Venezuela Analítica, 23 de Octubre de 2002

Asnodemocracia: hipocresía intelectual

Eduardo J. Marapacuto

Más allá de las ruidosas voces hegemónicas y de los discursos provenientes de los círculos intelectuales internos y externos, en el país se viene desarrollando un proceso propio de la reingeniería política que además de transformar el sistema y las estructuras del Estado, ha abierto las compuertas del debate y reactivado la cultura de la participación política. En ese sentido, se asume que los niveles de confrontación y polarización presentes en el debate político no son más que la expresión de una madurez democrática que comienza a experimentar la sociedad venezolana.

El tono elevado de la discusión no es signo de decadencia ni mucho menos de desgaste y deterioro de los valores democráticos. Al contrario, el ciudadano común y el pueblo en general están despertando del letargo para incorporarse a la lucha política y recuperar los espacios y expresar sus ideas y defender sus proyectos. La democracia protagónica se hace presente y ya el engaño "puntofijista" de la democracia del voto cada cinco años ha quedado al descubierto. El nuevo tiempo ha llegado y no hay vuelta atrás.

Por supuesto, este despertar político del pueblo venezolano ha encontrado sus resistencias provenientes de las elites políticas, económicas, religiosas y militares. Se trata de sectores que sobre la base de un discurso conservador delimitan los espacios y trazan los canales de participación, donde casi siempre los resortes del poder y la dirección de las instituciones del Estado quedan bajo su tutela. Las reglas del juego democrático son decretadas y modificadas de acuerdo a sus propios intereses.

El periodo "puntofijista" constituye un buen ejemplo del acuerdo de las elites venezolanas para defender sus privilegios e imponer un sistema político excluyente.

Revisando esas resistencias localizamos en primer lugar a los partidos AD y COPEI, organizaciones acabadas, con muy pocos dolientes y sumidas en la desgracia. Dentro de este paquete fúnebre encontramos a los protopartidos que a ratos juegan a la democracia y al fascismo. Sus condiscípulos no logran madurar políticamente y apenas le muestran las "chucherías del fascismo" las lombrices se les alborotan.

En segundo lugar están los grupos económicos, que una vez perdidos sus privilegios y jugosos contratos con el Estado, se ensañan contra el gobernante de turno por no permitirle satisfacer sus apetencias.

En este sector encontramos a algunas organizaciones sociales que han visto disminuir sus privilegios y ya no pueden influir para la obtención de beneficios para su grupo.

Luego están las resistencias que vienen de los sectores religiosos, que no comulgan con el proyecto político ni con los liderazgos que están en el gobierno. Apartándose de los oficios religiosos, algunas vestiduras saltaron a la "arena" política para cuestionar el gobierno y ayudar en la conspiración. En verdad, sólo se trató de individualidades que se descarrilaron pero que aparentemente ya están de vuelta a sus casas cúrales. No obstante, a veces se asoman por las ventanas para bendecir a los golpistas.

Desde el sector castrense se han pronunciado algunas voces descompuestas que quieren que la democracia sucumba a los pies de los fascistas. El grupo de militares que alabaron el Decreto golpista del 12 de abril, quizás nunca pensaron que por encima de sus frustraciones personales hay un sentimiento institucional inquebrantable que no se doblega ante la traición. Precisamente, en la medida que los traidores cuelguen sus uniformes, la tropa avanzará por los caminos de la disciplina y se alejará de la perfidia.

Igualmente, como parte de las resistencias elitescas nos topamos con los círculos intelectuales internos y externos, cuyo discurso viene cargado de odio y que tiende a confundir en vez de contribuir en la explicación y comprensión del debate. Este sector es sumamente de cuidado, pues cuando se afectan sus intereses tienden a formular propuestas que son tomadas y aplicadas al pie de la letra por los sectores anteriores. En nombre de esos intereses se "quitan" o "ponen" gobiernos en América Latina.

Eso es lo que se quiere hacer en Venezuela, donde el proyecto chavista choca con los intereses de estos grupos; de allí es que venden la idea del golpe, para salvar la democracia. Allí comienza la simulación.

En la Venezuela actual el discurso y el debate político está siendo afectado por la hipocresía intelectual. El tiempo de lo precario parece haber tocado sus puertas. Ahora vemos a "eminentes" historiadores llamando a asesinar al Presidente de la República; a reconocidos "constitucionalistas" redactar Decretos fascistas y hablar de "asnodemocracia"; a periodistas que distorsionan la noticia y manipulan el discurso. Inclusive desde el exterior llegan voces de escritores, que reflejan una verdad más virtual que real.

Más allá de todo ello, en el país se vive una realidad que trasciende las posturas e interpretaciones intelectuales. La niveles de participación y el apego al proyecto político de Hugo Chávez desmontan el discurso de los letrados, que juegan con las palabras para confundir y manipular la conciencia del pueblo venezolano.

Precisamente, por creer en la democracia el sujeto pasivo se vuelve protagónico para despejar el camino de la manipulación y el engaño. De allí que las voces del pueblo, del verdadero pueblo, comienzan a exigir con fuerza a los intelectuales, a los sectores políticos y económicos, a los periodistas y medios de comunicación social, que le hablen claro al país. Es necesario que todos juntos le salgamos al paso a las voces pérfidas que quieren "encender" el fuego para acabar con las esperanzas de millones de compatriotas. La campaña incendiaria que pretende hacer ver que en Venezuela ya se chamuscaron las cortinas de seda de la democracia y se pretende sustituirlas por otras de nailon dictatorial, están alejadas de la realidad.

La verdad es otra, y el pueblo empieza a despejar los caminos de la democracia posible. Por más puñetazos que den sobre la mesa los grupos golpistas y por más que se empeñen en confundir, el pueblo se apega cada vez más a un proyecto real, dejando atrás las llanuras corrompidas de la democracia "puntofijista".

A pesar del apoyo real del pueblo hacia el liderazgo de Hugo Chávez, los sectores de la elite se empeñan en crear el caos y sembrar la incertidumbre. De verdad, cuesta entender la irracionalidad de dirigentes políticos, que ante la falta de argumentos democráticos se atreven hasta dar ultimátum al Presidente para que renuncie al poder legitimo que le ha dado el pueblo. Ese pedimento "baboso" es una estupidez que desmejora el debate político.

Si nos apoyamos en herramientas de la epistemología y la psicología política, vamos a encontrar elementos teóricos que dejan ver claramente los niveles de irracionalidad en el discurso intelectual. Ante tanta inferencia precipitada se debe buscar otros referente y donde el correlato sea más real que virtual. Mientras los intelectuales sigan atrapados en su propia hipocresía, es decir la "asnodemocracia", el pueblo seguirá avanzando en la construcción de la democracia participativa.

(*): Politólogo. Magíster en Ciencia Política.

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