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Foro Social Por Todos los Medios, 18 de abril del 2002
La legitimidad de los medios
Mary Eva Caguaripano
Han pasado apenas tres días desde que el pueblo salió a la calle para defender el gobierno constitucional de Hugo Chávez y ya los medios masivos de información rearman filas, con cautela pero sin dudas, para mantener su postura, tercamente ciega a un proceso dos veces legitimado: la primera vez, en las urnas electorales; la segunda, en las calles.
Una de las imágenes más significativas que pudimos observar quienes el sábado pasado presenciamos la multitudinaria manifestación de apoyo a las autoridades democráticas frente al Palacio de gobierno, fue la de un adolescente que, micrófono en mano, entrevistaba entre risas a los asistentes: una pequeña botella plástica servía para remedar el burdo papel desempeñado por los periodistas del país. En otra esquina, un grupo vociferaba frente a la pantalla de un televisor, montado en una sucia caja de cartón; sobre la pantalla rota se alzaba un afiche del presidente Chávez. Muchas de las pintas que se iban alzando sobre las paredes aludían a los medios como parte de la conspiración golpista.
Mientras todo esto pasaba, uno de los principales canales privados transmitía su acostumbrada programación sabatina: un insulso programa de concursos, dirigido precisamente a esas masas que colmaban la ciudad, dando muestras de una conciencia política que los formadores de opinión no atinan todavía a reconocer. El resto de los canales se mantuvo transmitiendo películas o documentales, hasta que la fuerza de los acontecimientos llegó literalmente a sus puertas, obligándolos a mirar hacia una realidad que inútilmente se empeñaron en ocultar.
Durante la tarde de ese día, algunos organismos de derechos humanos recibieron llamadas de unos pocos periodistas que renunciaron a sus cargos, frente a la imposibilidad de informar sobre lo que ocurría en el país. Otros, llegando a lo ridículo sin pasar por lo sublime, se atrincheraron en los sótanos de sus televisoras, ante el temor de ser agredidos por los defensores de Chávez; frente a las cámaras se preguntaban "por qué nos ataca ese pueblo a quien tanto hemos apoyado". También hoy, el diario El Universal informa sobre "periodistas que permanecen escondidos o intentan salir del país", al considerar que su seguridad no está garantizada. La misma prensa recoge -sin señalar nombres ni circunstancias- la renuncia de al menos cinco reporteros a diferentes medios de comunicación.
Sin embargo, nada de lo ocurrido parece hacer mella en la línea editorial de los principales medios de comunicación, que apenas si han bajado el tono agresivo exhibido en los últimos tiempos. Una vez superado el estupor frente al desenlace de la intentona golpista, los principales canales de televisión y medios impresos comenzaron por victimizarse, a ellos y a sus periodistas; el presidente de Globovisión pedía perdón a la audiencia por no haberlos informado oportunamente, mientras que su televisora y el resto de los principales medios siguen refiriéndose a Carmona Estanga como el "depuesto presidente provisional que fue probablemente engañado" y de cuyas buenas intenciones nadie duda, pese al brutal fascismo evidenciado durante su breve estancia en el poder. En su edición electrónica de hoy, el diario El Tiempo recoge la denuncia de Vilma Petrovich, quien habla de periodistas que incluso han pedido asilo o se marchan del país. La señora Petrovich, "reconocida internacionalista", según El Tiempo, afirma que "los medios fueron secuestrados durante las horas que precedieron el regreso al poder de Hugo Chávez Frías". Lo que El Tiempo no dice es que la señora Petrovich fue una de las firmantes de un comunicado pago publicado en la edición sabatina de El Nacional, en apoyo al golpe de Carmona Estanga. Los mismos medios que hacen malabares de oratoria para no llamar golpista a Carmona, comienzan a difundir hipótesis tan peregrinas como la del autogolpe supuestamente propiciado por el mismo Chávez. Rizando el rizo, se atreven a sugerir que la vuelta de Chávez sería inconstitucional, pues la asunción temporal del vicepresidente el pasado sábado constituiría ¡un reconocimiento de la renuncia presidencial!
Si esta es la situación a tres días del retorno a la constitucionalidad, cabe esperar un pronto aumento de la beligerancia mediática. Sin embargo, no puede dejar de sorprendernos la poca voluntad de rectificación que exhiben los dueños y trabajadores de los medios y, más allá, su incapacidad para leer la realidad. En la misma medida en que se acusa al oficialismo de carecer de un discurso dirigido a la clase media podemos acusar a los medios de mantener un discurso dirigido exclusivamente no a la clase media sino a la oposición antichavista, vale decir, a sus propios intereses. ¿Realmente creyeron que esos miles de venezolanos que caminaron kilómetros hasta llegar al Palacio de gobierno se quedarían en sus casas, mirando embobados un estúpido concurso sabatino?
Ayer por la noche recibí la llamada telefónica de un amigo a quien conozco como antichavista convencido. Me contó, con ingenua satisfacción, que durante el fin de semana se había dedicado a enviar correos electrónicos a todos los medios nacionales, insultándolos por no haber transmitido información. Pero de ese gesto adolescente había pasado ya a otro plano, y pedía mi colaboración para firmar una denuncia legal que planea introducir, junto a un grupo de ciudadanos comunes, por la violación de su derecho a ser informado.
De ese cambio en la conciencia colectiva no han dado cuenta los medios masivos, ni la oposición y quizás tampoco el gobierno. Los medios de información, que comienzan a sugerir la necesidad de relegitimar a un gobierno que volvió gracias al clamor popular, deberían preocuparse más bien por su propia legitimidad. Ese sábado 13, al final de la jornada en Miraflores, luego de la alocución del Presidente Chávez, un ruido repentino nos hizo volver las cabezas: el televisor que hasta entonces había servido de chanza volaba por los aires.
La hora de los medios comunitarios
El registro preliminar de violaciones a los derechos humanos cometidas durante las breves horas del gobierno golpista sirve para revelar claramente el corte fascista del grupo encabezado por Carmona Estanga: entre las primeras víctimas de allanamientos, persecuciones y detenciones arbitrarias se encuentran miembros de medios alternativos y comunitarios de comunicación, que han tenido un notable crecimiento cualitativo y cuantitativo durante los últimos tiempos.
La sede de Radio Perola, en la parroquia Caricuao, al suroeste de Caracas, fue allanada. Uno de los miembros de la emisora, Nicolás Rivera, fue brutalmente golpeado, al igual que su esposa y sus padres, en presencia de sus pequeños hijos. Rivera fue sacado a golpes de su casa y permaneció detenido hasta el domingo, en la sede de la Policía Judicial. También fueron allanadas las sedes de TV Catia, TV Caricuao y Radio Catia Libre, todas en Caracas. La sede de la última radio fue destrozada y la única persona que encontraron, un joven que conducía un programa sobre los Boy Scouts fue detenido durante pocas horas. Otras dos radioemisoras populares en el estado Trujillo fueron allanadas.
Al atacar a estos medios, se asestaba un duro golpe a la organización popular, de la cual constituyen un punto neurálgico: los medios comunitarios han servido para aglutinar a diversos sectores del movimiento popular; para el ciudadano común, se han convertido en una referencia de primer orden, frente a la desinformación imperante en los medios tradicionales. El mismo día del golpe y durante las horas subsiguientes, el sitio web antiescuálidos.com fue quizás el único que se mantuvo informando minuto a minuto sobre los acontecimientos que se sucedían en el país, tal como lo reconocen incluso otros medios informativos internacionales.
También fue determinante la actuación de los comunicadores populares en la recuperación de la señal del canal estatal, Venezolana de Televisión. Gracias a ellos, que se dirigieron espontáneamente a la sede de la televisora durante la tarde del sábado, el canal volvió al aire, luego de haber sido cerrado por los golpistas. Fueron los corresponsales de los medios comunitarios quienes se mantuvieron en las calles, registrando los hechos. Ayer lunes, por la tarde, una animada fiesta anunciaba en Caricuao que Radio Perola estaba de nuevo al aire.
Este saldo trasciende al gobierno chavista y difícilmente podrá ser destruido. Los medios populares, comunitarios y alternativos en Venezuela, siguen construyendo, junto al resto de las organizaciones sociales activas, su propia legitimidad.