El Mundo, 18 de Abril de 2002

Con el pueblo Sin rencor

Vladimir Villegas

Lo dije el jueves 11 de abril en mi columna. "Estamos, sin mayores rodeos, en la etapa crucial del plan desestabilizador, cuyo objetivo ya no es la defensa de la tal meritocracia sino derrocar al Gobierno del Presidente Chávez. La oposición conspiradora se juega a Rosalinda, con todo y dados". Esa misma noche se iniciaría la dictadura más breve que ha sufrido nuestro país, y que de no haber sido expulsada a tiempo gracias a la conjunción pueblo militares leales a la Constitución, tal vez se habría convertido en una dolorosa pesadilla, dados sus procedimientos claramente "fachos".

Ha transcurrido muy poco tiempo para pasarle revista a las causas de esta conspiración, y a las razones que determinaron su éxito inicial y su estrepitoso fracaso. Importa ahora decir que el "gobierno provisional" se dedicó a poner en práctica todo lo que se le endilgaba al Gobierno de Hugo Chávez. Violó los derechos humanos, asesinó ciudadanos, disolvió los poderes públicos, y en las pocas horas que se mantuvo en Miraflores no sólo metió la pata sino también las manos. Muchos fueron los objetos sustraídos, y hasta cierta cantidad de dinero desapareció de una de las oficinas de Palacio. Siento verdadera pena por aquellas personas, incluidas algunas que formaron parte del fugaz gabinete de Carmona Estanga, que prestaron sus nombres para tratar de legitimar semejante locura, y que para mí, pese al error que cometieron, siguen siendo gente respetable. De resto, muchos fueron los "buitres" con rabo de paja que se dieron cita en Miraflores para "enchufarse" como hicieron en el pasado. De lo que nos salvamos.

Autocrítica

Pero pese a lo ocurrido, a los abusos de poder, a la manipulación mediática, a pesar de la autocensura que se impusieron ciertos colegas y medios, y pese al silencio cómplice que guardaron frente a las evidentes violaciones de derechos humanos cometidas por el gobierno de Carmona, no es el rencor ni el deseo de venganza lo que debe imperar, porque a la larga eso no deja nada bueno. Al presidente Chávez se le ha pedido rectificaciones concretas, y hasta ahora ha respondido y ha pedido perdón por algunas de sus actuaciones.

De parte de ciertos medios, colegas y grupos de oposición partidistas o no partidistas, la reflexión y la autocrítica brillan por su ausencia, a excepción de casos como el de Alberto Federico Ravell, presidente de Globovisión, quien respondió con nobleza y altura a las palabras autocríticas del Jefe del Estado. Noto con preocupación que a ciertos medios y colegas, que prefiero no nombrar, les resulta imposible detener, aunque sea parcial o temporalmente, la andanada de descalificaciones, de desinformación y de flechazos envenenados. Muchos de ellos tienen su buena cuota de responsabilidad, al menos moral, en la espiral de violencia que estuvo a punto de devorar nuestra democracia. Y guardaron silencio frente a los desmanes de la dictadura que se instaló durante dos días. En contraste, colegas como Milagros Socorro alzaron su voz contra los abusos que se cometieron.

Pueblo digno

Con todo, soy optimista. Vivo en un país en el cual el pueblo sabe quitarse de encima a dictadorzuelos disfrazados de sociedad civil, y sabe defender su derecho a escoger el Gobierno y el presidente de su preferencia. Y en el cual también convive una legión de oficiales que no sucumben ante las tentaciones de determinados grupos económicos que dicen defender la democracia y luego la patean cuando ésta les estorba para hacer realidad sus planes.

Es en nombre de ese pueblo que, al igual que al difunto John Lennon, pido un chance para la paz, y también un espacio para el diálogo, para acercar posiciones, aislar los radicalismos de lado y lado y concentrarnos en una agenda temática. Los pobres de este país, los desempleados, las víctimas de los saqueos, los niños de la calle, esperan por nosotros. Y están observándonos, a ver si asimilamos o no la lección.

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