Top Secret, 2 de Diciembre de 2002

Los Empresarios se Muerden la Cola

Carmen Cecilia Lara

Al inicio de la Revolución Industrial los obreros agotados por la sobreexplotación del trabajo que sufrían al ser obligados a trabajar 16 horas diarias optaron por destruir las maquinas donde trabajaban como una forma de protesta. A medida que fue madurando el movimiento obrero, los trabajadores fueron comprendiendo que la destrucción de sus instrumentos de trabajo iba contra ellos mismos y no solucionaba sus problemas en su origen. Entonces fue cuando decidieron organizarse para luchar contra los patronos a quienes identificaron como los verdaderos responsables de la apropiación de sus beneficios laborales.

En Venezuela existe una clase empresarial tan desorientada como esos trabajadores de hace dos siglos. En el mes de diciembre cuando un millón 300 mil trabajadores de la administración pública han recibido tres meses de aguinaldo, la asociación que agrupa a los empresarios en Venezuela, Fedecámaras, la cuestionada directiva de la asociación de trabajadores CTV y los sectores políticos organizados en la Coordinadora Democrática convocan a un paro nacional cuyo objetivo son tan difusos como aquellas luchas obreras de antaño.

Mientras por un lado se sientan en la Mesa de Diálogo convocada por la Organización de Estados Americanos (OEA) a petición del Gobierno que preside Hugo Chávez Frías, por otro firman pactos con militares disidentes en la Plaza Altamira y desafían al gobierno con una huelga que no saben si su objetivo es pedir la renuncia del Presidente, obligar a la violación de la Constitución Bolivariana de Venezuela para llamar a un referéndum consultivo con carácter revocatorio o propiciar nuevamente un golpe de estado como el 11 de abril.

La clase empresarial de Venezuela actúa como el cura de Marín quien al ser dueño de la única fábrica de velas de la región acusó de comunista ante las autoridades franquistas al presidente del consejo de ese municipio por haber extendido la electricidad a los pueblos aledaños. Así como aquel representante eclesiástico, estos sectores optan por las tinieblas de sus pequeños intereses, desconociendo el carácter modernizador del actual programa del gobierno bolivariano, y van contra ellos mismos al haber convocado por cuarta vez a un paro nacional que, sin haber comenzado, es ya un rotundo fracaso.

Como aquellos trabajadores, estos seudo-empresarios utilizan medidas coercitivas contra ellos mismos. Obligan a los centros comerciales a cerrar, hacen cacerolazos a quienes deciden abrir en el este de la ciudad y hasta las autoridades municipales afectas al paro los amenazan sin pudor. En su afán de autodestrucción y en medio de la oscuridad de sus propósitos, arrastran a los centros educativos y asistenciales a trancar a menoscabo de aquellos sectores de la población que reciben estos servicios y que son los más vulnerables.

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