El Nacional, 6 de Junio de 2002

¿Golpe de estado o vacío de poder?

Roldan Tomasz Suárez

Muchos venezolanos parecen estar formulándose hoy esta pregunta. Muchos se declaran confundidos en relación con este asunto; no saben qué pensar, qué posición asumir. Y no es de extrañar: la avalancha de noticias, imágenes y declaraciones a la que hemos estado sometidos ha sido desmedida.

Cualquiera se deja arrastrar por la confusión en ese torbellino -que, dicho sea de paso, supuestamente sirve para mantenernos bien informados.

Sorprendentemente, para dilucidar este asunto no hace falta que conozcamos las opiniones de los protagonistas inmediatos de aquellos acontecimientos. No necesitamos hacer encuestas de opinión, no necesitamos escuchar interpelaciones, ni tampoco tenemos que confiar ciegamente en la palabra de tal o cual personaje. Lo único que necesitamos es reunir tres simples hechos que son reconocidos como tales por todas las partes involucradas. Estos hechos simples son:

1.-El Presidente fue privado de su libertad por un grupo de militares que le exigieron su renuncia.

2.-La renuncia del Presidente nunca se produjo, pero se intentó convencer al país de lo contrario.

3.-El mencionado grupo de militares decidió escoger a un nuevo presidente.
Cada uno de estos tres hechos constituye un acto a todas luces ilegal, escandalosamente contrario a los principios básicos de la democracia. Veamos por qué.

En un sistema democrático, ningún militar tiene la más mínima facultad para privar de su libertad al Presidente de la República, bajo ninguna circunstancia. Óigase bien: bajo ninguna circunstancia. Aun en caso de que el Presidente actúe de manera contraria a las leyes, existen procedimientos legales para detener y enjuiciar al jefe de Estado. Procedimientos que involucran la acción de órganos competentes como la Asamblea Nacional, la Fiscalía y el Tribunal Supremo de Justicia. Obviamente ninguno de estos procedimientos puede contemplar o permitir que un grupo de generales ponga preso al Presidente de la República cuando a ellos les parezca conveniente.

Por otra parte, podemos especular mucho acerca de si Chávez consideró la posibilidad de renunciar, estuvo a punto de renunciar, le dijo a Fulano o a Mengano que había renunciado o que iba a renunciar; que si redactó o no un documento de renuncia, que sobre qué base Lucas Rincón anunció la renuncia del Presidente, etcétera, etcétera. Pero todo eso no cambia el hecho simple de que Chávez no renunció. No importa qué anuncios haya hecho él mismo o sus voceros, ni ante quién los haya hecho. No importa si se había comprometido a renunciar o no, o bajo qué condiciones. Todas esas discusiones no son sino una cortina de humo para tapar el hecho simple y claro de que la renuncia de Chávez nunca se formalizó de acuerdo con el procedimiento previsto en la Constitución, y que, por consiguiente, dicha renuncia nunca se materializó. Incluso si Chávez efectivamente hubiese firmado un documento de renuncia, tal documento por sí solo no habría servido como aval suficiente, pues en aquellas circunstancias, con el Presidente detenido e incomunicado, existiría la posibilidad de que se le hubiese obligado a firmar bajo coacción, en cuyo caso ese documento no tendría ninguna validez.

Finalmente, en ningún sistema democrático del mundo está contemplada la posibilidad de que un grupo de generales, aún en caso de producirse un auténtico vacío de poder, pueda nombrar como presidente a quien a ellos mejor les parezca. En caso de que se hubiese producido un vacío de poder, lo lógico habría sido que la Asamblea Nacional -que es la única institución representativa de la voluntad popular, aparte del Presidente de la República- hubiese tomado las riendas de la situación.

Así pues, la conclusión única e inevitable que sigue de estos tres simples hechos es que el 11-A se produjo en Venezuela un golpe de estado. La tesis del vacío de poder es, sencillamente, absurda. Quienes la defienden sólo pueden hacerlo por ignorancia o para encubrir su propia participación en el golpe.

Hosted by www.Geocities.ws

1