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El Mundo, 22 de Agosto de 2002
Vacío de criterio
Vladimir Villegas
Quienes formamos parte de la Asamblea Nacional Constituyente nos empeñamos en crear las condiciones para la formación de un nuevo Poder Judicial, no sólo independiente sino además probo y, sobre todo, equilibrado en sus decisiones, apegado a la verdad y al principio de equidad. No es una mera formalidad que en el preámbulo de nuestra Carga Magna se destaque como uno de sus valores básicos la existencia en Venezuela de un Estado de Derecho y de Justicia.
Ese postulado, es cierto, está muy lejos de hacerse realidad, y así lo confirman decisiones como la adoptada por el Tribunal Supremo de Justicia con respecto a si se produjo o no un golpe de Estado el pasado 11 de abril. Y por cosas del destino, los mismos personajes que monopolizaron la conducción del proceso que llevó a la selección del actual Tribunal Supremo se movieron tras bastidores para dar sus "toquecitos" nada institucionales con miras a influir en el resultado final de la sentencia. Antes, ciertamente, estaban en el Gobierno, y ahora en la oposición. Pero la práctica sigue siendo la misma, y todo con el fin de adecuar las decisiones de carácter jurídico a conveniencias políticas.
El tiempo, al parecer, amo de la verdad, se está encargando de mostrar en cuerpo entero la real condición humana, si cabe este último término, de unos cuantos personajes que tanto ayer como hoy calcaron al carbón viejas prácticas.
Ya los hilos de todo lo ocurrido están a punto de ser totalmente descubiertos, al igual que los vasos comunicantes entre golpistas, protagonistas del viejo modelo político y algunas nuevas adquisiciones de la variopinta oposición existente en Venezuela. La lectura de una entrevista realizada al ex magistrado Carlos Escarrá, en un matutino de circulación nacional, en la cual hay numerosos conceptos que no comparto, permite que nos refresquemos la memoria con respecto a lo que estoy afirmando y a los responsables y protagonistas directos del parto del nuevo Tribunal Supremo de Justicia.
Pero bueno, eso queda para el balance, y sirve de experiencia para todos quienes hemos creído en la necesidad de un cambio verdadero en nuestro país, sobre todo en el ámbito del Poder Judicial.
Lo importante es destacar que hasta las más renombradas organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales han cuestionado el contenido de esta sentencia, y que por más vueltas que se intente dar a la misma, no sólo salta a la vista su contenido político, sospecha que quizá ronde sobre cualquier sentencia de ese calibre, sino su deliberada intención de dejar de lado la consideración de un conjunto de factores que condujeron al felizmente efímero zarpazo fascistoide del 11 de abril.
Hoy el Tribunal Supremo está cuestionado, y no precisamente por su falta de independencia al Gobierno sino por su falta de apego a lo que los abogados llaman la verdad procesal y a la verdad verdadera.
Por eso tienen total pertinencia las iniciativas que tiendan a consultar a los ciudadanos sobre el papel cumplido por la mayoría del TSJ, y a denunciar ante el mundo lo que ha ocurrido. Ello no implica ningún hecho que pueda ser catalogado como presión al más alto tribunal. Se trata simplemente del ejercicio de un derecho democrático consagrado en la Carta Magna de 1999, como lo es el de consultar a la ciudadanía sobre temas de sumo interés nacional ¿O es que acaso, al santificar la acción de los golpistas ha quedado conculcado el sacrosanto derecho al pataleo? Son totalmente adecuadas las palabras de Nicolás Maduro cuando califica el fallo como "un bochorno y una acción antijurídica" y que ésta, con su justificación del concepto de vacío de poder, puede contribuir a reeditar la época de los regímenes dictatoriales.
Con la sentencia que acoge la tesis del vacío de poder, la mayoría de los magistrados pareciera estar abriendo caminos a una nueva posibilidad, la de establecer la ilegitimidad de un tribunal como consecuencia de un vacío de criterio, atribuible, entre otras cosas, como diría el canciller Roy Chaderton, al realismo mágico. Pura fantasía garcíamarquiana.