![]()
Red Bolivariana, 24 de Octubre de 2002
El Estilo de Chávez
Abdel M. Fuenmayor P.
La palabra estilo tiene en el Diccionario de la Real Academia Española, en algunas de sus acepciones, los significados de modo, manera, forma, uso, costumbre, práctica, y, también, el de la manera peculiar de escribir o de hablar de un escritor o de un orador. Por extensión, podríamos entender por estilo la expresión visible del carácter o modo de ser de cualquier persona, el cual, por supuesto, dentro de una cierta unidad, varía según el rol que en alguna circunstancia le toque desempeñar. El Presidente Chávez tiene un estilo, cosa que de por sí nada tiene de sorprendente. Cada presidente tuvo o tendrá el suyo. Todos tenemos un estilo, uno o varios modos de ser. La cuestión con Chávez es que él posee un estilo muy peculiar como gobernante, en tanto que su manera de ponerse de manifiesto, de expresar sus ideas y de comportarse como presidente difiere de manera evidente, hasta llamativa o chocante, de la manera de otros gobernantes anteriores de este país y actuales en Latinoamérica. Si yo quisiera describir las características de ese estilo diría que Chávez es espontáneo (dice lo que piensa, sin reflexionar sobre los alcances políticos de sus discursos); un tanto ingenuo (cree en la bondad natural de la gente, en la rectitud de sus motivaciones, en la nobleza de su pueblo, etc.); populista (gobierna por y para el pueblo bajo y disfruta compartiendo con las masas pobres, identificándose con ellas, entendiéndolas y entusiasmándolas); sincero (carece de cálculo, de doblez, no es intrigante, no es "político" ni diplomático); posee sentido del humor y a veces es un tanto socarrón, pero sin acidez; es modesto, sencillo y familiar (alejado del protocolo, de la falsa apariencia burguesa); posee dotes histriónicas naturales (buen comediante, dentro de su sinceridad); es osado (su corta vida política lo pone en evidencia), hiperactivo, apasionado y antagónico del poder que reina en el mundo y del de las cúpulas (económicas, políticas, militares, eclesiásticas) que hasta ahora habían (?) reinado en el país.
Ese estilo difiere claramente del estilo de los presidentes venezolanos que lo anteceden en el mando; podría decirse que es, más bien, una imagen opuesta al de sus predecesores. Éstos han sido -con notables excepciones, tales como Rómulo Gallegos, quizás Medina Angarita, en gran medida Rómulo Betancourt y probablemente Raúl Leoni- reservados, diplomáticos, calculadores, prestos al engaño y al ocultamiento, distantes, maliciosos, sin ideales, protocolares, materialistas, oportunistas y, sobre todo, aliados de los poderes que gobiernan el mundo y de las fuerzas que dirigen y explotan el país.
No debe haber sorpresa en el hecho de que quienes se oponen al gobierno de Chávez hayan hecho hincapié, como una muletilla, en su crítica al estilo de Chávez, más que al de sus acciones de gobierno. Chávez, para la oposición, es vulgar, bembón, chabacano, aliado de la "chusma", irrespetuoso, atrevido, inconscientemente audaz, diplomáticamente estúpido, etc., etc. La cuestión es que si Chávez cambia su estilo, como muchos de buena o mala fe le demandan por razones tácticas o de principio, dejará de ser Chávez y se convertirá en un Carlos Andrés, en un Carmona Estanga, en un Lusinchi, en un Arias Cárdenas, en un Salas Romer o en cualquiera de los "líderes" de la oposición, en cuyo caso, por cierto, para esa oposición no importaría en cuál de estos personajes o de sus semejantes encarnara el actual Presidente. Lo que realmente les interesa está por debajo de la piel.
Chávez, figura hasta hace poco desconocida en el ámbito de la política, surge como un meteoro en la arena de la lucha por el poder. Y llega y triunfa; como una sorpresa que causa estupor en el seno de los partidos tradicionales, a tal punto que les cuesta rehacerse y disponerse a la lucha feroz por la conquista de sus antiguos predios privilegiados que no eran otra cosa que el país entero. Pero el triunfo de Chávez se debe a dos factores principales: en primer lugar, la oscura intuición de las masas empobrecidas y sojuzgadas que comienzan a sentir la injusticia social que las ha segregado por décadas, y esperan, allá en el fondo, el surgimiento de un milagro. En segundo término, la personalidad de Chávez: ese estilo que permite a las masas identificarse con su figura; sentirse emocionalmente ligada a su caudillo. Esto significa que Chávez, en gran medida, debe su triunfo político, pleno y reconfirmado, a su estilo. Si lo cambia, Chávez perderá el apoyo de esas masas, y ese apoyo es su más potente y casi único baluarte frente al antagonismo y decidida tarea de los poderes, internos y externos, que pretenden expulsarlo por cualquier medio del poder.
Otro asunto diferente, que amerita un análisis ulterior, será el de si la persistencia del estilo de Chávez podrá conducir a la realización de su proyecto de una sociedad más justa, más equilibrada y realmente independiente. Doy por sentado que los otros estilos, los estilos antichavistas, jamás lograrían alcanzar estos fines, puesto que, por definición, pese a su propaganda, se oponen a ellos.
Mérida; Agosto de 2002