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Al Timón, 30 de Agosto de 2002
Corrupcion
G. Irving Vierma L
"Venezuela está entre los 20 más corruptos" titula un diario, "Venezuela entre los países más corruptos de América Latina" indica otro, "La transparencia de la administración pública venezolana no pasó el examen" afirma un tercero, "Venezuela entre países más corruptos del mundo" titula otro.
En el desarrollo de la noticia solo dos de los diarios leídos dicen la entera verdad, de que no es solamente la administración pública sino también le acompañan empresarios inescrupulosos en esa tarea de colocarnos a los venezolanos en el infame puesto 81 de 102 países estudiados, aunque a otro centenar ni fue posible hacerles las encuestas.
Igualmente, solo los dos mismos periódicos reproducen enteramente las declaraciones de Peter Eigen, presidente de Transparency International, responsable del estudio: "Las élites corruptas en los países en vías de desarrollo, quienes trabajan de la mano con ávidos empresarios e inversionistas inescrupulosos, están colocando el beneficio privado antes del bienestar de los ciudadanos y del desarrollo económico de sus países" y transcribo esto porque hay muchos empresarios que no son extorsionados por los corruptos públicos, sino más bien buscan el éxito de la forma más fácil cual es ofreciendo dinero. Otra cosa que no se dice es que dentro de las empresas también hay corrupción de directivos y trabajadores y esto último es muy preocupante, porque deja de ser un problema puntual para convertirse en una especie de "cultura de la corrupción"
Esta propensión de los empresarios a sobornar tampoco es exclusiva de nuestros países, pues según el artículo, Australia, Suecia y Suiza encabezan la lista de las naciones donde sus transnacionales pagan a funcionarios públicos subdesarrollados para obtener jugosos contratos, en otras palabras, en vez de hacer esfuerzos para ganar las licitaciones, solamente preguntan ¿y a quién hay que darle?. Estos son tan corruptos como los recipientes de los sobornos.
Uno de los grandes problemas de esta "cultura de la corrupción" es que nunca se sabrá cuáles empresas son más eficientes, pues la medida siempre estará adulterada por el tamaño de la prebenda. Eliminar la corrupción tiene que ser un fin supremo, por nuestro desarrollo, por la decencia. Por último, es tan corrupto quien acepta un soborno como quien lo ofrece, aunque sea político, empresario, abogado, periodista o ciudadano común.