El Nacional, 23 de Julio de 2002

Golpe psicótico

Earle Herrera

El carismático secretario general de AD ha sentenciado que si el Tribunal Supremo no declara loco al Presidente de la República, el golpe de Estado es una opción. Este inesperado dilema jurídico-psiquiátrico es uno de los más originales aportes a las ciencias políticas en el nuevo siglo. Sólo una mente preclara ha podido alumbrar esta tesis que cuestiona toda la teoría del golpismo, incluido el obligado manual que le prestaron a Carmona la víspera del 11-A. "No me negarás que es algo sui géneris", me observó un pana antichavista de La Boyera, "fruto, por supuesto -agregó entusiasmado- de un cerebro sui géneris".

No, no niego nada. Es sui géneris, qué duda cabe. En un solo coco parecen haberse aposentado las neuronas de Freud y Maquiavelo, Kissinger y Pinochet (demasiadas dendritas juntas) con el consecuente electroshock. Marín le presenta así a la comunidad científica un nuevo modelo de putsch, con lo que supera los viejos paradigmas del golpismo criollo. Ya la oposición venezolana había ensayado, con el pueblo como laboratorio, algunas variantes de asalto al poder. Lanzó el golpe vacío, de acuerdo con el cual el baño de sangre se oculta en un supuesto "vacío de poder". Tiene la ventaja de que si fracasa, los responsables se declaran inocentes o víctimas, en último caso, engañados.

Lo lanzaron el 11-A y estaba en la agenda oculta del 11-J con el mismo guión, muertos inocentes incluidos. Se han paseado también por el golpe institucional, vía Asamblea Nacional o Tribunal Supremo. No les ha funcionado. El golpe referendario, vistas las encuestas, lo desecharon asustados. El mediático es un golpe permanente que se volvió un boomerang en términos de credibilidad.

Es por ello que el preclaro Marín se pasó varias noches enteras barajando y entrecruzando hipótesis hasta que lo estremeció la idea del golpe psicótico o si lo prefieren, psiquiátrico. De allí el ultimátum al Tribunal Supremo. "Loco o golpe", es la curiosa consigna que lo asaltó como una fijación. Parecen cosas de orates pero tal es el desvarío del ala jungniana-mentalista de la oposición, sector éste, justo es reconocerlo, donde la mayoría es más o menos cuerda, afortunadamente. Esta facción esquizomaníaca suele coincidir con el ala astrológica del antichavismo. Antes de cada marcha, los brujos del zodiaco la cogen por jorungar a Neptuno o Plutón y se disparan a lanzar profecías apocalípticas que ponen la piel de gallina. Si sus pronósticos anteriores eran suaves, los envenenan y oscurecen en cada nueva entrega en una flagrante violación de toda ética esotérica, como si los astros pudieran sustraerse a la rígida deontología zodiacal.

A los golpes vacíos, institucionales, refrendarios prematuros, mediáticos y astrológicos, el psicoanalista Marín agrega ahora de su propia cosecha el psiquiátrico o psicótico. El dilema para el Tribunal Supremo es terriblemente sencillo: o declara la insania mental de Chávez o será responsable del próximo golpe de Estado. Así de elemental. El ínclito secretario general de AD lo dijo muy claro, con su fatigado estilo amenazante y en tono de ultimátum.

Prácticamente les entregó hecho el diagnóstico a los magistrados, sin parar mientes en usurpación de funciones o ejercicio ilegal de la medicina. Lo curioso y preocupante de las opciones que ha ensayado o propone la oposición, es que a todas contrapone como alternativa el golpe de Estado. Referéndum o golpe. Renuncia o golpe. Antejuicio o golpe. Destitución o golpe. Marcha o golpe. Loco o golpe. Por razones de seguridad y salud propias, deberían buscar la forma de superar esa fijación. Es peligrosa, a veces "autosuicida". La historia enseña que los gorilas terminan por colocarles camisas de fuerza a sus propios aliados. Y éstas no le van bien a nadie, sobre todo a quienes, en su demencia opositora, las invocan para otros.

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