Top Secret, 17 de Noviembre de 2002

El tipo llegó y se fue

Adnan Abidar

Ese día el tipo llegó a Caracas. Fue la primera ciudad que quiso visitar después de tanto tiempo de estar ausente.

Cuando llegó el sábado, acudió a la Plaza Altamira. Estaba vestido de manera normal, con una guayabera blanca y unos pantalones muy modestos, entonces se acercó a la tarima dispuesta en ese lugar. Ese día una gran multitud se había reunido para escuchar el mensaje de los hombres cuyas pasiones envilecen. Pero nadie se percató de su presencia, pues todo lo que él es, está en su interior.

Sin temor alguno subió a la tarima. Se acercó al personaje que en ese momento pronunciaba unas palabras ante aquella multitud cautiva. El individuo vociferante, de dura expresión, extrañado por la paz que este humilde hombre le inspiraba, permitió que de sus manos él le quitara el micrófono. Entonces pronunció sus primeras palabras para proclamar sus predicas:

"El Espíritu Creador está sobre mí, porque soy el elegido para anunciar la verdad a los pobres. He sido enviado para proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar la era del bien y la justicia."

Al terminar de pronunciar estas cortas palabras, un gran silencio reino en los alrededores de aquella plaza desbordada de pasiones; mientras él cerraba sus ojos y bajaba su cabeza en clara señal de dolor por el hombre desorientado. Y siguió diciendo:

"Lo que acaban de escuchar es, y será. Hoy ha tenido su cumplimiento"

Entonces un grito perturbador se escuchó de boca de uno de estos hombres cautivos. ¡CHAVISTA LOCO!, ¡CHAVISTA DESGRACIADO, BÁJATE DE ALLI!, y toda la multitud comenzó a gritar improperios y ofensas contra él, ¡FUERA!, ¡FUERA!, ¡ASESINO!. Impávido, sin abrir sus ojos, levantó su rostro al cielo y abrió sus brazos para clamar por la gracia del Padre Creador. "¡Dios! ; perdónalos que no saben lo que hacen...". Pero una avalancha de objetos fue a estrellarse contra su humanidad, lo que hizo que un hombre, cuyo corazón aún podía sentir el dolor ajeno, lo tomara por un brazo bajándolo de la tarima con prontitud.

Solo y humillado, un grupo de personas cuyas mentes secuestradas no permitían ninguna consideración por el débil, optó por seguirlo al tiempo que lo arreaban con patadas e insultos para que desalojara aquel lugar.

Cansados de ofenderlo, por fin lo dejaron seguir su camino. Dolido y ensangrentado, con su ropaje desecho, caminó hacia el Oeste por las calles sinuosas de la ciudad. Lo hacía sin rumbo alguno, pues estaba asombrado por tanto odio concentrado en el alma de algunos hombres.

Al cabo de algunas horas de andar errante, se acercó a una humilde vivienda. Tocó la puerta muy suavemente y una señora de edad madura atendió: "¿Quién es?"; entonces como pudo respondió: "Señora, por favor, ¡ayúdeme!". La humilde dama abrió la puerta y vió su rostro cubierto de sangre. Ella se asustó, pero apenas por un instante, pues al ver sus ojos, quedó envuelta por un halo de paz y amor. Lo tomó por un brazo y lo ayudó a subir el pequeño escalón que permitía acceder a la vivienda. El se apoyó en ella y juntos caminaron hasta la primera silla que hallaron.

La dama extrañada por la maravillosa sensación de ternura que la embargaba, lo curó y le dio cobijo hasta que se recuperó de sus heridas.

Los días que estuvo bajo el cuidado de esta dama de noble alma, conoció a Antonio y a su hermano Ricardo. Sus acertados pensamientos y el amor que transmitía al hablar, lograron cautivar sus corazones, y junto con el de ellos, el de muchos hombres más. Al poco tiempo su fama se extendió por todo el barrio, y más allá, a otros pueblos y ciudades.

Un día abandonó el lugar que por un tiempo le dio cobijo. Con la ropa que alguien le regaló, y ya curadas sus heridas, comenzó a caminar y caminar, seguido por muchas personas cuyos anhelos de paz y justicia, él se los alimentaba. Entonces a lo lejos escuchó el grito de muchas almas ardidas de furia: "NI UN PASO ATRÁS... ¡FUERA!....NI UN PASO ATRÁS... ¡FUERA!". Se acercó lentamente seguido por aquellos que en él creían. El grupo de personas que gritaban, al verlo se enmudecieron. Caminó hasta una pequeña loma que se formaba en los jardines aledaños. Y desde allí, dirigiéndose a los presentes, les dijo:

"Ustedes, cuyo odio irracional se dibuja en sus rostros. Ustedes, cuyas razones son el resultado de lo que logran ver. ¿Qué pueden decir de aquello que ignoran, si no lo conocen?, ¿Cómo pueden sentirse tan seguros de sus razones, si no valoran las razones de los demás?. ¿Es que acaso su ignorancia es el arma que sus corazones esgrimen para no llenarse con la gracia de la justicia?"

Pero aunque oyeron sus palabras, nadie las hizo suyas. Un joven adolescente, que se encontraba en la multitud, fue el primero en gritar: "¡CÁLLATE LA JETA HIJO DE PUTA!", "¡VE A PREDICAR TU PAJA A OTRO LADO!"; expresó una dama de refinado porte. Una vez más era objeto del odio y la ofensa, pero esta vez no esperó los vejámenes físicos, las patadas humillantes. Cargado negativamente por aquellos sentimientos de rechazo e irracionalidad, simplemente emprendió su caminar una vez más.

Los gritos continuaron: "NI UN PASO ATRÁS... ¡FUERA!....NI UN PASO ATRÁS... ¡FUERA!"; hasta que la lejanía logró lo que sus palabras no pudieron: acallar el alma perdida de esos hombres.

Dudoso sobre la efectividad de su tarea, pensaba que de esa manera no lograría alcanzar el espíritu de los hombres. Fue entonces cuando decidió ir a los canales de televisión, y desde allí entrar al hogar de muchos a la vez. Fue a Globovisión, pero Ravell no lo quiso atender, ya que en ese momento ayudaba en la edición del vídeo de una linda señorita que afectuosamente besaba a un hombre de armas. Fue a RCTV, pero Marcel Granier estaba en una reunión de la Coordinadora Democrática donde decidían las acciones del paro indefinido de los próximos días. También fue a las instalaciones de los principales rotativos, pero allí no encontró que algún periodista le hiciera una entrevista. Sólo VTV, el canal del estado, le concedió unos minutos en un programa conocido como: "Hablemos con Carlos Fraga".

Algunos lograron escuchar el mensaje que él manifestó a través de este programa. Pero al pasar los días se dio cuenta que nada cambiaba, pues los gritos aún se escuchaban: "NI UN PASO ATRÁS... ¡FUERA!....NI UN PASO ATRÁS... ¡FUERA!". Su corazón palidecía de tristeza e impotencia. Trató entonces de hablar con los lideres, con aquellos cuya voz pretendía ser la voz de muchos. Pidió hablar con Alfredo Peña, pero no lo pudo atender porque en ese momento se encontraba montado en una moto de la policía, vigilando a la policía. Quiso hablar con Enrique Mendoza, pero el señor estaba comiendo carne en vara en la hacienda de un amigo multimillonario. Así siguió tras el rastro de los lideres de una sociedad en decadencia, pero fue infructuosa su tarea. Nadie parecía estar donde debería estar. Todos decían luchar por la dignidad del hombre, pero nadie parecía estar disponible para hablar de ello.

Su tenacidad parecía debilitarse ante tantos fracasos. Fue a la sede de los partidos políticos, pero sus representantes, ausentes por alguna reunión en algún lujoso hotel, alguna suculenta comida en un costoso restaurante, alguna invitación a algún programa de entrevistas, nunca tenían tiempo para conversar sobre aquello que decían defender. Entonces pensó en lo más evidente. Pensó que nadie podía ser mejor que aquellos que como él, luchaban por la dignificación del hombre. Fue así como se dirigió a la sede eclesiástica, allí donde los hombres que pronuncian la palabra de Dios, saben de las necesidades que tienen sus hijos. Entró a la sede, pero fue detenido por su desarreglada apariencia. Presencia que lo hacia sospechoso de ser un indigente buscando algo de comer. Salió un monseñor, luego un cardenal y por último un obispo, todos ataviados de la indumentaria de rigor. Vieron al hombre y le ofrecieron un mendrugo de pan, algo duro y frío, pero comida al fin. Él les dijo que su hambre era de otra índole, que buscaba al hombre para hablar con él. Los representantes de la iglesia lo miraron extrañados y todos al unísono lo invitaron a seguir su camino, no sin antes recomendarle que si lo que quería era confesarse, muy bien podía hacerlo en cualquiera de las iglesias de la ciudad. Dicho esto, y sin mediar palabra adicional alguna, los elegantes y bien alimentados representantes de la iglesia cerraron la verga que los aislaba del mundo real y se fueron a rezar por los hombres con los que poco hablan y de los que poco saben.

El se preguntaba: ¿Dónde está el hombre con el que hablaré?, ¿Cómo podré transmitir el mensaje que abrirá su corazón, si él mismo está sordo y ausente?.

Cansado, se recostó en un árbol, y entorno a él, el grupo de personas cuyo mensaje habían captado. Los miró a todos y sintió lastima por ellos. Ya no eran bienaventurados los que teniendo la miseria como forma de vida, pudieran esperar la gracia divina. Ya no eran malditos aquellos que valiéndose de la explotación del hombre, lograban llenarse de riquezas. Aquel mensaje de tiempos remotos, era hoy obsoleto. Quizás alguna vez tuvo vigencia, pero la inversión era tan evidente como necesaria, pues nada parecía justificar el sufrimiento como forma de vida.

Entonces se levantó y cambió su mensaje:

"Ustedes, mis amados hermanos, ustedes mi desesperanzados y desvalidos. Por ustedes hoy he conocido la intransigencia del hombre que se dice dueño del destino de otros. He conocido su terquedad, su ignorancia hecha inteligencia. No podré cambiar sus corazones, el de ellos, porque no hay amor que los penetre. No hay razón, por más poderosa que sea, que pueda aclarar sus mentes. He regresado convencido del poder de la palabra, del poder del amor, pero he sido sorprendido por la indiferencia y la avaricia."

Aquellos seres humanos bañados por su gracia y paz, lo miraban con preocupación por sus palabras desalentadoras. Nadie se atrevía a interrumpirlo, pero en el interior de cada cual, un grito esperaba salir.

Entonces siguió hablándoles con su voz profunda y cálida:

"No puedo pedirles que ante el atropello pongan la otra mejilla, porque esto no parece tener sentido. Ustedes han sufrido por seguir las enseñanzas divinas y eso ha sido lo correcto, porque es palabra del creador. Pero ya es hora de darles su recompensa, pues ningún sufrimiento es eterno, y hasta el demonio, al final de los tiempos, será perdonado. ¡LEVÁNTENSE! , ELEVEN SUS CORAZONES AL CIELO, PORQUE HOY USTEDES SERAN LOS BIENAVENTURADOS. HOY LA PROMESA DIVINA SE HARÁ REALIDAD".

Todos se pararon y con gritos de alabanza clamaron porque aquello fuera verdad. Algunos pensaron en la venganza, al interpretar sus palabras, pero nada más alejado de la verdad. Otros esperaban ver grandes riquezas, ¡pero no! ; tan sólo los hizo sordos a las palabras necias, tan sólo los hizo ciegos ante la injusticia. Les dio el don de la felicidad que se fundamenta en la paz del corazón. Los hizo independientes del alimento que se consigue vendiendo la libertad del espíritu, los hizo independientes de las comodidades que embrutecen, los hizo transparentes ante la tentación del poder que subyuga. Ya ninguna razón para sufrir quedaría, pues todo lo que el hombre pudiera necesitar lo obtendría de él mismo. Ya no sería necesario explotar al hermano para colmar las ansias materiales, ni las cosas materiales lo motivaría a vivir. Era el mundo ideal que quizás alguna vez alguien pensó.

Pero tal realidad no sería posible si la inversión no fuera total. Entonces todo lo que del hombre noble, bueno y puro, exorcizó, lo dirigió al hombre necio, al hombre embrutecido por tanta sed de poder. A ellos, por el contrario, los hizo más dependientes del alimento, de aquel de elevada refinación y preparación; los hizo más dependientes de las comodidades y el confort, de aquel que reduce el mundo a espacios cerrados de elevada sofisticación. Profundizó la creencia de que sólo si son poderosos, pueden sentirse vivos. A ellos tan sólo les dio más de lo que ya tenían y ansiaban. Y tal cual aquella promesa divina se hizo realidad para los desventurados, también se hizo realidad para los malditos. Entonces dijo:

"Lo que iba a ocurrir, ahora tiene su momento: Ustedes los ricos explotadores e insensibles, ya tienen su consuelo. Ustedes los que ahora están satisfechos, la avaricia los hará hambrientos, aún ante la abundancia. Ustedes que ríen porque su humor está intacto, que gozan porque hacen uso de las gratitudes de la vida, ahora llorarán, gemirán, porque nada les será lo suficientemente gracioso, lo suficientemente bello o grandioso para cautivar sus corazones."

Al terminar de decir esas palabras, elevó su mirada al cielo y en ese instante un rayo de luz proveniente de infinito universo, alcanzó su humanidad. Los presentes exclamaron voces de asombro al ver aquella muestra de divinidad. Su cuerpo irradiado por la energía de ese rayo, se transparentó y se elevó lentamente a las alturas. Los hombres de infinita nobleza pudieron ver su partida, y aquella luz les dio los dones que tanto les habían sido prometidos a los desventurados, en cambio, aquellos que de su corazón únicamente manaba egoísmo, sólo vieron un cielo ennegrecido y tormentoso. Allá en la plaza Altamira, allá en cualquiera de las sedes de la Estatal petrolera, de cualquier estación de televisión o radio, a las afueras de alguna rotativa, tal vista amenazante provocó que algunos abrieran su paraguas negros de reconocidos diseñadores, otros se cobijaran en sus suntuosas fortalezas, y que ninguno se atreviera a tocar las gotas de lluvia que sólo ellos veían caer, pues al entrar en contacto con ellas, quemaban su piel y el ropaje de alta costura y marca que poseían. Pero el olor, ese que de las gotas negras manaba, ese olor los llevaba a arquear su cuerpo, expeliendo parte del veneno que los nutre, en forma de un vomito negro y baboso que luego lamían del piso. Imaginando, en su locura y avaricia, que eran suculentos aperitivos servidos en platos con borde de oro.

Ya el tiempo en su transcurrir, había alcanzado a aquel que tanto se prometió. La realidad había cambiado. Pero el tipo llegó y se fue, y nunca nadie preguntó su nombre, pues todos los que en él creían, lo conocían. Y para aquellos que lo ignoraron y vejaron, tan sólo fue un loco más, del que poco o nada importaba saber.

Hoy después de ese día pienso como algunos se dicen católicos, seguidores de Cristo, pero al mismo tiempo desconocen, vejan y atropellan a aquel que inspiró los fundamentos de esa creencia. Se consideran inventores de nuevas corrientes de pensamiento, tan sólo porque maquillan las ya existentes y con una bella rubrica las hacen parecer de su propia creación. Niegan flagrantemente, aquello que a la vez aúpan. Se contradicen y no creen estar haciéndolo. Se convencen de su proceder, justificando lo injustificable. Son lo que en un momento les conviene ser, para dejar de ser lo que son, un instante después. ¿Qué son entonces?. ¿Locos quizás?, ¿Oportunistas?. Realmente no entiendo, y quizás nunca logre hacerlo. Pero en medio de mi incomprensión, algo si es seguro, y es que las palabras dichas por el tipo que llegó y se fue, son tan ciertas, como que siendo lo escrito aquí producto de mi imaginación, la esperanza dibujada para los oprimidos y la maldición hecha sobre los que se creen dueños de la vida, es un hecho que hoy se comienza a dibujar. Aunque algunos piensen lo contrario, y por ellos lo lamento, por no querer ver la realidad.

Dicen que Cristo fue un revolucionario, pero quién pudo pensarlo en aquel momento, cuando su vida transcurría sobre este planeta. Muchos lo amaron y creyeron en su mensaje, pero también muchos lo tildaron de loco, y otros, lo traicionaron. También hubo quien lavó sus manos para librarse de toda culpa y murió sufriendo el castigo que sus verdugos consideraron merecía, pero cuando sino mucho tiempo después, las enseñanzas de este hombre revolucionario lograron cautivar el espíritu de muchos seres humanos. Quizás Pilatos lo presintió, pero su poca fortaleza espiritual, el compromiso con su investidura gubernamental, lo hicieron débil ante la maldad hecha hombre, y entonces cedió a la petición de sus enemigos, ansiosos por verlo muerto al saber amenazados sus intereses. ¿Es que acaso la historia no se repite?.

Hoy el cristianismo esta arraigado en el mundo. Y dos mil años después, lo que aquel hombre enseñó y predicó, es tan necesario hoy como lo fue en ese entonces. Llena está la historia de la humanidad de traiciones y sus ejecutores, pero también de grandes hombres. Hombres que han dado su vida por un ideal, y casi invariablemente, su corta vida humana, no les ha permitido ver el fruto de sus esfuerzos; la semilla sembrada convertida en un gran árbol. Por todo esto, aquellos que con sarcasmo y burla dicen que la revolución bolivariana es un sueño de locos, una burda ideología de un comunista trasnochado, pues se parecen tanto a los fariseos de aquellos tiempos bíblicos, al Caifás del Gran Consejo Israelita, que bien pudieran ser sus reencarnaciones. ¡Y no! ; no es cierto que Hugo Chávez Frías sea el Cristo redentor que regresó, pero se parece tanto, como tanto se parecen los vendepatria de hoy a los Fariseos del ayer. Pero si de parecidos se trata, aún cuando mañana Chavez se vaya, lo saquen o lo maten, aún así, tal cual las enseñanzas de Cristo y el cristianismo hoy son universales, con el tiempo la Revolución Bolivariana también será un movimiento de proporciones universal, de incalculable y deseadas consecuencias, porque su fundamento primordial es el humanismo, el amor por el semejante, pero no a través de retorica gastada, sino a través de la búsqueda de la justicia social.

Con tales predicas ideológicas, ninguna revolución puede fracasar, ni siquiera cuando virtualmente no los quieran hacer ver así. Y es que no puede fracasar como no fracasa la telenovela que trata el trillado tema de la niña pobre que es cautivada por la riqueza y caballerosidad del niño rico. Después de todo, el tema de la injusticia, de la explotación del hombre por el hombre, del abuso del poder y la subyugación de la riqueza, desde siempre ha atentado contra la humanidad. Y se me ocurre ahora preguntar, al hablar sobre novelas de pobre contenido intelectual: ¿Cuánto más no hubiesen dicho de Jesucristo si en aquellos días también hubiesen existido medios de difusión masiva como los que hoy tenemos?. Todos, por supuesto, muy seguramente se hubiesen plegado a los intereses romanos. Y cómo no hacerlo, si después de todo, y con seguridad, el Jesús de esos días les hubiese resultado un castrocomunista (termino obtenido por algún reportero con capacidad de viajar al futuro).

No han bastado 2 mil años para que Jesucristo regrese. Y no puede hacerlo porque todavía hay mucho por hacer, sin embargo, poco falta para que retorne triunfante, pues ahora cuenta con un acelerante. Un catalizador llamado REVOLUCION BOLIVARIANA. ¿Qué no lo creen? ; muy bien, pero sólo vean a quienes hoy odian a Chávez, y también a los que lo aman con fervor. ¿Alguien hubiese podido imaginar que toda esa gente alguna vez se iba a preocupar tanto por su país y por ellos mismos?. Lo único malo de todo esto, es que lo que veremos, los ya entrados en edad madura, será el arar de la tierra, la colocación de la semilla, y el conflicto que acompaña todo cambio de paradigmas, pero del árbol y de los frutos, sólo nuestros hijos y nietos podrán hablar, y disfrutar. Eso, en lo personal, me consuela, sobre todo cuando veo a mi bella y querida hija. Por ella y por todos los niños como ella, bien vale la pena cualquier sacrificio. Sacrificio que les permita vivir en una patria donde la justicia social y la felicidad de sus habitantes, ya no sea una quimera, un anhelo enterno, sino una realidad palpable y visible.

Que soy muy optimista, idealista y soñador... Pues mejor eso al pesimismo de muchos que se levantan y se acuestan con el mensaje apocalíptico de un mundo que se viene abajo.

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