El Mundo, 24 de Octubre de 2002

Disyuntiva opositora

Vladimir Villegas

El golpismo volvió a mostrar las uñas. Ya no hay forma de que se siga ocultando de manera cómplice y hasta cínica que hay sectores jugando a provocar la ruptura de la constitucionalidad y la instauración de un gobierno autoritario. Se les agotan las cartas y por eso están desesperados, sin detenerse en hacer cálculos en torno a las consecuencias de sus actos. Están dispuestos, incluso, a lanzarse a la aventura del magnicidio. El fin justifica los medios.

Hoy más que nunca está al descubierto la estrategia de un sector opositor que no quiere hoy ni ha querido nunca transitar por el camino democrático, sino por el atajo de la violencia, del arrebatón político y del terrorismo. La oposición democrática está ante la disyuntiva de acompañar con su silencio y sus excusas a los golpistas o de deslindar definitivamente y asumir -de una vez por todas, y por las calles del medio- el compromiso de actuar dentro de los cauces constitucionales.

Es la hora de las definiciones.

Se está o no se está con el golpismo.

Lamentablemente, sectores de la población, que merecen nuestro respeto como venezolanos y venezolanas que son, han venido haciendo coro a favor de salidas antidemocráticas. Han calado en tal grado de desesperación, estimulados por la campaña de odio, de discriminación social y hasta racial que promueven ciertos medios de comunicación, y no han reflexionado en torno a lo que ocurriría en nuestro país si se asume la violencia, el golpismo y hasta el fascismo como forma de hacer política. Además de deprimente, es indignante ver cómo los mismos golpistas del 11 de abril, los que secundaron a Carmona Estanga en su fugaz dictadura, se atreven a hablar de valores democráticos, de libertad, de dignidad, de derechos humanos, nada de lo que respetaron en sus escasas, pero tenebrosas horas de mandato. Por fortuna, quedaron al descubierto ante el mundo.

Y, muy importante, la Organización de Estados Americanos pudo verlos en acción y repudiar su conducta.

Ahora se impone hacer valer la Constitución y las leyes para que quien pretenda derrocar al gobierno electo democráticamente asuma sus responsabilidades, y no se esconda tras estrategias legales y hasta sensibleras para escurrir el bulto y librarse de las sanciones que nuestro ordenamiento jurídico establece, previo cumplimiento del debido proceso. Este nuevo fracaso golpista tiene que servir para que la oposición se convenza -de una vez por todas- que tienen espacio para actuar, protestar, exigir, demandar y hasta patalear, siempre dentro de los linderos de la Carta Magna aprobada en referendo por el pueblo. Pero ya basta de coqueteos con el golpismo. Los sectores democráticos de la oposición tienen la palabra.

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