Radio Perola: 91.5 FM, 3 de Diciembre de 2002

Nuestra casa, todas las voces

Carlos Carles

"Casa es la palabra que designa el lugar donde guardamos nuestros afectos, el lugar cálido donde viven los signos de los presentes y los ausentes, el conjuro contra el peso del mundo cuando andas a golpes de felicidad y angustia lugar de hechizos y refugio de nuestra historia algunos la tienen y otros no. -Así lo reseña el titiritero Rafael León y continúa cuando nos señala con afinada precisión: - Caricuao no es sólo a venidas circulares, donde trazarnos nuestros discretos anhelos y repartimos los afectos guardados en la línea mas larga de nuestras manos, para nosotras y nosotros Caricuao es Nuestra Casa.

Esta ciudadela nos esperaba con sus gigantes de cemento y espacios surcados de calles, éramos los hombres y mujeres de prueba de estas grandes rocas, el barro de su nacimiento, probetas en vientre. Cuando llegamos nos disfrazaron el queso de solución habitacional, un cajón feliz para nuestras almas, pero como habitante de esta Casa, aprendimos la partitura de este espacio y nos enamoramos, hemos viajado en sus noches, como un barco pirata en el mar los Sargazo, surcado de ebrios, ciego de amor. Caricuao como toda casa, es la estación indulgente donde nos apeamos, con el equipaje lleno de voces y aprendemos a mirarnos adentro, a leer nuestros pasos caribeños en este corazón arcilloso e inquebrantable llamado Latinoamérica".

En Latinoamérica, como toda casa llena de gente, lo que no demora en arropamos es la esperanza, que aunque la persigan, la oculten, la silencien, la cubran o le disparen, la esperanza renace empalagosa, renace apasionadamente linda y llena de colorido. Y aquí en Caricuao nuestra casa; la esperanza renace signada por la voluntad y por las ganas de hacer cada hombre, mujer, joven, niña y niño, parte de un mundo lleno de poesía y color, renace acompañada también por la suprema necesidad de comunicarnos entre nosotros (as) y el país... entre nosotros (as) y la vida.

Nuestras ciudades se han convertido en un mundo de agresiones, balas y silencio; perdiéndose cada día uno de nuestros mayores tesoros, la rica cultura del diálogo y la
comunicación que ha caracterizado a nuestros pueblos, las palabras, las imágenes, los sonidos y todas nuestras fuentes de comunicación, cada día se hacen más mercancías o vulgares instrumentos de la manipulación comercial o politiquería y menos un valor que podamos usar y enriquecer para una finalidad distinta del dinero o el dominio.
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El impresionante aumento de los niveles de censura y de opinión, por parte de los medios de comunicación de masas (TV, radios, prensas, redes, etc.), orquestados al unísonos de la política globalizada, que intenta imponerse en las conciencias y en los corazones de todos los hombres y mujeres de nuestra América. En ellos vemos con claridad que lo que se puede o no informar, es cada vez mas estrecho como estrecho es el marco de quienes son llamados a disfrutar del derecho a expresarse libremente dentro de ellos. En definitiva, gracias a lo que han llamado <libertad de expresión> los medios de comunicación de masas se han convertido en los principales instrumentos, no solo en la insensibilización y la apatía colectiva, sino de la imposición de las dictaduras neoliberales.
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Día a día miles las imágenes se introducen en nosotros, imágenes desconocidas de gente rubia, de apetitosos alimentos y bebidas, de excitantes deportes. Nosotros habitantes de esta tierra caribeña, mezclados en gustos y en razas, con nuestra salsa y papagayos, poco o nunca aparecemos en los grandes medios de comunicación a menos que hablen de las <zonas rojas>. Nuestras imágenes son desconocidas para el mundo y lo mas grave es que de tantas imágenes ajenas hay quienes se desconocen en su gran belleza y valor.

Quienes trabajamos por la transformación social de nuestras comunidades debemos capacitarnos para recuperar nuestras imágenes, sonidos, gestos y palabras fuera de la lógica de explotación y dominio.

Como ya hemos hablado de nuestra necesidad de comunicarnos y encontrarnos, de la imposición y restricción de los medios de comunicación y de la esperanza, esa que nuestra casa y en este continente, es tan dulcita como un algodón de azúcar, queremos saborearla, levantarla en alto y poder comunicarnos, para saber lo valioso que somos cuan do logramos unir nuestro esfuerzo creador; comunicarnos para hacer historia, también para escribirla, pintarla, cambiarla y contarla.

En los últimos años hemos asistido a una lenta pero sólida consolidación de los espacios comunicacionales en el ámbito popular, con sus auges y caídas.

El movimiento popular ha recorrido un camino que le ha permitido desarrollar de forma autónoma, espacios para el encuentro, el dialogo de saberes y por supuesto los medios necesarios para comunicarse.

Medios que desde el afiche, los murales, pasando por los periódicos comunitarios, permiten a los sectores populares plantearse ahora, dada la actual conformación del momento político, dar un salto significativo en lo que se refiere a la creación e implementación de un sistema de comunicación público que responda abiertamente a los intereses de los sectores populares; y por ello, en el acto de comunicarnos, no queremos ser medios, queremos ser completos.

Otra reflexión necesaria nos dice que así como la televisión necesita una fuerte inversión para su creación y mantenimiento, y la prensa también requiere un importante esfuerzo de distribución, además de mantener serias dificultades para llegar a tiempo, la radio en principio, precisa de menos recursos, reuniendo ventajas claras desde el punto de vista de la puntualidad.

Entonces nos preguntamos, ¿qué mejor para comunicarnos que una Radio Comunitaria? Y es que a nuestro entender las emisoras comunitarias son hijas de la democracia participativa y de la lucha por la democratización de los medios de comunicación. Son la oportunidad para que las comunidades construyan sus propios espacios de participación, donde todas y todos los que nunca han tenido voz puedan expresarse con su potencia plena.

En tal sentido, nos hemos atrevido a impulsar a Radio Perola 91.5 FM como la emisora libre y comunitaria de Caricuao para crear un camino de encuentro, donde grupos o colectivos de jóvenes y la comunidad en general, desarrollen un espacio que sirva para ir cultivando códigos de nuevos lenguajes, simbologías, modos de expresión, estéticas, que ayuden a liberar el lenguaje, de la formación empobrecedora, que ha sufrido a través de los medios oficiales y comerciales; grupos o colectivos conformado no necesariamente por especialistas, sino por personas dispuestas a participar en un proceso de enseñanza y aprendizaje que entrega a los participantes una vocearía que les permite afianzar su espacio protagónico y de lucha en la comunidad.

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