, pero lo importante es identificar a los padres y protectores de esta bestia del resentimiento social, identificar las causas que propiciaron su existencia, y no inculpar a quienes pueden haber inducido su ya tardío e inevitable despertar. Es curioso, que un rabioso engendro como este no haya respetado clases sociales, ni grados de instrucción. Muchos de los ciudadanos pertenecientes a las clases medias y altas, supuestamente formadas y educadas, han evidenciado señales de racismo, de rechazo a los pobres, de intolerancia hacia la mayoría, de odio hacia individualidades. Si ese odio fuese emulado por las mayorías abandonadas, la anarquía ya hubiese consumido cualquier opción de paz.

Ante estas circunstancias me ha costado mucho expresarme por escrito, me he sentido limitado por tantos acontecimientos y e intenciones tan abyectas. Me niego a hacerle el juego a quienes, después de desenmascararse ante el país y el mundo, siguen apostando a la violencia. Por ello, quiero creer, creo y voy a creer en el diálogo y la reconciliación nacional, como único escenario posible para los venezolanos. Nuestras opciones son comunicarnos, hablar, dialogar, negociar, debatir, concertar y conversar. Cualquiera de las anteriores ha de tener tres únicas condiciones: la sinceridad; la seguridad de alcanzar acuerdos y coincidencias en el marco de la constitucionalidad; y la intención de amar y colaborar con el progreso de la República.

Hago un llamado a la incorporación de todos los sectores al diálogo. Somos herederos del más genial y útil de los americanos, el Libertador. No podemos darnos el lujo de jugar a la división, cuando sabemos que sólo en la unidad está la posibilidad de vivir en paz y de alcanzar justicia y equidad. El llamado a la rectificación es a todos los hijos de Venezuela, a todas sus instituciones, públicas o privadas. Sólo así podremos garantizar que el actual sistema de libertades se convierta algún día en una verdadera democracia, en una verdadera e inclusiva revolución.

Profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela

Hosted by www.Geocities.ws

1