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Red Bolivariana, 17 de Mayo de 2002
Carta abierta a Ibsen Martínez
Ybelice Briceño L.
Lamentablemente no formo parte de las personas que pudieron reconfortarse y reconciliarse un poco con la intelectualidad venezolana -reconociendo que algo de ética queda enn ella- al leer su columna del sábado 20 de abril publicada en el diario El Nacional. Esta reconciliación estuvo empañada por el recuerdo de algunas de las frases y argumentos que usted esgrimió poco tiempo antes, justo una semana, cuando aún vivíamos bajo la breve monarquía del señor Estanga. La confusión y duda que me suscitan la lectura de ambas columnas me han inducido a preguntarle y pedirle, con toda modestia, me aclare algunas cosas.
Básicamente le formularé tres dudas, que considero centrales tanto para la discusión sobre el papel de los medios, como para la definición de los sucesos políticos que vivimos y la participación de ciertos actores en ellos.
En primer lugar, al leer en su artículo del día 20 la condena que hace a la burda censura practicada por los medios de comunicación en momentos en que el país más necesitaba que cumplieran su papel; al ver su "repudio a los valores que han llegado a prevalecer en el establecimiento comunicacional venezolano"; y leer, casi con agrado, su reconocimiento explícito de que los medios de comunicación en el país se escudan permanentemente en la consigna de la libertad de expresión para cerrarse a cualquier tipo de cuestionamiento o crítica sobre la forma en que desempeñan su labor, le pregunto ¿en qué momento se dio usted cuenta de este accionar que caracteriza la práctica diaria de los medios de comunicación venezolanos? O, mejor dicho, ¿cuáles aspectos de esta conducta antiética está usted cuestionando?, ¿se refiere solamente a la censura y omisión evidentes sobre los acontecimientos que se suscitaron durante todo el día 13? ¿Le parece que esa práctica fue un hecho aislado, que no encuentra relación con otras acciones de omisión permanentes -aunque de menor magnitud- en la cobertura informativa del desarrollo, por ejemplo, de actos masivos o manifestaciones a favor del gobierno? ¿Le parece que la censura de ese día no tiene que ver con toda una tendencia a la tergiversación, parcialización y manipulación de la información que se ha venido desarrollando desde hace, por lo menos, varios meses? ¿No cree que este acto puntual tenga relación con la evidente toma de posición política de los dueños de los medios, que los ha llevado a convertirse en actores de la oposición, en detrimento del derecho a estar bien informados que tenemos todos los ciudadanos? En suma, ¿cree usted que la responsabilidad de los medios se reduce apenas a estos puntuales actos de censura, o tienen también que responder ante la sociedad por su papel en la instigación a la violencia, por aupar pública e insistentemente a la salida antidemocrática y de fuerza del conflicto político, por circular y reproducir permanentemente discursos denigrantes y criminalizadores de sectores de la sociedad?
Mi segunda interrogante tiene que ver con los sucesos políticos recientes y la forma en que han sido entendidos y catalogados por muchos. Noto que habla usted ahora, con claridad y sin ningún empacho, del "golpe de Estado" que vivimos en Venezuela. Y, sin embargo, recuerdo que el sábado anterior hablaba en otros términos (de rebelión o de desobediencia civil), por lo que le pregunto de nuevo, ¿cuándo se dio cuenta de que el país había sufrido un golpe cívicomilitar?, ¿cuándo descubrió que había una abierta ruptura evidente del hilo constitucional y de la institucionalidad?
En su artículo del día 13 usted hablaba evitando ese tipo de calificativos y apenas sugería que "debía matizarse" "la inquietante presencia militar en el gabinete" incorporando a otros sectores, ejecutivos de PDVSA, por ejemplo. Aludía allí también, en tono casi heroico, al papel de los medios en lo que a su juicio era una acción insurreccional casi espontánea (e ingenua) de la sociedad civil y, especialmente, de los gerentes petroleros. Expresaba que "...en sinergia con el decidido papel de los medios de masas, la rebelión de los gerentes petroleros fue lo que logró imprimirle el aire modernizador al movimiento con que la sociedad civil derrocó a Hugo Chávez". Hasta ese momento no hablaba de golpe ni de cuartelazo, sino de descontento y desobediencia civil. Y como siempre puede quedar la duda de qué acontecimientos concretos habían ocurrido al escribir ese artículo, entonces le formulo la pregunta de otra forma: ¿usted considera que se dio un golpe de Estado en el país en el justo momento en que Carmona, autoelegido presidente, se proclama y echa al traste todos los poderes públicos, las leyes y las instituciones?, ¿le parece que fue en ese breve acto o acaso un poco antes? ¿Tal vez cuando se presiona militarmente al presidente para que renuncie, cuando se le priva de su libertad e impide comparecer públicamente, cuando no se reconoce al vicepresidente o presidente de la Asamblea como sucesores constitucionales del cargo, cuando se difunde mediáticamente información falseada para confundir a la población? ¿Acaso este golpe a la democracia no comenzó a rodar incluso antes, cuando se hizo un llamado a un paro general de carácter insurreccional, cuando todos los voceros de la oposición llamaran públicamente a la salida de Chávez y convocaran a las Fuerzas Armadas a que tomaran acciones al respecto, provocando así un clima de desestabilización? ¿O le parece que el golpe comenzó cuando se utilizó y movilizó el descontento de sectores de la población para propiciar un enfrentamiento sangriento que empañara la imagen del presidente y justificara su salida? En suma, le pregunto, ¿no consideró usted estos elementos cuando le tocó dar la cara el sábado 13 y dirigirse a sus lectores expresándoles su análisis y opinión sobre lo sucedido?
Por último, quisiera hacerle una observación a su artículo del sábado 13 -menos celebrado y difundido- en el cual hace alusión a los actores y prácticas que derrocaron a Chávez (a quien usted cataloga ya, sin más, de desatinado asesino). Allí usted se dedica a comentar y analizar lo que ha sido la gloriosa batalla de la alta gerencia de PDVSA, a su juicio la verdadera acción que puso fin al populismo totalitario de Chávez. Habla de una huelga petrolera de "magnitudes épicas" y una estrategia por parte de estos gerentes "extremadamente sofisticada y glamorosa" que sobrepasa la capacidad intelectual del presidente. Sin embargo, en la exaltación al espíritu cívico de los brillantes y especializados gerentes petroleros, sólo omite un pequeño detalle; uno relacionado a su accionar político, que en concordancia con lo que ha sido su postura ética y análisis político no debería dejar pasar. Me refiero a la acción de sabotaje practicada por tres de estos altos ejecutivos en contra de la Refinería de El Palito, que condujo a su paralización (que jamás había ocurrido desde que se instaló) y que produjo pérdidas materiales y económicas irreparables para el país, además de suponer riesgos gravísimos para las poblaciones cercanas. Esta acción de violencia -que implicó destrucción y sustracción de piezas vitales para el sistema- practicada por los quizás menos glamorosos y elegantes funcionarios, merece mínimo una condena moral (por no hablar de sus implicaciones penales) y un reconocimiento a su carácter vandálico. Es por eso que tal omisión en su texto me parece, por lo bajito, sospechosa. A fin de cuentas por mucho menos que eso suelen ser calificados de vándalos los simpatizantes del chavismo. Por cierto, así fueron denominados los manifestantes que protestaron (cívica o no cívicamente), hace ya meses, frente al diario El Nacional en contra de su campaña de manipulación y tergiversación de la información. En esa ocasión usted se unió al coro de letrados y personalidades que condenó categóricamente la manifestación, no sólo cuestionando sus prácticas o el tono de la protesta sino (lo que es más grave) criminalizando y denigrando a sus protagonistas. Habló usted de "desdentados", "menesterosos", "malvivientes", para referirse a esas personas, y aludía a ellos haciendo alarde de su prosa como "un pelotón de derrelictos humanos reclutado ahí a la vuelta...".
Parece que para ese momento usted participaba de esa suerte de cultura comunicacional que hoy critica, de esa "disposición permanente a exculpar a priori a los medios... y a descalificar toda crítica de sus prácticas" y de esa "insultante propensión a atribuirse una supremacía moral sobre el resto de los actores de la sociedad".
Por todo esto, le confieso, es que no he logrado conmoverme lo suficiente con su artículo de renuncia. Y que me cuesta tanto reconciliarme con la intelectualidad venezolana.