El Nacional, 9 de Septiembre de 2002

Conciencia revolucionaria

Ángel Rafael Tortolero Leal

Los ideólogos de la desesperación golpista, viudos y viudas de una sociedad signada por la apatía gubernamental y herederos de un extraño sentimiento de normalidad con respecto a la existencia de grandes bloques de pobreza material y humana alrededor de los centros económicos, no descansan en su predica desquiciante en contra de cualquier intento por conseguir un camino para la paz social y política que le urge al país.

Con una irresponsabilidad que traspasa los límites de cualquier análisis, esto mensajeros apocalípticos invaden cuanto espacio mediático este disponible para imponer un estadio de miseria del pensamiento social como vértice de dos líneas opuestas que en sus extremos destacan, un neo-racismo social emergente y una total ignorancia en cuanto al desarrollo de alternativas contrarias a las imposiciones globalizadoras del mundo unipolar.

En ese sentido, el neo-racismo social, al cual condenamos, surge como respuesta desesperada contra los movimientos sociales (Círculos Bolivarianos) que ha todo la largo y ancho de la República despierta al gran conglomerado humano obviado en el pasado.

Es por esta razón, que en estos momentos, la claridad táctica y estratégica es de suma importancia para el proceso en el cual estamos involucrado y en ese sentido, es conveniente aclarar los objetivos revolucionarios desde la perspectiva de sumar, depurar y decantar todas las voluntades en su favor.
Sumar el mayor número de esfuerzos en pro de la consolidación revolucionaria, con plena conciencia de que nuestra lucha es por la emancipación del manto ideológico (falsa conciencia) que desde los centros del poder económico emergen hacia los pueblos pobres del mundo.

Depurar los vicios de una cultura política casada con el oportunismo electoral con el cual se ha intentado socavar las bases de las estructuras políticas revolucionarias y decantar a los coleados y oportunistas que frente a la lucha corren despavoridos a refugiarse en los brazos del agresor.

Pero, no olvidando que el camino a la consolidación revolucionaria es difícil y la única vía para su éxito es la permanente invocación a la conciencia, al conocimiento sustantivo de los contenidos de cambios que se erigen en la Constitución bolivariana y dentro de este marco referencial, a la puesta en práctica de su mandato..

Reconocer lo anterior es entender el proceso mismo. Si algo caracteriza a esta revolución es que no debe existir posibilidad de desvío ideológico, por cuanto no se llegó al poder a improvisar sino a profundizar un conjunto de
cambios que tocaría lo más medular de los privilegios de la depuesta clase política del pasado. Por ello resulta inaudito pensar que las viejas prácticas política tengan entrada en la actualidad. Me refiero a esa forma de conciliar y negociar para el logro de posiciones personales. Aquí la situación planteada es todo o todo en pro de los mas desfavorecidos, no hay alternativa, él dialogo es para avanzar. Por ello cada día se profundiza la contradicción, se definen las fronteras entre básicamente dos bandos: los que defiende la hegemonía de una visión plutocrática de la política, versus los que asumieron el compromiso histórico de cerrar la brecha entre ricos ostentosos y pobres hambrientos.

Esta es la hora de convocarnos por un solo fin, la historia esta llena de las consecuencias nefasta que acarrea la división entre quienes profesan un mismo objetivo. De allí que, hacer una distinción entre chavismo, emeverrismo y bolivarianismo, decir que unos son más puros que otros, es caer en la trampa de los desquiciados que pierden las perspectivas de lucha en contra del golpismo fascista emergente y centran la discusión en torno a vanidosas posiciones que en nada favorecen la unidad.

Todos, desde cualquier trinchera de lucha, somos responsables del proceso. Por ello, los errores cometidos por individualidades dentro de las estructuras políticas bolivarianas no deben ser trasladado a las organizaciones. Unidad para avanzar.

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