Red Bolivariana, 22 de Diciembre de 2002

¡Renunciar Jamas!

Maritza E. Ramos de Banchs

Al reconocer en la partida de nacimiento de este pueblo, al padre de la Patria, el alma se inunda de júbilo y encuentra en ello, el primer motivo de acción de gracias.

La generosidad de Bolívar, da brillante testimonio creando pueblos y naciones para el disfrute de la libertad y acusa la savia portentosa que nutrió a este pueblo y su peculiar fisonomía.

Tenemos, como pueblo, oculto el volcán del patriotismo, que fabrica los impulsos de lucha para lograr el destino de país que queremos y nos merecemos.

El sentimiento nacional sigue los pasos que vienen del propio corazón y las entrañas del pueblo. Es un movimiento con función creadora, que no se detiene mientras existan corazones que vibren con la libertad y ojos que miren la partida de nacimiento de nuestra Patria.

Por supuesto que la Patria afronta las amarguras de confrontaciones donde se entrecruzan las perfidias de los hombres, la desconfianza, la traición y el odio.Una ola violenta de subversión nos conmueve. Ideas, costumbres, tradiciones, todo aguanta la recia sacudida del vendaval furioso. Individuales e instituciones vacilan y digiérase que una sombra apocalíptica amenaza a Venezuela.

Es en estos momentos históricos, que Venezuela tiene que ser para nosotros lo que fue para Bolívar: " agonía y deber ". ¡ No debemos rendirnos !. Es hora de levantar la convicción moral que nos caracteriza. Levantar nuestra
autoestima en cada ámbito individual, pero con fuerza, para que se extienda en todo el territorio de esta patria bolivariana en una consigna :
" Renunciar jamás ".

Estemos tranquilos, la verdad triunfará con acento de corazón y de deber, donde el sentimiento, la emoción y el ideal se fundirán para combatir con honor. Los sueños de tener una patria bonita, desarrollada, pujante, productiva, con una mejor calidad de vida para todos, no podrán ser trucados por nada, ni por nadie.

Sabremos salir adelante, con amor por nuestra patria,neutralizando la violencia, apoyando la Constitución, sustentando los proyectos de cambio y, sobre todo, con esperanza. No debemos caer en la desesperación. Debemos ser dignos hijos de Bolívar y tener mucha paciencia.

Pensemos en que nada ocurre en el desfile de los tiempos sin que intervenga la mano providente del Señor. El pueblo todo reconoce su mano sabia y paternal; y, ese pueblo ha reconocido a un líder y no se lo dejará arrebatar.

La mayoría escogió y decidió su destino en 1998, lo reconfirmó en el año 2000 y está dispuesta a transitar por senderos de paz y democracia.

No es posible entonces, que una minoría no se haya convencido de que no hay vuelta atrás y que hay un pueblo, que es mayoría, que dice:
¡ Renunciar jamás !.

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