Red Bolivariana, 26 de Noviembre de 2003

Representatividad pública y R. privada

Manuel C. Martínez M.

Fragmento del artículo 6 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela:

<<El gobierno de la República Bolivariana…es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables>>.

Una veraz lectura de ese texto nos dice que tanto los funcionarios públicos, así como los factores políticos que controlen coyunturalmente el poder partidista, encargados de preseleccionar la burocracia venezolana, deben respetar la alternancia, el pluralismo y la democracia participativa. Si entendemos bien esta disposición, caemos en cuenta que así como los gobernantes electos son revocables en pleno el ejercicio de su mandato, la gerencia política de los partidos, conocida con el despectivo de <<cogollos>>, deben entrar por ese mismo aro.

Ocurrió que en la Venezuela anterior este postulado jurídico y constitucional brilló por su ausencia en el sector oficialista y en el cívico partidista. Gobernantes y caciques modernos se convirtieron en figuras intocables hasta por sus propios seguidores. Se dio un perfecto divorcio entre gobierno y pueblo, y entre cogollos y sus respectivos afiliados políticos. Este régimen fue emulado hasta por las organizaciones políticas de mejor naturaleza democrática: los partidos de izquierda.

Una vez entronizado un mandatario cualquiera, sucia o limpiamente elegido Diputado, Magistrado o Presidente, de allí no lo tumbaba nadie so pena de incurrir en rebeldía pagadera con muerte, prisión, ignorancia, exclusión o vitalicia represión. Y una vez alcanzados los cargos gerenciales directivos en los partidos políticos, secretarios, presidentes y adláteres ejercían un poder omnímodo y ubicuo dentro de cerradas cápsulas de carácter crónico y hereditario. Ahí están todavía, por ejemplo, los <<gausineros>>: sus descendientes siguen privilegiados por el partido que los creó a raíz de la caída de Pérez Jiménez.

En los actuales momentos, cuando el soberano está empezando a ejercer parte de las disposiciones de aquel artículo 6, los resabios y actitudes inerciales siguen respondiendo a la cultura prebolivariana y puntofijista. Estamos hablando de los recientes desaguisados informativos emprendidos por el canal televisivo del Estado, con el reprotagonismo de la tribuna puntofijista.

Esta actitud, aparentemente respetuosa de dicho artículo, revela que la incipiente Venezuela Participativa que comienza a consolidadarse con las demostraciones cívicas de la reciente jornada recolectora de firmas, no escapa aún de la perniciosa y viciosa tendencia, subyacente y hasta psicópata, al mantenimiento de mera representatividad de otrora.

En tal sentido, las declaraciones del Viceministro José Vicente Rangel, acerca del presente salto cualitativo en materia de participación ciudadana, no se corresponden con la continuidad y presencia pública del mismo viejo y desahuciado liderazgo venezolano. Y esto es válido no sólo para quienes estamos resteados con estos ensayos revolucionarios, sino con aquellos venezolanos que habiendo sido adecos furibundos, o copeyanos santificados por el Papa, tampoco tuvieron acceso ni participación alguna en las decisiones que dichos cogollos y gobernantes suyos solían tomar a sus espaldas.

Desde esta tribunas solicitamos una revisión y perfeccionamiento de los mandatos constitucionales previstos en esta materia, para que nuevos rostros, nuevas ideas, nuevos estilos y nueva sangre política ocupe los escenarios públicos burocráticos y civiles, a fin de que se garantice la mayor suma de participación ciudadana, además de la mayor suma de felicidad posible.

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