La Nación de Los Angeles, 29 de Abril de 2002

Hugo Chávez, el Ché y la batalla de los símbolos

Alvin Toffler

El derrocamiento y retorno de Hugo Chávez parece salido de una ópera bufa. Sin embargo, puede tener amplia repercusión, por varias razones. Venezuela suministra a Estados Unidos casi tanto petróleo como Arabia Saudita. Chávez pudo colocar a uno de sus hombres al frente de la OPEP. El petróleo desempeña un papel importante en la crisis de Medio Oriente, así como en la economía norteamericana. Chávez admira abiertamente, y ha visitado, a dos de los líderes árabes menos queridos por Washington: Saddam Hussein y Muammar Khadafy. Mantiene una amistad especial con Fidel Castro, que es casi su mentor político. Según dicen, también flirtearía a escondidas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Con la mayor parte de América del Sur en ebullición, Chávez, permanezca o no en el poder, bien podría desempeñar un fuerte papel en el futuro cercano del "patio trasero" de Estados Unidos, y quizás hasta en las universidades norteamericanas.

La elección de Vicente Fox en M! éxico, en 2001, trajo una ráfaga de aire fresco a un país que había pasado setenta y un años entre las garras corruptas de un partido único. México es otro importante productor de petróleo cuya principal empresa sigue siendo estatal, pero, a diferencia de Chávez, Fox (un ex ejecutivo de empresa) no admira a Fidel y cree que el futuro de México depende de sus estrechos vínculos económicos con Estados Unidos. Entre Fox y Chávez están los pequeños países centroamericanos, con sus recuerdos, cada vez más borrosos, de las intervenciones imperiales de los yanquis en la región. Pero es un área estable, al menos en la superficie, comparada con lo que sucede en América del Sur. "Ciertas partes de América del Sur me recuerdan las vísperas de la Revolución Francesa o la Rusa", dice José Villegas, funcionario de las Naciones Unidas, ya retirado, y profesor universitario que sigue de cerca los acontecimientos sudamericanos.

Neoliberalismo en retirada

Villegas señala cuatro cambios simultáneos que debemos vigilar: el surgimiento de un populismo desde abajo, la aparición de una política étnica, la retirada del neoliberalismo y, como en el resto del mundo, la intensificación de la hostilidad hacia Estados Unidos. Chávez sobresale en tres. Tomemos el populismo. Como Juan Perón, y utilizando una retórica similar a la suya de fines de los años 40, Chávez ha movilizado a una gran base de gente pobre, en gran parte promovida y organizada desde arriba. En cambio, la actual erupción populista en la Argentina y en otras partes de la región viene de abajo, estalla no sólo en Buenos Aires, sino también en pequeñas ciudades de provincias remotas, y no participan únicamente los "descamisados". "Son organizaciones muy locales -explica Villegas-. Incluyen gente educada, de clase media. Se reúnen en parques, esquinas, iglesias, casi en una asamblea permanente que se moviliza por sí sola. En ciertas áreas,! se congregan centenares de estos grupos. Algunos se comunican por Internet. Y el gobierno les teme."

En Bolivia, Perú y Ecuador, la política étnica está asumiendo un papel más importante. Las poblaciones indígenas rurales están más concientizadas, son menos pasivas y están formando líderes muy capaces. La conciencia étnica se centra en los recuerdos de varios siglos de explotación y maltrato; el espíritu de resistencia va en aumento. En un continente cuyas elites siguen siendo predominantemente blancas, la ascendencia y los rasgos indígenas de Chávez lo han bienquistado con los más pobres. Y nadie olvida la rebelión de Chiapas. Para Villegas, el ascenso de la política étnica indica las crecientes presiones autonomistas, o acaso separatistas, de alcance regional o étnico.

La tercera característica principal del cambio es la rápida declinación del apoyo al neoliberalismo, meollo de la agenda ideológica que tan apasionadamente han seguido Bill Clinton y, ahora, George ! W. Bush, la cual insiste en que la liberalización, la globali! zación y la democratización son inseparablemente dependientes cada una de las otras. Y no lo son. La bancarrota de la Argentina, otrora exhibida como prueba de que esta fórmula funcionaba, está resucitando ideólogos arqueoizquierdistas en todo el hemisferio.

Ni la izquierda ni la derecha han captado aún las implicaciones del cambio económico más importante de los últimos cincuenta años. Si las teorías de ambos bandos son cada vez más obsoletas, es porque ha surgido un nuevo sistema creador de riqueza, la tercera ola, basado en principios radicalmente distintos de aquellos que la izquierda y la derecha vienen discutiendo desde hace dos siglos. En las economías del futuro, los viejos "factores de producción" (tierra, trabajo y capital) pierden importancia frente a los conocimientos avanzados. De ahí la creciente trisección del mundo en economías campesinas, industriales y de la tercera ola. Esto enfrenta a los gobiernos con exigencias muy complejas y conflictivas por parte! de los diferentes pueblos.

Héroes del futuro

La punta de lanza del nuevo sistema, y los cambios a él asociados, es Estados Unidos. Esta, y no su mero poderío militar, es la causa subyacente de la creciente hostilidad mundial. Estados Unidos representa lo mejor y lo peor de un nuevo estilo de vida por el que los demás temen ser inundados. La Casa Blanca de Bush no comprende esto. Washington se ve asediada por una marea ascendente de hostilidad política. En el mundo entero, millones de adolescentes entonan estribillos contra Estados Unidos. No obstante, esos mismos chicos usan camisetas y zapatillas con logotipos comerciales norteamericanos y adoptan los peinados, la vestimenta y el andar de los astros fabricados a granel por la industria mediática norteamericana. Los enemigos de Estados Unidos, y aun sus aliados, miran con amargo resentimiento su dominación cultural, pero carecen de las armas, conocimientos y celebridades necesarios para resistir la ofensiva.

Hoy, como única superpotencia mu! ndial supérstite, Estados Unidos enfrenta una marea ascendente de emociones hostiles que van desde los celos y el resentimiento hasta el odio fanático. En septiembre, perdió a casi 3000 personas a manos de los terroristas, lo cual suscitó una oleada de simpatía en gran parte del mundo; ahora, lo pintan cada vez más como el malvado de la película, más que como la víctima. La campaña política y cultural en su contra apenas si empieza. Sin embargo, últimamente le ha faltado un icono mundial capaz de combinar todas las corrientes actuales. Sus líderes mundiales son antipáticos y la televisión no los favorece. Ninguno de ellos, ni siquiera todos juntos, posee una décima parte del carisma, el encanto y aquel destello romántico que tenía el Che Guevara para la generación de los 60.

Más probablemente, su héroe del futuro será el extraordinario, pintoresco, enérgico y carismático Hugo Chávez, que sale tan bien por televisión. Hace tres años, en Caracas, asistí a un discurso suyo ! ante importantes hombres de negocios. Quería echar un vistazo! al joven ex paracaidista que había estado preso por liderar una intentona de golpe de Estado y, al salir de la cárcel, había sido elegido presidente. Ahora gozaba de un enorme apoyo popular; el pueblo estaba harto de la corrupción y la inercia de los dos grandes partidos políticos ideas nuevas, como las de Alvin Toffler. Lo leí en la cárcel". Aludía a La tercera ola .

Me invitó a reunirme con él y su esposa en Miraflores. Pasamos dos horas hablando de la tercera ola y la necesidad de un cambio económico en Venezuela, de una infraestructura electrónica actualizada para comunicarse, participar en la economía mundial y, de ese modo, aliviar su dependencia del petróleo, terriblemente excesiva. Me habló de Simón Bolívar, su modelo. Era un hombre sagaz, listo, encantador. Sólo hubo una falla. Había traído a su máximo asesor económico, un académico anciano, de pocas palabras. Me fui llevándome dos impresiones f! uertes. Primera: no subestimen a Chávez. Segunda: está rodeado de asesores que no han tenido una sola idea novedosa desde que se hicieron izquierdistas, hace ya medio siglo. Estén atentos a la aparición de camisetas con su imagen en los colegios universitarios. Pero no contengan la respiración esperando una vida mejor para los venezolanos, ya sean ricos o pobres.

(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)

Alvin Toffler es coautor de La tercera ola , El choque del futuro y Cambio de poder , entre otras obras, y está por publicar una sobre la creación de riqueza. Su consultora estratégica asesora a empresas y gobiernos.

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