Panorama, 27 de Agosto de 2002

Dos años de la joven Revolución Bolivariana

Guillermo García Ponce

Con una gigantesca marcha desde Petare hasta el Palacio Legislativo, la joven revolución bolivariana conmemoró los dos años del gobierno del presidente Hugo Chávez Frías y protestó a once magistrados del Tribunal Supremo de Justicia cuya decisión cubrió de impunidad a los generales golpistas del 11 de abril.

En el camino recorrido por la joven revolución bolivariana pueden anotarse errores. Ningún proceso de cambios sociales y políticos está libre de equivocaciones. El hecho de nacer en las entrañas de una vieja sociedad significa inevitablemente heredar también muchos de sus vicios y defectos. En el breve tiempo de 1998 hasta el 2002, el nuevo poder popular no podía cristalizar exclusivamente virtudes y victorias, sobre todo si se toma en cuenta las condiciones históricas nacionales e internacionales que sirven de marco a su nacimiento y aprendizaje. Más aún si el proceso sufrió los daños ocasionados por el contrabando ideológico del “gobierno paralelo” de Luis Miquilena.

Sin embargo, nadie pone en duda, salvo la torcida oposición extremista, los éxitos alcanzados en educación, vivienda y salud para no mencionar sino aspectos puntuales de la obra de gobierno. Yo agregaría como lo más destacado haber constituido un gobierno nacional y patriótico guiado por primera vez en nuestra historia por el proyecto de construir un país avanzado, independiente y democrático inspirado en las ideas y el ejemplo de Bolívar, bien lejos de la concepción partidista a favor de minorías privilegiadas característica de décadas del pasado.

Sin duda queda mucho por andar. Los implacables enemigos del proceso revolucionario no han renunciado a sus propósitos de abolir el poder popular y regresar al dominio de la vieja política. Estamos obligados a mantener la más activa vigilancia con el objeto de resguardar la paz de la República y la institucionalidad democrática.

También queda mucho por hacer para cumplir los postulados de la Revolución Bolivariana a fin de elevar la calidad de vida de los venezolanos. Una herencia de pobreza extrema y las graves consecuencias de la depresión económica han generado precarias condiciones para millones de hombres y mujeres del pueblo. El desempleo está desatado como una fiera depredadora.

Será necesario un gran esfuerzo de unidad, organización y conciencia para superar las dificultades, vencer y consolidar la Revolución Bolivariana. Es indispensable fortalecer la dirección política, bajo la conducción del Presidente Chávez, para hacer del movimiento revolucionario un verdadero ejemplo de disciplina, abnegación y respuesta. Debemos reforzar la unión del pueblo y la Fuerza Armada como el factor estratégico fundamental. Es urgente reconquistar a Pdvsa a favor de los intereses nacionales. No debe retardarse por más tiempo una revisión de la política de cuadros a fin de afirmarla en la excelencia, efectividad y lealtad ideológica.

La profunda penetración de la “quinta columna” en ministerios, gobernaciones y alcaldía es un serio obstáculo para la obra de gobierno y un elemento de desmoralización. Los círculos bolivarianos deben convertirse en la base de un sistema nacional de movilización y organización del pueblo hacia la construcción un gran partido unificador de la revolución. La lucha es prolongada y falta mucho por hacer.

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