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Tal Cual, 24 de Octubre de 2002
Refugiados en la Plaza Altamira
Solbella Pérez Rodríguez
El llamado a la desobediencia civil, efectuado el martes por 14 generales y vicealmirantes involucrados en los hechos de 11-A, halló eco ayer en siete oficiales y un soldado. No obstante, un aire de resignación y hasta desesperación empieza a recorrer la tarima. Algunos militares tenían la esperanza de que los representantes de la Coordinadora Democrática hicieran acto de presencia para anunciar un paro indefinido, como medida extrema; otros aseguraban que estarían allí hasta que el pueblo los abandonara y la DIM los detuviera. Los altos oficiales lucían cansados, pero no se negaban a autografiar franelas, banderas y chaquetas de los fans. El general Néstor González González fue el preferido de las señoras, quienes no se cansaban de felicitarlo por su "valentía". El alcalde Capriles Radonski también recibió los halagos pero de las jóvenes.
Ahmed Steiman fungió como moderador, un trabajo difícil si se considera que durante todo el día hubo un público ansioso de salir de Chávez a como dé lugar. Los uniformados desfilaron ante el micrófono, pero visto el agotamiento del discurso, le dejaron la palabra a niños de primaria, estudiantes universitarios, amas de casa, policías metropolitanos e incluso le cantaron el cumpleaños a una reportera de CMT. La periodista se sonrojó ante este acto que rayó en la cursilería.
A las tres de la tarde subió al estrado el copeyano José Curiel y en pocas palabras expresó su apoyo a los militares. Los uniformados le agradecieron su presencia, al tiempo que esperaban con ansias la llegada de los miembros de la Coordinadora. Un oficial de la marina mercante, que se sumó ayer, tenía la esperanza de que la coalición de oposición decretara un paro indefinido que reivindicara el "sacrificio" de los militares.
Pero algunos de los alzados el 11 de abril estaban conscientes de que el show terminaría justo cuando la gente se cansara de acompañarlos en la Plaza Altamira. A partir de ese momento serían detenidos. Algunos de ellos confiaban en que otros oficiales activos y con mando se sumarían a la desobediencia y argumentaban que por órdenes del Ejecutivo se le prohibió la salida de las unidades a los oficiales, y "por eso no se habían hecho presentes".
Los manifestantes exigían paro, querían nuevos pronunciamientos, al punto que se armaba una algarabía cada vez que un oficial se acercaba. Gritaban ¡Otros tres!, ¡Vienen más! Pero resultaban ser los mismos y los ánimos bajaban.
A las 6:30 de la tarde llegaron los miembros de la CD con su consigna de elecciones ya, para insatisfacción del público que gritaba: "paro, paro, paro". Vladimiro Mujica concretó la idea: "Hoy no es el día de decretar el paro nacional, hoy es el día de que Chávez anuncie su renuncia o el adelanto de elecciones. No tenemos miedo, aquí seguiremos". Hasta altas horas de la noche los antichavistas continuaban en la plaza, porque los oficiales pretendían pasar otra noche a la espera, quizás de un milagro.