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El Nacional, 6 de Agosto de 2002
Mi premio bolivariano
Earle Herrera
Este año obtuve el Premio Nacional de Periodismo, mención Docencia e Investigación, y se armó el zafarrancho. Nunca he incurrido en el desmérito de escribir sobre mis méritos, si es que tengo alguno. Sin embargo, el alboroto del vecindario me llamó la atención. Congestionado de temas complejos y sin hallar cuál escoger, opté por ocuparme del berrinche de allá afuera y dejar de lado -estamos en agosto- Puente Llaguno, Plaza Francia, los círculos y la coordinadora.
Guardo en mi archivo un telegrama del ex presidente Luis Herrera Campíns, enviado cuando hace algunos años recibí el mismo Premio Nacional pero en la mención de Opinión. El escrito decía: "Lo felicito por su premio aunque no estoy de acuerdo con casi nada de lo que usted escribe". Palabras más, palabras menos. Cada vez que hurgo en mis viejas carpetas y lo tropiezo, sonrío como la primera vez. Siempre he admirado las salidas intelectuales del doctor Herrera, aunque no las políticas, ni hablar de las económicas y aquel viernes. Una por una.
Ahora ocurre, según dardos de prensa, intriguillas
entrelíneas, inéditas envidias y espasmos televisivos matutinos, que este año
obtuve el galardón por mi condición de chavista duro (hasta la víspera me
consideraban light). Si es así, sería bueno saber por qué ese premio lo
obtuvieron, bajo el Gobierno de Hugo Chávez, en 1999, Milagros Socorro (cien
veces merecido), María Isabel Párraga (Unión Radio), el equipo de
Globovisión, El Universal (edición gráfica), Oswaldo Yepes, revista Exceso,
Elides Rojas (El Universal), revista Primicia, Marta Colomina y Carlos
Fernándes, entre otros.
Bajo el mismo gobierno, en el 2000, fueron galardonados el equipo de Unión
Radio; David Pérez Hansen (RCTV), Raúl Escarrá (Venevisión), Milderd Pérez
(El Universal), El Nacional, con menciones para Promar TV y el Equipo
Informativo de Globovisión. En el 2001, el equipo del Noticiero RCR, Laura
Castellanos (El Observador, RCTV), equipo de periodistas de Venevisión; Eduardo
Orozco (Tal Cual), Manuel Felipe Sierra (Primicia, El Nacional).
Por supuesto, citar estos nombres no blanquea mi premio ni le quita la trampa, pero me permite la malcriadez de preguntar: ¿si estos colegas se lo merecen, por qué no yo? Si en lugar de nacer en El Tigrito, yo tuviera por cuna, digamos, Argentina, les diría que la investigación premiada por el jurado venezolano fue la misma tesis doctoral que un mes después defendí en España ante un jurado integrado por catedráticos de las universidades de La Laguna, La Coruña y la Complutense de Madrid (hasta donde sé, ninguno bolivariano). Por unanimidad, se le otorgó a dicha tesis la máxima calificación de sobresaliente mención Cum Laude.
Sigamos con este dulce ataque de pedantería antes de que la timidez y modestia que tanto me joden desde niño vuelvan a estropearme el momento. Es la tercera vez que obtengo el Premio Nacional de Periodismo. De los 19 galardones (nacionales o municipales) que he recibido por mis otros tantos libros en el campo literario o periodístico, 18 los gané (o me los concedieron) durante los tiempos de la Cuarta República, con jurados designado por la Cuarta. Por primera vez se me distingue con un premiecito bajo este Gobierno -lo que me parece muy mezquino, vamos- y se ha armado tremendo peo en la parroquia de los medios y las letras. ¿Qué puedo hacer? ¿No escribo mientras Chávez mande? Este Premio Nacional me gusta. ¿saben por qué? Porque sobrevivió al zarpazo fascista del 11 de abril. Si el golpe gorila triunfa, ni siquiera hubiera habido chance para la atormentada envidia literaria, que es, a fin de cuentas, inocua.