![]()
Red Bolivariana, 19 de Abril de 2002
Cacería De Brujas
Luis E. Rangel M.
Aplaudo la decisión del tres veces legitimado Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, al señalar que no habrá retaliación contra quienes usurparon brevemente el poder constitucional; porque si se pretendiera aplicarles un castigo acorde con el alevoso y premeditado daño que intentaron ocasionarle al país, sería necesario emplear incalculables recursos para juzgarlos debidamente. Comparto el llamado a rectificación de adeptos y adversos; aunque no respaldo la exigencia de estos últimos de que el gobierno se enrumbe hacia la errada dirección que ellos señalan y en la cual se mostraron incapaces de conducir apropiadamente el "vehículo nacional". Entiendo el clamor de quienes con sus declaraciones pretenden eludir su responsabilidad en los sucesos acaecidos y demuestran su temor de recibir el castigo que reconocen merecido, al manifestar que debe evitarse una "cacería de brujas"; pero señalo la necesidad de suspender los aquelarres, despojarlas de sus sombreros, confiscarles las escobas y romperles el caldero.
El cuidadosa y largamente elaborado plan de desestabilización comprende ¾puesto que aún está vigente¾ varias alternativas; en el supuesto, para ellos imposible, de que fallaran las acciones del jueves 11. Algunas de ellas ya están en marcha, como: asumir la posición de perseguidos políticos; acusar a Chávez de ser el responsable de una fallida intentona golpista para consolidarse en el poder; propiciar un estado de agitación social que obligue al ejecutivo a decretar un estado de excepción; difundir rumores sobre la supuesta inestabilidad gubernamental; crear caos en los servicios públicos; retardar los trámites administrativos del ejecutivo; encarecer los productos de la cesta básica y de las medicinas genéricas; entorpecer los planes de desarrollo nacional; continuar los ataques contra el gobierno, fundamentados en la innegable existencia de funcionarios ineptos y deshonestos y mantener desinformada a la población ¾el magnicidio cobra más fuerza ahora; pero su ejecución no debería relacionarlos¾. Razón tenía el Presidente cuando los llamó escuálidos; aunque sólo quiso decir escualos, por su comportamiento como "tiburones políticos" que pretenden devorar todos los recursos de nuestro "mar social", despojando de sus derechos a unas clases populares que ahora se sienten reivindicadas. La verdadera escualidez ¾la de ideas políticas apropiadas para reasumir el poder por la vía constitucional¾ la han mostrado nuevamente al intentar derrocar un gobierno electo por mayoría electoral, desconociendo el sentimiento democrático de este país, e ignorando el principio de derecho universal de que la existencia de un sector de oposición a cualquier gobierno no convierte a este último en ilegítimo.
Para quienes la democracia es el derecho de exigir su participación en el ejercicio de un poder que electoralmente les ha sido negado ¾por su incapacidad de entender que éste debe usarse en beneficio de la mayoría¾, y la libertad de expresión no es otra cosa que la impunidad ante el insulto permanente contra todo aquel que les reclama su obligación de someterse a un estado de derecho establecido, la aplicación de las leyes vigentes para el castigo de sus delitos es una "cacería de brujas". Con esta argumentación que no puede calificarse sino de política, porque no encaja dentro de ninguna lógica conocida, están tratando de eludir su responsabilidad; no sólo la que les corresponde por su apoyo inmoral al golpe de estado, sino la que no pueden encubrir por haber llevado al país a una condición que pretendieron sin salida y a la que Chávez le abrió una puerta de esperanza. Los miembros del ejecutivo no podrán continuar negando la existencia de los "demonios acomodadizos" que se apoderaron del "cuerpo revolucionario", puesto que algunos de ellos se mostraron abiertamente al responder a la "invocación de las brujas"; pero para exorcizarlos a ellos ¾y a los que creen que aún permanecen ocultos¾ será necesario realizar primero un acto de "contrición política", porque "¡demonio no expulsa demonio!".