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Red Bolivariana, 12 de julio de 2002
Del despelote de La Pelota al Carlotazo
¿Es así como van a mandar?
Mariana Hernández
Vaya por delante que la marcha fue multitudinaria. No voy a caer en el error idiota de la oposición de negar las multitudes chavistas inventando majaderías como que les pagaron y tal. No. La multitud antichavista fue grande. No tanto como la del 11 de Abril, pero fue grande, pues. Sería tonto no reconocerlo. Hay un gentío que no quiere a Chávez así como hay otro gentío, que lo quiere, mayoritario según las encuestadoras de la oposición, Consultores 21, Datanálisis.
Pero
Ayer se evidenció algo que se venía comentando ya desde hace tiempo: la falta de unidad de criterios de la oposición. Pero ayer se vio de modo patente en dos momentos. El primero fue el grupo de oposición que se agolpó en la esquina de La Pelota, que quería desbordar a su propio grupo armado: la Policía Metropolitana, que les cerraba el paso. Los demás les decían que no, que vámonos, que ya está, y ellos palante y palante como el elefante.
Supongo que fue el mismo grupo que luego liderizó el desvío de la marcha hacia la Autopista Francisco Fajardo hasta base aérea militar de La Carlota. Allí se pudo ver a Ángela Zago, exaltada como todo ex chavista, con la gente de Primero Justicia, alguno que otro de la CTV y no sé quién más, agitando a la gente. Finalmente los jefes militares de La Carlota los recibieron amablemente y no accedieron a lo que por otro lado Elías Santana temía: que estuvieran incitando a los soldados a alzarse en armas, como ya ocurrió el 11 de Abril. Leonardo Pizani denuncia a gente que tienen una agenda de guerra, a quienes hay que enfrentar.
Pero Santana y otros de la Coordinadora Democrática se deslindaron de los radicales de La Carlota. Llamémoslos golpistas y demócratas. Lo malo es que estos demócratas están más cerca de los golpistas que de los demócratas del chavismo.
Tampoco dejaron marchar a Miquilena, el neoopositor.
La falta de tantán
Las marchas del gobierno tienen tantán, como las canciones: un discurso de Chávez. La gente siente que ya se acabó y se va para su casa de lo más satisfecha.
Pero la oposición no tiene eso, porque cada vez que un dirigente de oposición arenga a la multitud, como cinco otros dirigentes se quedan refunfuñando por los rincones. Entonces se ha decidido que no haya discursos, no sea que pase lo que ocurrió el 15 de junio, cuando no hablaron todos los que sentían que tenían derecho a hablar. Cada uno habló uno o dos minutos y al final Orlando Urdaneta (¿dónde estaba ayer?) se sacó de la manga un decreto que nadie sabe quién redactó (¿los mismos del Resplandeciente Decreto de Carmona?). Por eso no hay tantán.
Entonces los marchistas se quedan como capilla sin santo, sin final, sin culminación. Por eso buscaron hacer algo, como irse a La Carlota a tirar una parada, en donde por cierto de nuevo salió un documento que nadie sabe quién redactó y que irritó a los demócratas de la oposición. Santana decía que no era aceptable que los civiles pidiéramos a los militares que nos resolvieran los problemas. Tiene razón.
Hay que saber ganar
Ante todo esto, ¿qué hace el gobierno? En lugar de argumentar, para impedir la llegada a Miraflores, que en la oposición hay grupos de exaltados que no garantizan el carácter respetuoso de la marcha, como en efecto demostraron los desviados, sacaron de la manga un decreto nada menos que de Carlos Andrés Pérez, que prohíbe llegar al palacio presidencial de Miraflores. Un campo de fuerza, como en La guerra de las galaxias. Y luego sale Diosdado Cabello diciendo que fueron 160.000 personas nada más. Las cuentas del Gran Capitán, porque me gustaría verlo aplicando los mismos criterios de metros cuadrados a la manifestación enorme del 29 de junio. Rafael Marín dice que en la Av. Bolívar sólo caben 130.000 personas. En fin. Habrá que crear una empresa auditora de concentraciones y marchas.
Eso nos enseña que no sólo hay que saber perder, también hay que saber ganar. Esta semana el gobierno tuvo dos triunfos porque la oposición se reveló a las claras como lo que es: intransigente e incoherente. Intransigente porque ahora resulta que acusa hasta a Jimmy Carter de chavista sólo porque, ¡horror!, los invitó a dialogar. Incoherente porque ahora no tienen un solo frente sino por lo menos dos. Si es que no se desata en mil grupúsculos. Leonardo Carvajal andaba ya desde hace días en desacuerdo con marchar hasta Miraflores.
Estamos, pues ante una oposición insurreccional y una oposición democrática. Ayer Calixto Ortega decía que había demócratas tanto en el gobierno como en la oposición. Ese es el camino.
Y por último cabe la pregunta: ¿es así como piensa gobernar la oposición si llega a salir de Chávez? ¿Con esa falta de unidad de criterios? ¿Con esa intransigencia que le impide aceptar la mediación de Carter? Con razón pasaron por el papelón del 12 al 13 de abril. Por eso no logran salir de Chávez, porque no saben responder qué es lo que van a hacer con el país, con todos nosotros, si lo logran.