El Mundo, 25 de Julio de 2002

La nosta terra (agresión en la Hermandad Gallega)

Rafael del Naranco

En esta situación de confrontación en que nos vemos envueltos, la efervescencia política nos está llevando, no al enfrentamiento ideológico, lugar donde cada idea debe tener cabida, sino al odio, y esto hará añicos la tolerancia.

Nos llenamos la boca de palabras grandilocuentes: libertad, democracia, Derechos Humanos, libre albedrío, justicia social, respeto mutuo, ética, coexistencia pacífica... una verborrea de expresiones creadas para apuntalar las garantías individuales y permitirle a una sociedad que el pensamiento y las ideas puedan volar, sin ataduras, del corazón a los labios.

Una nación no puede ser libre si no permite al otro ser expresarse, actuar dentro de las normas cívicas- con toda libertad.

Ignoro exactamente de quién es la frase, pero siempre se la he atribuido, sin una explicación lógica, a lord Chesterfield, pero ahora no es lo importante; lo es, y mucho, el mensaje que contiene: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo".

En la Hermandad Gallega hay un minúsculo grupo adverso a ese pensamiento.

El sábado la ministra de Trabajo, María Cristina Iglesias, descendiente de gallegos, raza forjada en los avatares de la emigración, conocedora como nadie del éxodo y el llanto, acudió a sus instalaciones para celebrar el título de bachiller de su hija, pues en esa casa de Maripérez, donde jugó de niña, forjó amistades, solía sentirse como en su hogar.

Pero no. Unos talibanes tachonados de cobardía ruin, menospreciando la convivencia, la insultaron a ella y a su hija de forma cruel.

Las dos mujeres salieron compungidas, pero no por los duros insultos en sí, sino por entender en toda su cruda dimensión cómo esta tierra de gracia, abierta a todo aquel que llegó a sus puertas en pos de ayuda desde los cuatro puntos cardinales del planeta, y entre ellos miles de gallegos, es ahora un país lacerado, dividido por rencores y espantosamente cruel.

No son todos los gallegos indudablemente, pero si la Hermandad, su Junta Directiva, no da una clara explicación al país, a los millones de emigrantes, éstos deberán exigirla, bajar el rostro de vergüenza y cada uno de los que cruzaron el mar/océano y recibieron a manos llenas la generosidad de Venezuela, pedir perdón a esas dos mujeres, y decirles que los gallegos sienten ese manotazo como una quemadura en su piel.

El Ministro de Relaciones Exteriores, Roy Chaderton, ante el lamentable hecho expresó: "Llamo a nuestros compatriotas de origen gallego y a todos los venezolanos a reflexionar con sentido de compromiso sobre el imperativo del diálogo y la reconciliación. La agresión a la ministra Iglesias y su familia no es motivo para comentarios jocosos en la crónica risueña, sino un hecho criptodelictivo y una señal de alarma".

Terriblemente cierto.

En Follas novas, Rosalía de Castro viendo salir a tantos hijos de la tierra galaica en pos de las costas venezolanas, habló adolorida: "Este se va y se va aquel, / y todos, todos se van. / Galicia sin hombres quedas / que te puedan trabajar".

Esa raza de titanes debe volver por los senderos de las olas y los caminos sin fin a plantar la hombría de bien, pues hay actos humanos, como el sucedido el pasado fin de semana, que no son torpes, sino crueles.

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