El Universal, 11 de mayo de 2002

Aprender de Richard Páez

Mary Pili Hernández

LO QUE HA SUCEDIDO con la selección venezolana de fútbol no es producto de un milagro. Aunque algunos consideren que sólo la intervención divina pudo hacer que nuestro equipo no llegara de último en las eliminatorias previas al Mundial y sin querer desmerecer las gestiones que seguro hicieron la Virgen de Coromoto, la Madre María de San José y José Gregorio Hernández, también hay que reconocer el esfuerzo humano, en este caso protagonizado por el técnico del equipo, Richard Páez.

Lo que ha hecho Páez nos da una lección a todos. Tomó unos jugadores en los que nadie creía ni siquiera ellos mismos y les dio las herramientas que les permitieron enfrentarse de tú a tú hasta con la supercampeona selección de Brasil, cuya clasificación llegó a depender de si le ganaban o no a Venezuela, y muchos de ellos reconocieron que no era una empresa fácil.

Mientras todo el mundo decía que los jugadores eran malos, que en Venezuela no se podían producir buenos futbolistas, que no teníamos tradición y que pasarían años para que generaciones futuras comenzaran a producir resultados aceptables, este hombre creyó en esos mismos jóvenes y produjo en ellos un cambio de mentalidad. Comenzó a hablarles como ganadores. En lugar de estar pendiente de las jugadas que haría el equipo contrario, empezó a diseñar cuáles serían las estrategias de juego propias. En lugar de concentrarse en defender la portería para evitar que los invencibles equipos que los enfrentaban les marcaran goles, les dio confianza para que se atrevieran a avanzar, para que osaran pasar de la raya del medio campo y comenzaran a atacar a sus adversarios, obligándolos, de esta forma, a que fueran ellos quienes se defendieran. Por primera vez tenían un técnico que creía en ellos y nuestros jóvenes, nobles como siempre, dieron frutos.
Después de ver lo que está sucediendo con nuestro fútbol, valdría la pena preguntarse si no necesitaríamos también que Richard Páez nos diera un entrenamiento a todo el país. A veces parece que no creyéramos en nosotros mismos, que tuviéramos mentalidad de perdedores, que pensáramos que tienen que pasar muchas generaciones para que los problemas nacionales se resuelvan verdaderamente. Inclusive, en este momento en el que el Presidente ha tomado la iniciativa de convocar a un diálogo, algunos se niegan a sentarse a la mesa, con el argumento de que no creen que su intención sea real. Pues bien, ¿entonces qué hacemos?, ¿nos resignamos a pensar que no hay salida?, ¿asumimos que somos perdedores y que no podemos encontrar soluciones pacíficas a nuestros problemas?, ¿permitimos que los equipos se caigan a golpes en el medio de la cancha?

Sin duda que, siguiendo las lecciones de Richard Páez, se hace necesario que retomemos la confianza en nosotros mismos. El técnico venezolano demostró que podía ganar con los mismos jugadores, no los cambió. Brindemos un voto de confianza de parte y parte para que, tanto con los actores del gobierno como con los de la oposición, sin cambiar a ninguno, encontremos una salida para Venezuela. Eso es lo único importante.

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