RNV, 7 de Diciembre de 2003

"Un consorcio temible"

Clodovaldo Hernández

¿Por qué se alarma alguna gente cuando le dicen que de la línea de producción de un consorcio formado por Acción Democrática y Copei han salido cantidades industriales de trampa?

"Si se unieran la Ford y la General Motors, ¿qué cabría esperar? Carros, claro. ¿Y si se fusionara Polar y Regional? Cerveza, desde luego. Entonces, ¿por qué se alarma alguna gente cuando le dicen que de la línea de producción de un consorcio formado por Acción Democrática y Copei han salido cantidades industriales de trampa?".

Con esta charada rezumante de ácido ha reaparecido mi amigo el ex comunista, luego de una convalecencia propia de su ancianidad, valga decir, achaques.

Asegura que cada vez que llegaban los tiempos electorales de la Cuarta República, los dos principales partidos que ahora forman la Coordinadora Democrática se transformaban en formidables factorías del fraude. Con una eficiencia digna de mejores causas, copaban todos los puntos de la línea de ensamblaje de la voluntad popular: desde la más remota mesa de votación en Casigua El Cubo o Macuro, hasta las alturas del Consejo Electoral, que por entonces tenía la desfachatez de hacerse llamar supremo.

Rememora que el liderazgo en esa rama industrial lo tenían, sin duda, los adecos y que los copeyanos, como en tantas otras cosas, se limitaban a tratar de copiar la fórmula. Tal era la vocación industrial de los adecos que cuando no había elecciones presidenciales, ni regionales ni municipales, se entrenaban y divertían robándose votos entre ellos mismos. "Esa es la explicación de que Alfaro haya llegado a ser el hombre fuerte de AD durante tantos años sin haber expresado jamás una idea propia. Después de todo, era el que manejaba la fábrica, el gerente de producción".

El ex comunista dice entender que la gente es olvidadiza, pero acota que no estamos hablando de los tiempos de Gómez o de Guzmán Blanco. "Esta gente estuvo manufacturando sus tracalerías hasta hace nada y, por lo visto, están preparando el relanzamiento".

Sostiene que en matemáticas políticas, el todo suele ser mayor que la suma de las partes, de modo que si los partidos blanco y verde por separado eran temibles depredadores de votos, juntos son capaces de cualquier cosa.

Condenado por orden médica a una Navidad sin whisky, el ex comunista se desquita repartiendo leña a la variopinta oposición. Subraya que además de olvidadizos, hay por allí unos cuantos machos cabríos que en su oportunidad sufrieron los rigores de la maquinaria desfalcadora de votos y ahora forman parte del combo coordinador. "Pongamos como ejemplo a Andrés Velásquez, a quien adecos y copeyanos del Estado Bolívar le quitaban tantos votos que solía quedar debiendo para la próxima elección. No hubo victoria que no intentaran escamotearle: lo despojaron del sindicato siderúrgico cuando era un simple electricista; le quitaron un escaño en el Congreso cuando se lanzó con La Causa R; le quisieron robar dos veces la gobernación y, según dice la leyenda, hasta le birlaron las elecciones presidenciales de 1993 para dárselas a Caldera. ¡Dios mío, lo único que faltó fue que lo preñaran!"

Como guinda del postre, acota el ex comunista, la alianza estratégica que ha hecho su redebut entre firmazos y reafirmazos tiene ahora el apoyo de la meritocracia de Súmate, que ha refinado las burdas técnicas adecopeyanas de control del sufragio. Así pues, el vulgar "acta mata voto" sale de la línea de producción con la perfección de un auto Ford-GM, la simpatía del Oso, las curvas de la Catira y la coquetería digital de una laptop.

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