El Universal, 20 de Junio de 2002

Desobediencia total

Clodovaldo Hernández

¿Desobediencia tributaria? Mi amigo el ex comunista cree que la decisión tomada en la avenida Bolívar por la asamblea general de la oposición _Fedecámaras incluida_ es, por decir lo menos, poco original. 'La mayoría de la gente de este país y muy especialmente los ricachones, han estado toda su vida declarados en desobediencia tributaria _argumenta_. Lo único nuevo es que ahora lo andan diciendo por ahí en los mítines'.

¿Cómo se puede declarar en desobediencia tributaria una sociedad _¿civil?_ en la que negarse a pagar impuestos es una costumbre tan ancestral que, según serias investigaciones, ya se practicaba cuando Rafael Caldera y Luis Miquilena eran chiquitos?

Es como si los motorizados lanzaran el siguiente ultimátum: a partir de mañana nos vamos a montar por la acera y a comernos cuanta flecha nos encontremos en el camino... Mi amigo filosofa: 'lo difícil en Venezuela no es desobedecer, sino lograr que alguien se dé cuenta'.

El ex comunista ironiza diciendo que Trino Alcides Díaz comenzó a convulsionar de la alegría cuando se enteró de que la oposición _Fedecámaras incluida_ se había declarado en desobediencia tributaria. Al parecer, el jefe del Seniat considera como un gran paso adelante que hayan 'declarado' algo en relación al fisco, aunque sea su desobediencia, 'porque antes, mijito, ni siquiera declaraban'.

Así, pues, el más reciente artilugio del Proyecto Manhattan de la sociedad civil, ha resultado toda una verdadera rareza epistemológica: se trata de algo completamente original pero al mismo tiempo viejo y manido. No contentos con lo tributario, también presentaron como una gran novedad lo de la desobediencia civil propiamente dicha, es decir, que la gente no cumpla las normas ni respete a las autoridades. ¿Habrase visto mayor intento de reinventar el agua tibia? El ex comunista le da un consejo al Gobierno: si la próxima proclama de la asamblea de ciudadanos es de ese mismo tenor, no envíen a los círculos bolivarianos sino a un inspector de la Oficina de Propiedad Intelectual para que les ponga una multa por andar atribuyéndose la autoría de cosas que ya tienen patente.

El ex discípulo de Lenin arguye que los venezolanos, y especialmente los que vivimos en Caracas, hace tiempo que practicamos una modalidad de desobediencia total, de alto impacto o triple X, como se le quiera llamar, una especie de venezuelan way of life que consiste en no respetar ninguna absurda norma que pretenda aplicar autoridad alguna. Por ejemplo, esa tontería de parar con la luz roja, vigente en todos países (desde los más desarrollados hasta los más paupérrimos) hace tiempo que en Caracas está en desuso.

Si de ignorar a las autoridades hablamos, en los barrios bravos de verdad, ya éstas ni siquiera se atreven a entrar. O sea que para sus habitantes, la idea de desobedecer debe ser apenas un 'mi-mamá-me-mima' de la rebeldía, algo superado. Hace tiempo que arribaron a la fase superior, la de la autoridad abolida y puesta en fuga.

El ex comunista, de todos modos, está planeando maneras de usar creativamente la proclama de la sociedad civil, que según él (comentario aparte) es el segundo decreto de Carmona, y el primero desde el exilio. Por ejemplo, piensa cenar en un restaurant de Altamira, cerca de la plaza, y cuando le lleven la cuenta, intentará declararse en desobediencia civil, a ver qué pasa.

No sé si también irónicamente o muy en serio, el viejo marxista dice que el camino de la desobediencia civil y tributaria que ha escogido la oposición _Fedecámaras incluida_ es diametralmente opuesto al correcto. 'La verdadera conmoción la van a crear el día que logren que todo el mundo se ponga de acuerdo para obedecer. 'Eso sí que va a ser desestabilizador. Lo malo, para la oposición, es que en tal caso no colapsaría sólo el Gobierno (que es su gran sueño) sino nuestro modo de vida'.

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