El Mundo, 28 de Junio de 2002

Tras la cabeza de Chávez

Guillermo García Ponce

El Gobierno abrió las puertas del diálogo. Lo hizo después de perpetrado un golpe de Estado, del secuestro del Presidente de la República, de la violación de los derechos humanos, de la acción asesina de los neofascistas, de la abolición de la Constitución y la disolución de las instituciones democráticas, de la interferencia extranjera y la perversión facciosa de los medios de comunicación. Después de estos atentados contra el Estado de Derecho y la soberanía popular, el gobierno del Presidente Chávez llamó al diálogo a la concordia, a la paz.

En cualquier país del mundo, aun en el más democrático, aun en el más desprevenido e inocente, quienes se alzan contra la Constitución son enjuiciados y pagan sus delitos con cárcel. Así fue en Venezuela durante todos los años de su historia, salvo cuando el perdón y la traición hundieron en escombros, en 1812, a la Primera República.

Sin embargo, el gobierno del Presidente Chávez no sólo abrió las puertas del diálogo. Más aún, tendió un manto de clemencia sobre golpistas y encubridores, secuestradores y traidores; dejó sin castigo a protagonistas, cómplices, financistas e incitadores del golpe del 11 de abril. Todavía más, hasta los abiertos golpistas de la alta gerencia de Pdvsa han continuado su depredadora obra de liquidación del ingreso petrolero y de arruinar al Estado venezolano.

Aún así, la ultraderecha y sus seguidores de la vieja política han despreciado los gastos de diálogo y clemencia.

No sólo andan sin castigo como si no hubieran Constitución ni leyes, como si no estuviera fresco el alevoso ataque fascista, como si no tuvieran valor alguno la voluntad del pueblo y la decisión leal de la Fuerza Armada, sino que persisten en su estrategia de asalto violento al poder.

En realidad, la ultraderecha no se conforma con menos que la cabeza del Presidente Chávez. Ni aun, dejando vacío de contenido el proceso revolucionario.

Ni aun echando para atrás la historia. Ni aun abandonando las banderas y los principios que han alimentado a la gesta del pueblo y la Fuerza Armada desde el 4 de febrero de 1992. Ni aun la capitulación.

Ni aun así, la conspiración descansará porque sólo anda tras la cabeza de Hugo Chávez Frías.

Por razones que no viene al caso reiterar, Chávez es la figura emblemática de un proceso nacional que arrebató el monopolio del poder a los grupos dominantes y forjó un movimiento de masas de profundo contenido democrático y liberador sin antecedentes.

Pero, además, la revolución bolivariana es hoy la referencia de los pueblos del Continente en el marco de una situación de agudización de los conflictos sociales y políticos.

No hay que hacerse ilusiones. Ni el diálogo ni las concesiones saciarán la ambición de los conspiradores.

La vieja política no renunciará a la estrategia de decapitar el proceso revolucionario. Andan tras la cabeza de Chávez. Ni más ni menos.

* Escritor y político

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