![]()
El Nacional, 1 de Octubre de 2002
Paro abajo
Earle Herrera
Talión
Si Fedecámaras decide y se lo ordena, la CTV lanzará la aventura del paro. No preguntemos lo que dirán los mártires de Chicago que con su sacrificio dieron origen al Día Internacional del Trabajador. Olvidemos la proclama del viejo Marx a los proletarios de todos los países. Dejemos en su sitial histórico a los fundadores del sindicalismo venezolano. Ni siquiera el realismo mágico, aquella matanza real de braceros en huelga ordenada por las bananeras transnacionales y narrada por García Márquez en Cien años de soledad, sirve para explicar la postración e inversión de valores y principios de la central de Carlos Ortega.
La declinación cetevista comenzó cuando sus dirigentes devinieron banqueros y algunos pararon en la cárcel. Luego, esos mismos "líderes" entregaron a los patronos las prestaciones sociales de los trabajadores. Pero nadie imaginó que la decadencia llegara al extremo de que su agenda y pasos se los dictara la cúpula empresarial. En ese punto aciago yace sumisa, postrada. La CTV fracasaría en su acción sin la muleta de Fedecámaras. Es ésta la que conduce sus luchas "obreras", por obra y gracia (o desgracia) de la actual dirigencia sindical. Luego, no se trata de paro sino de cierre. Los empresarios cierran sus empresas, pagan el día a los trabajadores y la propaganda se encarga de decirle al país que hubo un paro. ¿Cuál paro? El cierre o paro remunerado del 10 de diciembre costó a los pequeños y medianos empresarios, industriales y comerciantes 250 millones de dólares. Siguió el de abril y se anuncia otro, por un costo parecido. Carmona y Fernández les están saliendo caros a sus afiliados; pasarán a la historia como los líderes empresariales que quebraron a más empresarios (medianos y pequeños). ¿Vale la pena esa "inversión", con quiebras incluidas, sólo para controlar una central deslegitimada y devaluada como la CTV? En cuanto a los trabajadores, estos paros no son reivindicativos, sino con un fin loco: tumbar al Presidente constitucional. La lección de abril está allí, fresca, reciente: sin pueblo, ningún cierre patronal ni paro remunerado tienen vida.
La relación CTV-Fedecámaras, un fenómeno contranatura, evidencia esas uniones perversas y aberradas de un dominador y un dominado. La patronal lleva la batuta o el fuete, según sea el caso. El último regaño estalló cuando al señor Cova, secretario general cetevista, se le ocurrió fanfarronear que exigirían un aumento general de salario de 40. %El propio Carlos Fernández, firmante del decreto fascista de Carmona, rechazó esa propuesta y la suya fue, para la dirigencia "obrera", santa palabra. La CTV enmudeció y, entre pucheros, no volvió a nombrar ese porcentaje. Semejante sumisión no tiene parangón en la historia, con regaño incluido. Después, aclarado quién manda a quién, salen para Chuao a marchar juntos, en una especie de matrimonio feliz e igualitario para las galerías y "el qué dirán".
Es triste lo que está ocurriendo con la parte del movimiento obrero bajo el ala de esta CTV. Las caras nuevas que llegaron a su cúpula, guardan un vergonzoso silencio. Dentro de una semana marcharán juntos, a lo mejor vuelven a hacer un paro-cierre sin sentido y sin futuro. A la final, quedarán muchos pequeños y medianos empresarios quebrados por sus dirigentes y una central sindical desnaturalizada al vender su alma al diablo por bastardos intereses. El puntapié de la patronal, cuando ya no les sirvan, será la recompensa por los favores recibidos o los servicios prestados. La historia está llena de ejemplos que ilustran el destino y desenlace de esas relaciones perversas de dominación y sumisión. La CTV, desde la corrupción de ayer hasta el entreguismo de hoy, así labró el suyo. Paro abajo.