Red Bolivariana, 25 de Noviembre de 2003

Golpistas intelectuales y manuales

Manuel C. Martínez M.

La IV República venezolana y su desafortunada política puntofijista es sólo un pasado; de ella quedan sólo los rezagos y vestigios propios de una experiencia aplicada durante décadas.
En la Venezuela bolivariana ya no hay cabida para medias tintas, ni para posturas de notoria ambivalencia. O se está francamente con este proceso de cambios en la distribución de la riqueza petrolera (no de la propiedad privada que constitucionalmente se respeta y conserva incólumemente), o se sigue aferrado a la obsoleta república anterior.

La decantación de la diatriba política que coyunturalmente se ha dado durante la reciente semana en el país, con motivo de las actividades revocatorias, se presume efímera e insincera. Los políticos que se educaron en las escuelas del ventajismo, del espuelismo, del privilegialismo y exclusivismo, es decir, en la universidad del individualismo exacerbado, cónsono con un régimen socioeconómico que dio prioridad al billete frente a las relaciones humanas, es una gente falsaria que no maneja otro lenguaje que el del guabineo, el <<diplomático>>, y quienes, ante merecidos cuestionamientos, suelen salirse por la tangente, todo esto envuelto en el más ridículo tupé.

Este preámbulo nos conduce a deslindar entre los golpistas de hecho, o conspiradores manuales, es decir, aquellos militares exiliados y fugitivos, los enjuiciados castrenses y civiles que no se pone aún a derecho, agentes de la policía municipal, los principales factores de Fedecámaras y la CTV, así como los líderes políticos que se hicieron avalistas y cogolpistas presenciales del Golpe de abril/2002, diferenciar entre esos golpistas manuales, digo, y los conspiradores o golpistas intelectuales. Entre estos están precisamente aquellos líderes y ex funcionarios gubernamentales de notoria figuración política durante la IV república, quienes actuaron tras bastidores, que se dedicaron a fijar sus abiertas posiciones antibolivarianas de viva voz, por escrito, en textos, periódico, Internet y afines, y a coadyuvar con esa conspiración prevalidos de los medios de información, de sus cargos políticos de oposición, con destacamento de aquellos miembros de la <<intelectualidad>> venezolana que con su literatura antichavista pusieron su grano o granito de arena en toda esa locura conspirativa que caracteriza los vestigios y reminiscencias de la IV República. Amén de los financistas nacionales e internacionales y representantes diplomáticos extranjeros quienes obviamente nunca aparecen retratándose en grupo.

Esos personajes a quienes hoy vemos desfilando por las cámaras del canal del Estado pertenecen precisamente al grupo de conspiradores intelectuales, y por eso vemos como un peligroso error esa mezcolanza mediática con una gente que solo busca salir a flote en el naufragio que definitivamente nos fuerza a monoubicarnos dentro del marco de la bolivarianidad, sin nexo alguno con ese pasado que sólo quedará escrito con las tintas de la Historia venezolana. La nueva oposición democrática surge y surgirá dentro del propio seno de la tribuna de la V República, pero sin residuos contaminantes del pasado.

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