Últimas Noticias, 23 de Noviembre de 2003

Fascismo en la red (No permitas que vuelvan)

Mariadela Linares

Cada día que pasa cuesta más digerir lo agrias que se han vuelto nuestras diferencias y la porquería que esta hecatombe nacional ha provocado que salga a la superficie.

No creo que haya estudioso alguno que pudiera prever que la condición humana en colectivo pudiera sufrir tan drásticos cambios.Mevoy a referir hoy a un escrito que está en internet, en el archivo de una página cuya dirección es www.VenezuelaNet.org y que se titula Sobre la gente de los ranchos. No voy a mencionar aquí el nombre del autor porque no creo que merezca el personaje publicidad alguna, ni siquiera de la mala, pero sí citaré algunas perlas de un documento cuyo contenido se expresa por sí solo.

“¿Qué hacían todos esos analfabestias durante la época de bonanza de más de 40 años de democracia? Beber caña, acostarse con alguien distinto todas las semanas, traer más bastardos al mundo, tener varios hijos con diferentes padres y/o traficar para mantener a la zagaletona que los trajo al mundo”, comienza diciendo el artículo, si es que se le puede llamar así.

Más adelante el autor afirma que con Pérez Jiménez “se acabaron los ranchos. De allí nació la urbanización que luego se bautizó con el nombre de 23 de Enero. ¿Por qué aparecieron los ranchos de nuevo?” -se pregunta furiosamente este señor.

“Porque ellos mismos metían a uno o dos cochinos a vivir en la bañera. Ellos arrancaban la poceta del baño y la tiraban por el balcón, preferían usar un hueco como letrina. Muchos hacían sus defecaciones en papel periódico y las lanzaban por las ventanas. Querían vivir como en su conuco, pero dentro de un apartamento”.

El análisis “socio-económico” que el autor de este panfleto hace sobre los orígenes de la marginalidad en Venezuela y su estrecha relación con el surgimiento del castro-chavismo que le tiene fundido el cerebro a muchagente, incluye consideraciones políticas tales como que la pobreza ha sido propiciada por la izquierda nacional “para conseguir que se justifiquen los cambios que se necesitan para convertir un país lleno de bonanza y felicidad, en un país totalitario donde todo el mundo es esclavo del gobierno”.

El documento no deja lugar a dudas, no sólo sobre la condición de prostitutas, drogadictos, traficantes, ladrones, y un sinfín de calificativos más que, según él, caracteriza a “la gente de los ranchos” sino que también habla de su carácter de malagradecidos porque al fin y al cabo ellos siempre han sido bendecidos por la oportunidad que les dimos nosotros, los bondadosos, preparados y cultos miembros de la clase media, de ser nuestros cachifos, choferes, bedeles, enfermeras y muchas cosas más. ¡Y miren cómo nos pagan!

La cosa esa a la que me estoy refiriendo, a la que no he debido siquiera llamar escrito para no ofender a las letras, afirma que “la ignorancia dominante” -¿lo dirá con conocimiento de causa?- “la pobreza y la marginalidad son el perfecto caldo de cultivo para crear suficiente odio, resentimiento, ambición desmedida y desproporcionada, credulidad, fatuidad y violencia como para garantizar el estallido social”.

Bueno, gente, no te dejes degradar más, sal hoy de tu rancho y ve a firmar para terminar de sacarlos de una buena vez. No permitas que vuelvan.

Periodista /MSc en Ciencia Política

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