Panorama, 27 de Noviembre de 2002

¿Por qué los golpistas serán derrotados otra vez?

Guillermo García Ponce

La confrontación entre Chávez y los golpistas no tiene nada que ver con los conflictos conocidos en el pasado. No se trata de una contienda entre los partidos de la vieja política. Si queremos encontrar la raíz del motín de Altamira y de la decisión popular de defender el proceso revolucionario, tendremos que superar las explicaciones superficiales. El signo dominante de la contradicción que hoy demarca la vida nacional tiene un carácter histórico y un profundo origen en la realidad venezolana. Es el deslinde entre los excluidos, los desposeídos y empobrecidos de toda la vida y los duños de los privilegios que siempre usufructuaron el dominio social y el poder económico.

Si la actual confrontación no tuviera ese contenido, el golpe del 11 de abril no hubiera sido derrotado y Chávez no estaría en Miraflores sino Pedro Carmona. Si el filo de la contradicción no pasara por un deslinde que involucra el conflicto entre grandes intereses sociales y económicos históricamente establecidos, hace mucho que el Presidente Chávez hubiera sido traicionado por un puñado de billetes o derrocado son pena ni gloria. Si se tratara de un pleito entre bandos rivales del mismo pozo, como ocurría en el pasado entre adecos y copeyanos, Venezuela no estuviera estremeciéndose como si fuera a parir; ni los medios de comunicación desbordaran un odio tan desmesurado; ni Otto Reich hiciera esas declaraciones; ni un motín de generales aullara en Altamira.

Es también precisamente por ese contenido, por ese carácter asumido por la actual lucha política, por lo que los golpistas serán derrotados otra vez. Serán derrotados porque representan la vieja política; porque están identificados con los grupos sociales y económicos contrarios a los intereses populares. Serán derrotados porque el pueblo venezolano no quiere tutelas de potencias extranjeras, sólo interesadas en dominar nuestro petróleo y engancharnos en su estrategia mundial. Serán derrotados porque el pueblo venezolano está decidido a defender sus esperanzas de justicia hasta con la vida. Serán derrotados porque una minoría con aliento fascista no puede decidir el destino de nuestro país.

A partir de nuestro tiempo, el tiempo de la República Bolivariana y del Presidente Chávez, ya no será posible echar atrás y volver al pasado, a la época del reparto del poder entre las élites de Acción Democrática y COPEI, a la época del imperio de las mafias sindicaleras y del dominio de las familias del Este. Vivimos el inicio de una época que deberá conducirnos a una nueva estructura de la sociedad venezolana, esta vez fundamentada en la justicia social, en la mejor distribución de la riqueza y en una democracia de base popular.

La joven revolución bolivariana ha cometido errores; errores debido a su inexperiencia; errores ocasionados a todavía su falta de madurez; seguramente más por sus fallas en las tareas de forjar una unidad sólida y una fuerte organización por la base, en las deficiencias en la formación ideológica de sus cuadros. Aún así, la joven revolución bolivariana representa valores y principios que la hacen superior a la conjura golpista de la minoría del Este y de la ultraderecha internacional.

La aventura golpista de diciembre será derrotada, como fue en abril, porque la actual confrontación no es un conflicto entre camarillas de las viejas clases sociales dominantes, como en el pasado, sino involucra al pueblo en la defensa de un proyecto revolucionario por la vida, por la justicia, por una nueva Patria.

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