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El Nacional, 25 de Junio de 2002
Marcha de ganchos
Earle Herrera
Nunca en mi curtida vida de estudioso y observador de marchas, contramarchas y afines, había visto una manifestación de ganchos de ropa. El extraño fenómeno ocurrió el jueves pasado, para curiosidad del vecindario. Los corresponsales extranjeros, estupefactos e intrigados, se cuidaron de aclarar al mundo que no se trataba de una protesta de trabajadores de tintorerías, un sector mal pagado pero sin CTV que lo ampare. Un uniforme de guardia nacional encabezaba el desfile, bamboleado como una bandera de Brasil o Corea por alguien que no entendía que se trataba de un acto marcial aunque civil.
La televisión, con "extras" y "avances", le daba al acontecimiento un tinte sensacional de inminente fractura histórica. Las entrevistas in situ acerca de la trascendencia del gancho dry-clean en la profundización de la coyuntura política eran para ponerse a llorar. La solemnidad con que preguntaban los colegas a los líderes gancheros y enganchados me provocaba un vacío estomacal en tiempos de vacíos tapa-golpes. Las igualmente vacías respuestas eran emitidas con una grandilocuente como huera retórica a lo Rodríguez Iturbe, el ex canciller de facto que el Opus Dei nos propuso en la tétrica hora del lavado al seco de la Constitución.
El culpable de esa insólita marcha es Chávez, como lo es de todo cuanto pase y venga, según dicen y acusan los promotores políticos del gancho de tintorería. Su Gobierno provocó la protesta quemada de los CD con cacerolazos, un tributo a la militancia del confort. El luto del cuervo como oscuro y emblemático color de la reacción. Los sartenes con dispositivos para que suenen como castañuelas o panderetas sin esfuerzos extenuantes. Las marchas con gallinas cluecas estrelladas contra el pavimento. Los debates con cochinos lechones y rosados metidos en la Asamblea para aspaviento de los mismos portadores del animalito. Y ahora los ganchos. Desde que el comandante llegó al poder, la oposición en un recurrente desvarío, cada día nos depara una sorpresa, a veces cómica, en ocasiones trágica, como esa cosa lúgubre que montaron en Miraflores, con un decreto loco, cuando Carmona creyó haber eclipsado la gloria de Napoleón frente a las pirámides.
La CTV convoca paros y huelgas "hasta que Chávez se vaya", como si la Presidencia de la República formara parte de las costas sindicales de Carlos Ortegas y sus conmilitones. La "sociedad civil" de cuatro gatos secuestra a la sociedad civil sin comillas, la auténtica. Se dan golpes de Estado por televisión, con encapuchados como el Enmascarado de Plata, trailers y fanfarrias de reality show. Se saca a un personaje de telenovela para que dé un ultimátum a Chávez, en una insólita banalización de la política. La farándula sustituye al pensamiento, los polichinelas a la reflexión, el titiritero al estratega. ¡Cuántos gobernantes desearían una oposición tal! Pero no, una verdadera y fuerte democracia necesita una oposición verdadera y fuerte. Con un mínimo de seriedad. Coherente. Que no esté pegada con saliva de loro sino con ideales comunes en torno a un proyecto de país. No se pueden hacer marchas donde el discurso sea que nadie hable para que nadie se resienta. O donde todos lo hagan -40 "oradores"- para que todos queden conformes sin que ninguno esté de acuerdo con el otro. Es por eso que, al final, derrotados en el fondo, optan por darle la palabra de cierre a la farándula y el acto político deviene en comedia, chacotería, soberbia de payaso altisonante y palabra devaluada. Decadente delpinada de segunda mano. Así no se puede.
La marcha del gancho de ropa debería servir al menos para la reflexión. Especulemos: supongamos -es un supuesto negado- que se hace un referendo revocatorio y Chávez sale del poder por la vía del voto. ¿Qué van a hacer? Sospecho que a los tres meses lo estarán llamando para que retome el gobierno. Ya lo probaron el 11-A. En una breve dictadura se volvieron locos. Lo del insólito gancho de lavandería y la supremacía de la farándula sobre la política evidencia que no han mejorado. Puro dry-clean cerebral sin resultado.