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Sol de Margarita, 26 de Noviembre de 2002
Ortega, otra vez
Lic. Iván E. Gómez L
Otra vez los mismos espantapájaros de la Carmonada están llamando de manera irresponsable a paralizar el país. Se repite así, como una copia al carbón, los sucesos del pasado mes de abril con su piquete golpista. Esta vez tendrá otras connotaciones y será más funesto para nuestro pueblo, porque el tiempo transcurrido y la experiencia adquirida les habrán servido de algún aprendizaje y los notorios avances del proceso revolucionario influyen en que sus fuerzas se tornen más radicales y suicidas.
A las grandes mayorías nacionales no les conviene por ningún respecto que el país se detenga y que las horas sean inútiles para pensar y actuar en función de su recuperación y progreso, sino para lanzarlo al vacío para satisfacer el capricho de una aventura.
¿En nombre de quién Carlos Ortega y Carlos Fernández han tomado esta monstruosa decisión? ¿Son estas las funciones y la misión de la CTV y Fedecámaras? Venezuela ha vivido en épocas anteriores situaciones más críticas que las actuales, ¿porqué en aquellas oportunidades estos organismos asumieron actitudes serviles y complacientes con los gobiernos de turno?
Evidentemente, tras esta despreciable convocatoria no se puede ocultar que sus móviles fundamentales son ajenos a los inocultables problemas de todo orden que hoy conmueven al país, porque constituyen en buena parte una herencia histórica. La razón reside, en nuestro criterio, en el control del poder: los poderosos grupos empresariales, las mafias sindicales, las élites militares y los malandros que hicieron de la politiquería una fuente de enriquecimiento fácil, están siendo desplazados y sustituidos por nuevos actores que se rigen por otros principios, muy diferentes en sustancia y esencia. Si el gobierno revolucionario persiste en esta línea patriótica, saben de antemano que están condenados a la desaparición, a la muerte… Ya esta tragedia la sufrieron los partidos Acción Democrática y Copei: luego de haber sido los máximos directores de la política nacional, los dueños absolutos de la vida venezolana, comenzaron a declinar y en la actualidad sus otrora dirigentes de guardaespaldas, carro y chofer, andan por ahí como almas en pena haciendo un esfuerzo supremo para evitar su entierro definitivo. ¿Qué era antes la CTV? Era, en unos casos, el brazo institucional de Acción Democrática, y en otros, payasos "opositores" a los gobiernos copeyanos. Ahora no es más que un Presidente ilegítimo y desprestigiado que se desespera porque ni siquiera puede cobrar las costas de los contratos colectivos. La acción del gobierno revolucionario develó ante el país que en el sector empresarial hay gato encerrado: mafiosos, contrabandistas, tracaleros, evasores de impuestos, corruptos y corruptores, de allí que les resulte imposible justificar el origen de sus cuantiosas fortunas y la vida de derroche y ostentación que los distingue. En aquellos tiempos, cuando esta degenerada élite civil-patronal-empresarial entraba a Miraflores hallaba un funcionario oficial de segunda forrado en papel tualé, fiel cumplidor de sus acuerdos anti-nacionales. Ahora, ¡notable diferencia! allí está un Presidente que ha asumido con toda seriedad y responsabilidad la conducción del país e invulnerable ante sus provocadoras tentaciones corruptivas. De los militares, ni se diga. Aprovechadores voraces de la ausencia de criterios de gobiernos ignorantes, desconocedores de las tecnologías y los vericuetos que imponen las transnacionales a la hora de negociar armamentos y demás implementos para el sector. Defensores a ultranzas de aquella democracia porque en esas negociaciones se dejaba colar la maldita comisión, que en ese pasado, a fuerza de tanto practicarla por todos los factores de gobierno de manera natural, obtuvo su carta de legitimidad y hasta pretendió imponerse en la vida cotidiana del venezolano con el "cuánto hay pa'eso".
¿Cuántos se estarán mirando en ese espejo? En esta
perspectiva, la solución a este conflicto nunca podrá ser por la vía
electoral, legítima, tal y como lo establece la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, porque, aunque pueda parecer inverosímil, estos
mismos voceros han expresado públicamente que aún está vigente la
Constitución de 1961, que la Constitución actual es inexistente. Además,
están conscientes que, con toda seguridad, resultarán derrotados en una
confrontación electoral. La única alternativa que les queda es el golpe de
estado, a no ser que inventen otra posibilidad más sangrienta y traumática
para el país.
El pueblo organizado y combativo al lado de la fuerza armada nacional y con el
apoyo de un gobierno progresista y firme en la defensa de la constitucionalidad
y del estado de derecho, puede soportar cualquier prueba. El paro y la huelga
fracasarán.
Santa Ana del Norte, 26 de noviembre de 2002.