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Diario Vea, 25 de Noviembre de 2003
Así se fraguó el plan terrorista contra las sedes diplomáticas
Héctor Sepúlveda
Toda trampa sale. Ya fueron esclarecidos los atentados a la Embajada de España y al Consulado de Colombia, ocurridos en la noche del 24 de febrero del presente año y ya todo el mundo sabe que los implicados son el general Felipe Rodríguez, de la Guardia Nacional y los tenientes José Antonio Colina y Hernán Valera, hoy prófugos de la justicia. La juez Deyanira Nieves ordenó la detención de estos ciudadanos, una vez finalizadas las primeras investigaciones.
Todo el complot para hacer estallar las bombas en los edificios de las sedes diplomáticas nombradas, se elaboró en la famosa Plaza Altamira, bastión escogido por los militares disidentes para torpedear al gobierno del presidente Chávez. Ahora, con los hechos ya consumados y aclarados, observamos que los comentaristas "payasos" de Globovisión se rieron al señalar que el presidente Chávez, al día siguiente de las explosiones, había dicho que el gobierno tenía ya hasta las fotos de sus autores. El tiempo le dio la razón al Primer Mandatario.
Reuniones en la Plaza y en el hotel
De acuerdo a los acontecimientos, los preparativos para los atentados se iniciaron antes del 20 de ese mes de febrero, en reuniones diarias en la propia plaza y en el lobby del hotel Four Seasons, ubicado en la avenida Don Bosco, al frente de la plaza.
En este caso de las bombas no son todos los que están, ni están todos los que son. Hay mucha gente al tanto de los acontecimientos previos a la colocación de las bombas, que si bien no tuvieron una actuación relevante, hicieron diligencias. Por ejemplo, un coronel de apellido Semprún, quien tuvo en sus manos una caja marrón, cerrada con tirro, al encontrarse con el general Giusseppe Pilieri le manifestó "aquí está el paquete." Por cierto dicho paquete tenía el rótulo de "Germany" y nada bueno podía tener en su interior.
El día 21, el general Felipe Rodríguez estuvo hablando en la plaza con un señor de nombre Rafael, al que le solicitaba urgentemente los panfletos. Dicho señor además hacía los afiches de los generales, los trípticos de desobediencia y de la zona liberada.
Las sospechas de Mérida Ortiz
A todas estas, Silvio Daniel Mérida Ortiz, encargado del sonido en la Plaza Altamira y en cierto modo integrante del cuerpo de vigilancia, estaba metido en el complot sin saberlo, en virtud de sus cargos, los cuales lo obligaban a estar en permanente contacto con el general Felipe Rodríguez. Todos los movimientos de los complotados eran tan evidentes, que el joven Mérida Ortiz, empezó a sospechar la preparación de algo grande y extraño, sin estar mezclado para nada. Más bien en muchas ocasiones lo alejaban enviándolo a comprar café o a otras diligencias dentro o fuera de la plaza, a fin de no enterarlo de cuanto se "cocinaba". Los testimonios de Silvio Daniel fueron determinantes para esclarecer el complot.
En el hotel Four Seasons era la cosa
El domingo 23 de febrero el general Felipe Rodríguez llamó a un señor de nombre Micewiski, reuniéndose con él en el hotel Four Seasons, donde también se hallaba el coronel Pilieri. Lo importante de esta reunión se relaciona con la labor que sería encomendada a los tenientes Colina y Varela. El señor Micewiski antes de retirarse preguntó al general Rodríguez que como iba a ser la operación. No se preocupe le contestó, pues Varela viajará a España y Colina para Colombia. Ahí lo dijo todo.
Los preparativos finales
Se acercaba la hora cero. Ya era lunes 24 y el general Rodríguez estaba en la plaza como un clavel. Conversaba animadamente con el teniente Colina, quien "viajaría" a Colombia. Cerca de ellos se hallaba el señor Rafael, el de los panfletos, quien advirtió que en el toldo de los oficiales (VIP) había seis bolsos marrones vacíos, tipo escolar. Estos bolsos jugarían un papel preponderante, pues serian utilizados en el traslado de las bombas y de los panfletos.
Alerta general en la plaza
Todos los personajes estaban listos, a eso de las 9 de la noche, para acometer la empresa. El General reunió a todos los vigilantes de la plaza, más de 20 y les ordenó colocarse en alerta en los cuatro puntos cardinales, señalando que iban a ser atacados. Al parecer era una medida de distracción y logró su objetivo. Todas las policías llegaron a los pocos minutos: la Metropolitana, la de Chacao y la de Baruta. Mientras tanto desde las puertas del hotel Four Seasons, arrancaba una pequeña, pero bien armada caravana compuesta por una camioneta estilo Toyota, con cauchos altos, 4 motos tipo Harley Davidson, de diferentes colores y el carro del señor Rafael (el de los panfletos).
Rumbo a los dos objetivos
Tras breves preparativos la caravana partió rumbo a sus objetivos, dejando la Plaza Altamira defendida con escuadrones de tres policias y el resto del este de la ciudad indefenso. De esa manera se facilitaba la activación de las bombas. Para cada edificación estaban dispuestos paquetes con dos barras explosivas cada uno. Sobre cada paquete iban 500 panfletos, los cuales serían esparcidos por la explosión. Tanto Colina como Varela harían estallar las bombas mediante celulares Motorola, Talk about de Telcel.
Cumpliendo órdenes del general Felipe Rodríguez, motorizados de la Plaza Altamira debían acercarse a los sitios siniestrados para recoger un planfleto. A uno de los sitios llegaron tarde y no pudieron obtenerlo de esa explosión. Ya la Disip se les había anticipado bloqueando el lugar.
Alguien conociendo el resultado de esta acción militar,
comentó: Menos mal que generales como éstos, no dirigieron las batallas de
nuestra independencia.
Todavía seríamos esclavos.