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Red Bolivariana, 4 de Octubre de 2002
Mi Primera Visita A Tlatelolco
Raquel Turrubiates
Era la víspera del 2 de octubre, el frió otoñal se sentía correr en las calles con el tráfico y la gente, sólo 10 años habían pasados de aquella tarde en la que miles de almas jóvenes se preparaban para reunirse en la plaza de las tres culturas, enorme plaza con el pasado y el presente luchando para sobrevivir.
Yo estaba ahí con mis padres y con mi hermano, jugando y corriendo por la explanada, estuvimos desde temprano, después de la hora de comer; mi madre nos contaba de la importancia de la plaza, de todo lo que ella encerraba en cada piedra, en cada construcción. Recuerdo que a mis seis años trataba de entender lo que ella me decía y mi padre ratificaba, nos llevaron a mirar los temascales, mi padre nos dijo que en América no había viruela, que la habían traído los españoles, que en esas construcciones que estaban bajos mis pies los reyes tlatelolcas se bañaban y que a los españoles les había parecido impresionante esa ciudad de la que solo quedan rastros.
Mientras los oíamos mi hermano y yo corríamos por los pasillos y nos colgábamos de los barandales de metal que estaban sobre las ruinas aztecas, en tanto aprendíamos del pasado que ahí se evidenciaba.
Frente a las ruinas, al final de la explana se encuentra la iglesia, recuerdo que fuimos a visitarla, mi papá, ateo por convicción, indignado nos contaba de cómo fueron sometidos los indios para obligarlos a hacer estas edificaciones sobres sus antiguos templos, siempre pensé que algo de los caballeros águila había heredado mi padre. Mi mamá asentía sin agrado con la cabeza, peleaban dentro de ella la mexicaneidad y la religiosidad, ella nos llevo al interior de la iglesia a mirar la pila bautismal donde cuentan se bautizó a Juan Diego. En el altar mayor, cubierto con oro estaba un lienzo de la virgen morena y también ahí estaba México.
Después salimos por la explanada a correr otro rato, nos compraron golosinas y nos hicieron mirar las torres Chihuahua y Baja California nos contaron del México moderno y el por qué el nombre de "Plaza de las Tres Culturas".
Ya cuando el sol caía y la ciudad iba encendiendo sus luces para vestirse de amarillo y hacer relucir los restos de escarcha tricolor que aún colgaba entre las calles, tras el mes patrio de de septiembre y esperando ahí que llegara noviembre y diciembre para volverse a vestir de fiesta y que en la escarcha relucieran los colores patrios y después la navidad, caminamos hacia el edificio de relaciones exteriores, paseamos por los pasillos y mi hermano y yo nos escondíamos en las columnas.
En ese momento mis papás empezaron a hablarnos de historia una vez más, pero esta vez a los dos les dolía, algo les incomodaba, estaban hablando de la historia reciente, casi podíamos decir del presente. Recuerdo que mi mamá nos dijo que en esa plaza hacía diez años había pasado una tragedia, una más para la historia, la voz se le quebró cuando se refirióa su hermana mayor, dijo casi como rezando -aquí fue donde Silvia vio los tanques, ella se fue a las antes de las 6:00 pm, había llegado temprano, se fue antes de que comenzara todo, sólo vino a ver y ahí (señaló con un dedo hacia algún lugar) estaban los tanques- se hizo un silencio largo como calando los huesos y seguimos caminando en la noche de la ciudad.
El 68 y los años anteriores en México fueron de mucha actividad política, para ese momento el presidente Díaz Ordaz hacia posible el "milagro mexicano" y todo parecía en orden, pero la clase media se había empezado a organizar y a tomar conciencia, así empiezan los reclamos como el de los médicos de instituciones públicas, el gobierno disolvía estas manifestaciones hasta que la organización llegó a los estudiantes y el gobierno empezó a infiltrar personal de seguridad en las escuelas. Se desata una riña callejera entre estudiantes de escuelas vocacionales (Bachillerato adscrito al Instituto Politécnico Nacional), en el país diversos grupos de estudiantes luchan por la autonomía de las universidades que para entonces en el interior muchas eran privadas.
Mientras en la ciudad de México en el verano del 68 el gobierno reprime brutalmente una riña callejera, los estudiantes indignados organizaron una manifestación que coincidió con una marcha del PCM, en esta marcha el gobierno una vez mas usa a los infiltrados que provocan destrozos, encarcelan a dirigentes del PCM porque México estaba organizando las olimpiadas y necesitaba un clima de tranquilidad.
Los estudiantes se siguieron indignando y el gobierno siguió
reprimiendo y se daban frecuentes enfrentamientos entre las fuerzas del orden y
los estudiantes hasta que el ejército le cayó a bazukazos a una escuela
preparatoria (bachillerato de la UNAM).
Así se fue pasando el verano y con el ataque a la Escuela Nacional
Preparatoria, donde se destruyó un portón barroco, los estudiantes
encuentraron la solidaridad de amplios sectores de izquierda, intelectuales y
profesionales de clase media. Los estudiantes organizaron un Comité Nacional de
Huelga y fueron logrando la simpatía del pueblo en mítines relámpagos y otras
actividades en donde daban a conocer su versión de los hechos que no coincidía
con la de los medios de comunicación, pero había muchos sectores que habían
sido incorporados ya al régimen. Una de las marchas más significativas fue la
del 13 de agosto, una marcha silenciosa en donde muchos de los estudiantes
marcharon con una cinta adhesiva en la boca y con gran apoyo, pero esta marcha
también fue reprimida, 250, 000 personas.
El gobierno desesperado por la proximidad de las olimpiadas ejerció mano dura, extremadamente dura, contra los estudiantes. Los ánimos fueron subiendo y en la UNAM y en el Casco de Santo Tomas (una de las sedes del IPN) hubo represión, los estudiantes hieron su cuartel nacional en la UNAM y desde ahí lanzaron los 6 puntos de su manifiesto:
El Consejo nacional de huelga hace público el pliego petitorio de seis puntos por el cual estamos luchando.
1.- Libertad de todos los presos políticos.
2.- Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal.
3.- Desaparición del cuerpo de granaderos.
4.- Destitución de los jefes policíacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías.
5.- Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos del conflicto.
6.- Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.
Exigimos la solución inmediata y definitiva por parte del Poder Ejecutivo a nuestras demandas.
Reiteramos que nuestro movimiento es independiente de la celebración de los XIX Juegos Olímpicos y de las fiestas cívicas conmemorativas de nuestra Independencia. Reafirmamos, además, que toda negociación tendiente a resolver este conflicto debe ser pública.
A diez días de las olimpiadas el CNH llamó a un mitin a las 5:30 pm pero una hora antes algunos simpatizantes habían empezado a reuniese, en el edificio Chihuahua de la unidad Habitacional Tlatelolco se instaló el CNH y personalidades que apoyaban o cubrían el movimiento, uno de los oradores dijo "hemos logrado despertar la conciencia política de la familia mexicana" habló otro.
Un helicóptero empezó a sobre volar la Plaza de las Tres Culturas, salieron luces de bengala rojas y verdes, algunos infiltrados, abajo en la plaza entre la gente, llevaban un guante blanco, tras la señal, a las 6:10 pm empezó la masacre.
Mi padre dentro del ejército también fue víctima del silencio, era estudiante de medicina en el 68 y quería a su gente y a su pueblo, estaba en la escuela médico militar y organizó un protesta apoyando a los universitarios de la UNAM y del IPN, fue procesado y después mandado al desierto en zona de castigo por 4 años, teníamos dos años de haber vuelto del castigo y aparentemente también a él le dolía el 68, ahora era mi padre el que peleaba con sus fuerzas internas, con la disciplina militar diciendo -el ejercito cumple órdenes no fueron los culpables- y por otro lado sabía que ahí en esa plaza había habido una matanza cruel a jóvenes y familias indefensas, muchas de ellas cometieron el delito de ser trabajadores y vivir en Tlatelolco.
Y así pasaron los años mientras inicié mi estudios, nunca vi en un libro de texto la historia del 68, pero en casa se hablaba de eso ocasionalmente, en la escuela mis maestras cada 2 de octubre lo hacían de manera clandestina y saliéndose del programa, quizá porque ellas lo vivieron, quizá porque alguna perdió a un novio, a un hermano o a un amigo, quizá solo porque callarlo les comía el alma.
Y fui creciendo y el dos de octubre fue quedando en la historia, ya en el bachillerato, en el IPN, me fue interesando más por saber lo que había pasado y en las clases de literatura se hablaba del tema y en la clase de historia y en la de problemas socioeconómicos de México, pero nunca en un libro oficial, y fui buscando la historia y encontré a Elena Poniatowska y a Orana Falacci, y fui a la Hemeroteca Nacional.
En la Hemeroteca Nacional los diarios de 1968 tienen noticias cortadas, silenciando la historia el régimen no dejo rastro y pretendió borrar de la historia la sangre derramada, otras publicaciones de octubre de 1968, las contestatarias, fueron sacadas de los archivos y se fue mutilando la historia.
Pero la historia no se mutila jamás mientras quede un hombre digno y un testigo, y menos cuando se escribe con sangre. Empezaron a salir publicaciones, y salió en el régimen de Salinas de Gortari la película Octubre Rojo, no había imágenes que me explicaran qué sucedió, solo la tragedia a la mejor usanza griega dentro de un departamento contando las miserias del 2 de octubre y la valentía de un pueblo, y la resistencia heroica de los estudiantes y trabajadores que abrieron sus puertas para salvar la vida de algún estudiante o para entregar la suya.
Y siguieron pasando los años y seguí buscando sin encontrar demasiado, ni respuestas ni justicia, pero nunca volví a la plaza de las Tres Culturas, alguna vez tuve que ir al edifico de Relaciones Exteriores y miré de lejos la explanada, los temascales y las ruinas, el Chihuahua y la Iglesia. No tenía valor de volver pisar la explanada, como quizá no lo tenga jamás, hoy todavía me da vergüenza lo que ocurrió, pero me inspira a seguir luchando por los ideales que no pudieron ser masacrados.
Y el régimen parecía triunfar, y muchos de aquellos que estuvieron protagonizando los hechos del triste 2 de octubre parecían renunciar y silenciaban sus ideales traicionándolos, y así creció mi generación aprendiendo a traicionar, a no confiar en nadie ni en uno mismo, pero la sangre cuando se riega echa raíces y a veces frutos, también en mi generación estábamos los que queríamos saber la verdad, los que fuimos inspirados por aquellos jóvenes revolucionarios que todo lo que pedían era "dignidad" y "equidad", estamos los que el 2 de octubre echo raíz y no se olvida.
Se abre un nuevo horizonte para encontrar la verdad y plantar en la memoria el 2 de octubre para que nunca más vuelva a pasar y para descubrir donde están los muertos y los desaparecidos, donde quedó la verdad.