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Red Bolivariana, 7 de Diciembre del 2002
El Capital, el Fracaso y los Ilusos
Mario Silva García
No hay peor sordo que él que no quiere oír y peor ciego que él que no quiere ver. Ahora son las franquicias a las que han "liberado" de su compromiso golpista y van en búsqueda de sus mayores ingresos que son proporcionados los fines de semana. Esto, sin lugar a dudas, nos muestra la terrible debilidad que corroe a quienes piden, desde la oposición golpista, un sacrificio que es imposible para quienes practican el capitalismo. El capitalista quiere resultados económicos favorables y evitan a toda costa el riesgo de un sacrificio. Para ellos no hay patria sin ingresos y la bandera común que enarbolan sin ningún tipo de vergüenza es el dólar americano. De hecho, a pesar de sus reservas (que son suficientes), les remuerde que unos cuantos "tipejos" de la economía informal, se estén llenado por culpa de un paro que nadie desea.
La Coordinadora Democrática, conjunto de viejos personajes corruptos de la política venezolana y una nueva casta fascista, sueña con regresar a Miraflores a hacer lo que siempre hicieron: Robar y vender al País. Contaron con todos los recursos de una clase poderosa que creció bajo su sombra, más otros recursos importados "gentilmente" por los fascistas seguidores de la doctrina del "Big Stick". Sin embargo, "Business is Business" y si los resultados de un plan golpista no aporta ese ingrediente monetario mediato o inmediato que exige cada inversión, entonces hay la necesidad de desechar el "producto" que no ha generado ganancia. Imagino la desesperación de quienes hicieron el rol de "productos" y, cual condón, están siendo arrugados para botarlos a la papelera y es esto, precisamente, lo peligroso; pues no me extrañaría que cometieran una locura para hacerse propaganda y tratar de situarse en los primeros lugares del "rating" mediático.
Lo cierto es que, una vez más se hace evidente el divorcio de los inversores de un proyecto golpista con quienes son su arma pública de confrontación. Ahora, si es que no inventan otra vía para concretar un golpe de estado, les queda el ala moderada de esa Coordinadora Democrática para, por lo menos, mantener un espacio dentro de la política venezolana que represente a los que tienen el capital y quieren recuperar sus cuotas de poder. La cuestión es que el tiempo pasa, la revolución se consolida y ellos pierden credibilidad. Esto es algo muy difícil de recuperar. Ni siquiera los medios de comunicación se salvan de este proceso auto destructivo. Como dijo la esposa de Otto Neustald, mi amiga Gladys, en el foro famoso que fue dictado en la Universidad Bicentenaria de Aragua: "Después que has pasado la línea ¿Cómo haces para regresar? ¿Con qué cara te enfrentas a los televidentes?...". Ciertamente ¿Qué podría hacer un Ravell, un Cisneros, un Camero, un Granier para recuperar ese poder que los convertía en traficantes de una verdad muy particular? El capital está allí, íntegro, pero las pérdidas morales (su moral prefabricada) son enormes y su credibilidad se desvanece frente a un pueblo que ha abierto los ojos e intuye quien es realmente su enemigo.
Parafraseando al actorcito de segunda, Orlando Urdaneta, ¿Dónde se van a meter los capitanes, tenientes, subtenientes, sargentos y soldados que se pronunciaron y se encuentran en la Plaza Altamira? Los generalotes y, quizás algunos coroneles, ya obtuvieron su pensión vitalicia y esto condicionado a seguir apoyando cualquier idea golpista. Pero no hay una extensión de esa nómina a los subalternos que arruinaron su carrera militar bajo la promesa de ser los próximos generales de una "nueva democracia".
El capital es terriblemente lógico y no cree en sentimientos o lealtades. El capital cree en resultados positivos porcentuales que llegan a ser mal repartidos entre los testaferros y le importa un comino si se arruinaron vidas políticas, militares o de cualquier pendejo que se montó en una tarima a hablar mal de Hugo Chávez por convicción. A fin de cuentas, Mc Donalds va a seguir vendiendo hamburguesas, Arturo`s va a seguir jodiendo a más de uno con sus pollos, la Pepsi Cola y la Coca Cola va a volver a vender su agua endulzada con soda y el Sambil va a seguir cobrando sus alquileres, mientras estos personajes serán despreciados por su estupidez. Justa respuesta a quienes creen en las bondades del capital.