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Red Bolivariana, 29 de Diciembre de 2002
La injusticia no paga
Manuel C. Martínez M.
Durante toda la vida de las repúblicas venezolanas de los últimos 170 años, su soldadesca ha sido alimentada básicamente con sangre de gente pobre. Siempre ha lucido como un ventajismo de los <<hijitos de papá>> evadir el Servicio Militar Obligatorio, sin que ningún gobierno haya hecho nada por acabar con semejante injusticia, así como en USA todo ciudadano cumple con ese servicio patrio.
El otro día propuse que las madres humildes se abstuvieran de presentar a sus hijos en prefectura alguna, a los efectos de registros públicos, habida cuenta que con ello sólo estaban engrosando la nómina de las reservas castrenses largoplacistas. Efectivamente, al cumplir, digamos, 18 años, el Estado llama a esos hijos de pobres, y sin haberse responsabilizado previamente por su educación, ni haberle constado con cuántas arepas se alimentó, esos hijitos de humildes van a engrosar ineluctablemente los contingentes militares de tropa de cañón. Bien, pero, ahora resulta que ese privilegio, gozado indebidamente por la oligarquía criolla y los estratos semigurgueses empatados en esa injusticia castrense, se les ha devuelto desfavorablemente en esta V república, ya que si hubieran permitido que sus hijos formaran parte masiva del Ejército Nacional, muy probablemente, este glorioso, patriótico, popular y democrático cuerpo castrense no estaría cuadrándose tan radicalmente a favor de la clase humilde de donde provienen. Por lo menos, dicho ejército tendría una distribución militar socialmente más equilibrada. Ese estrato social privilegiado que no cumplió nunca con el S. M. O. sólo contó siempre o con el generalato servil y venal que, como adultos, se han prestado a traicionar la patria y a sus propios orígenes sociales, y disciplinadamente servirle a una oligarquía criolla montada en un régimen de injusticia a social que ahora no les paga.